Los límites del comercio internacional
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Kike Vázquez

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Los límites del comercio internacional

La solución elegida por numerosos países para salir de la crisis puede defraudar. Hay indicios de un declive estructural en el comercio internacional

placeholder Foto: Imagen de un buque de carga con destino a China. (EFE)
Imagen de un buque de carga con destino a China. (EFE)

Es la solución elegida. La receta escogida por multitud de países para salir de la crisis pero, ¿tienen límite las exportaciones? Ya sabíamos que no todos los países pueden obtener una contribución neta positiva del sector exterior (lo que uno exporta otro tiene que importarlo), además ahora los últimos datos y los últimos informes al respecto plantean una nueva incógnita: ¿ha tocado techo el comercio internacional? De ser así no solo estaríamos ante una nueva variable que frene nuestro desarrollo, además endurecerá aún más la ya intensa competencia.

Existen principalmente dos indicadores para valorar esta cuestión. Por una parte podemos analizar simplemente el valor de las exportaciones de todos los países del mundo en su conjunto, ya que, como hemos visto, lo que uno exporta otro tiene que importarlo (salvo que hablemos de las estadísticas chinas, en donde todo es posible).Si aumentan las exportaciones a nivel mundial querrá decir que nuestro planeta es más abierto, comercialmente hablando, y por tanto que nos beneficiamos de sus efectos positivos.

Desde ese punto de vista el mundo es hoy más abierto que nunca, puesto que se exporta más en términos absolutos que en cualquier otro momento de la historia. Es una forma de verlo, pero existen otras. Por ejemplo valorar los intercambios comerciales en relación al PIB, lo que los anglosajones denominan trade-to-GDP. Si esta ratio aumenta quiere decir que el comercio crece en una proporción mayor a nuestra producción, y viceversa, de forma que conocemos si el comercio es más o menos importante en nuestras economías y si este crece por inercia o porque realmente estamos mejorando.

Existen factores lo suficientemente importantes como para valorar un debate otrora impensable como son los límites del comercio internacional

Así analizados, los datos no son tan alentadores ya que, tras seis décadas de vigoroso crecimiento, en los últimos años la ratio se ha frenado. No sería algo remarcable si no fuese porque, centrándonos en el período post-crisis actual, vemos que no solo se desacelera sino que el PIB está creciendo en una proporción similar o superior al comercio internacional. Las empresas quieren exportar, los políticos quieren que las empresas exporten, los ciudadanos quieren vivir en países en donde se exporta… pero comerciamos menos en relación a lo que se produce que antes.

Queremos pero no lo hacemos, ¿será por culpa de factores puntuales derivados de la débil demanda interna de multitud de países, o estamos ante el principio de una nueva era? O en otras palabras más económicas, ¿estamos ante algo coyuntural o estructural? Respuesta corta, nadie lo sabe. Respuesta larga, se ha publicado recientemente un libro electrónico editado por VoxEu.org en colaboración con el CEPR llamado “The Global Trade Slowdown: A New Normal?”, en donde numerosos expertos dan su opinión sobre esta cuestión.

Según la mayor parte de los expertos que pueden leerse en el mentado libro electrónico, la debilidad en las economías tras el shock de la Gran Recesión es uno de los motivos que explican lo que vemos, pero no el único. Existen otros factores, como son por ejemplo el auge de China y su modelo económico, que solo ocurren una vez en la vida y que parecen haberse confabulado para provocar un declive comercial en el mundo en este preciso momento. Vamos, que creer que tras unos años de estancamiento todo volverá a ser como antes puede ser un profundo error, aunque sea una visión justificable.

Para entender por qué el comercio puede frenarse, primero debemos entender por qué ha crecido de manera tan espectacular en los últimos 60 años. Así podremos valorar hasta qué punto esas tendencias siguen vivas o se han estancado. La variable más importante son los profundos cambios políticos que se han dado en el mundo en los últimos años: fin de la URSS, la globalización, China entra en la OMC, el euro… el comercio se convierte en un objetivo político porque todo el mundo comprueba sus ventajas y los efectos perversos que tiene el aislamiento. Pasamos de un mundo de bloques a uno en donde existen tensiones geopolíticas pero todos quieren comerciar.

Aunque la demanda sea débil coyunturalmente, ¿podría generar la vorágine exportadora nuevas políticas proteccionistas?

No nos engañemos, el hecho de que exista voluntad no quiere decir que en los próximos años vuelvan a producirse saltos tan importantes como los vistos en el pasado. La caída de la URSS o el auge de China son eventos irrepetibles y, aunque volverán a ocurrir cosas reseñables, probablemente no serán tan influyentes. De hecho en el caso de China existe una variable más a contemplar: su modelo económico. La apuesta por la producción masiva de bienes manufacturados baratos es crucial para entender la evolución del comercio.

No se sabe muy bien si fue primero el huevo o la gallina, pero el envite de China posibilitó la externalización de las cadenas de suministro de numerosas multinacionales (para algunos analistas la idea partió de EEUU, quien se pasó años negociando la externalización con terceros para evitar la presión salarial en su territorio). Se da también la casualidad de que nuestra contabilidad contabiliza doblemente, ya que si para exportar primero importamos pareceremos mucho más abiertos estadísticamente que si lo creamos íntegramente. La externalización y el modelo chino son una revolución para el comercio… y también para generar ‘doble contabilidad’.

