Las reuniones secretas del BCE

Bajo el mandato de Draghi, el BCE ha manejado de forma sobresaliente la política monetaria, pero sigue suspendiendo en una asignatura importante: transparencia

Foto: El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. (EFE)
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. (EFE)

Este lunes, el 'Financial Times' publicó un interesante artículo llamado 'ECB officials met bankers before key decisions', en donde afirma, con datos facilitados por el propio banco central, que los seis miembros del comité ejecutivo del organismo se han reunido con relevantes inversores, banqueros y otros importantes partícipes del mundo financiero, días e incluso horas antes de hacer públicas importantes decisiones sobre la política monetaria acordada.

La controversia y el debate no se han hecho esperar. ¿Están los miembros del comité ejecutivo del BCE pasando información confidencial a las altas esferas financieras voluntaria o involuntariamente? ¿Es lógico que se realicen reuniones con algunos ‘elegidos’ y no con otros? ¿Deben mantenerse encuentros en los momentos previos a una importante decisión? En definitiva, independientemente de que estemos de acuerdo o no con las recetas económicas implementadas hasta la fecha, ¿es apropiada la conducta mostrada por la entidad monetaria?

La pregunta no se limita a una cuestión ética y moral, ya que, si la respuesta es negativa, podría ponerse en cuestión incluso la propia legitimidad de la institución. Y es que, a pesar de que la figura del banco central está hoy instaurada en nuestra sociedad, no podemos olvidar que no todo el mundo comulga con un organismo que no depende ni de los votos de los ciudadanos ni, teóricamente, de la política (aunque todos, con nuestro voto, delegamos de forma implícita en quienes diseñan el sistema). Esto es, para que el BCE tenga legitimidad debe no solo tomar buenas decisiones, también presentar una buena conducta y estar a la altura de los privilegios que tácitamente le otorgamos.

Para que el BCE tenga legitimidad debe, no solo tomar buenas decisiones, también presentar buena conducta y estar a la altura de los privilegios que le otorgamos

¿Alguien defendería al BCE si se descubriese que son un nido de corruptos? Probablemente no, ni aunque sus decisiones fuesen excelentes, ya que en el peor de los casos dichas decisiones podrían haber sido excelentes por un intercambio de favores con agentes privados (yo aumento mi crédito y reconocimiento por mi efectividad, y tú ganas dinero actuando como te diga). Por la cantidad de potenciales conflictos de