La política, la globalización, el auge de un coloso o la expansión mundial de los modelos de negocio son factores claves para entender dónde estamos. Existe otro, y es la tecnología. Hoy en día podemos controlar en tiempo real nuestra cadena de suministro, es más sencillo vender en el exterior de lo que nunca lo fue, la logística es accesible y barata, y realizar pagos o financiarse es cosa de niños. En los últimos años ha existido voluntad política, necesidad económica y posibilidad tecnológica para generar un cambio mundial solo comparable al período 1870-1913.

Pero quizá esta fuerte disrupción no tenga continuidad, quizá queramos pero no seamos capaces de seguir generando incrementos comerciales. Quizá los últimos 60 años no sean replicables. Actualmente se firman cada vez más acuerdos comerciales, véase el polémico Transatlantic Trade and Investment Partnership(aprobado ayer sin que nadie se haya enterado), las negociaciones entre Europa y China, o entre EEUU y Asia… pero cada vez el impacto comercial es menor y el político mayor (comercio a favor de intereses o regulaciones).

Hemos pasado de un mundo de bloques a uno en donde existen tensiones geopolíticas pero todos quieren comerciar entre ellos

Por otra parte podrían crearse nuevas áreas monetarias, pero a la vista está las dificultades que está teniendo el euro. Podrían emerger nuevos países manufactureros y exportadores, de hecho lo están haciendo continuamente, pero ninguno tendrá la importancia de China y no generarán nuevo comercio, solo la sustituirán parcialmente. En definitiva, se darán pasos adelante (o atrás, según se mire) pero no se volverá a dar un cambio como el visto en los últimos años. Por tanto, estructuralmente el crecimiento parece limitado.

Aunque el problema no son realmente los límites al crecimiento, por lo menos no por ahora, lo realmente preocupante en la actualidad es que no solo parecemos estar limitados sino que existen factores que reducirán la contribución del comercio en relación al PIB mundial. Véase por ejemplo el conocido como ‘reshoring’, o el fenómeno por el cual muchas multinacionales han entendido que externalizar no siempre es positivo, o al menos no al país más barato, volviendo a producirse en los países desarrollados o en emergentes próximos al lugar de consumo (véase Inditex).

Por ello numerosos expertos afirman que ya hemos tocado techo en los límites de la externalización mundial, y lo que veremos a partir de ahora será una normalización de esta. Si tienen razón, y algunas fábricas continúan volviendo al lugar de origen o de consumo, se elimina el efecto de ‘doble contabilidad’ y se frenan las importaciones y exportaciones. No obstante, más allá del prejuicio que supondría para los operadores logísticos y los proveedores de servicios, esto es más un fenómeno estadístico que real (a nivel comercial, en las economías si será muy relevante). Existen otros con un efecto mucho más directo.

Por ejemplo actualmente estamos observando lo que se conoce como ‘no capex recovery’, una recuperación en donde para los directivos es más rentable recomprar sus acciones y aumentar su bonus que invertir en la economía real. Si esta falta de inversión prosigue en el tiempo tendrá profundos efectos en la economía real y en el comercio, puesto que la inversión no solo genera crecimiento, también es responsable de una importante porción del comercio internacional. Y mucho ojo, porque además de observar la microeconomía, a nivel macro también existen limitaciones a la inversión: ¿seguirá China invirtiendo tan fuertemente, cuando todos los expertos parecen coincidir en que existe una burbuja y que deben cambiar su modelo de crecimiento a uno de consumo?

Lo preocupante hoy es que no solo parecemos estar limitados sino que existen factores que reducirán la contribución del comercio en relación al PIB mundial

Está por ver también, no solo la evolución de China, sino del mundo. Existen dudas sobre el crecimiento futuro, algo que tendría implicaciones comerciales. Y aunque la demanda sea débil coyunturalmente, ¿podría generar la vorágine exportadora nuevas políticas proteccionistas? Todo el mundo quiere exportar, y no todo el mundo puede hacerlo (al menos en términos netos)… Es más, no es necesario que los gobiernos sean los artífices, quizá la población empiece a concienciarse de la relevancia de consumir producto nacional frente al foráneo.

Por último hay que señalar que, si bien hoy es más fácil que nunca cenar en un McDonals en cualquier parte del mundo por el triunfo del capitalismo a nivel mundial, siguen existiendo fuertes problemas geopolíticos sin resolver. La incertidumbre no es amiga del comercio y, no solo eso, el comercio, dados sus efectos beneficiosos, es cada vez más usado como un arma(Cuba, Irán, Rusia…). Por ello, si las tensiones que pueden observarse hoy en día siguiesen creciendo eso provocaría sin duda un declive del comercio internacional.

En resumidas cuentas, como decía al principio existe una respuesta corta: nadie sabe lo que pasará. Y también una respuesta larga: existen factores lo suficientemente importantes como para valorar un debate otrora impensable como son los límites del comercio internacional. China, su modelo económico, la globalización, la externalización, el fin de los bloques económicos o la tecnología han posibilitado el auge. Ahora el ‘reshoring’, un menor crecimiento e inversión, las tensiones internacionales o el proteccionismo podrían introducirnos en una era de reversión. Una en donde, por primera vez, comprobamos donde están nuestros propios límites.

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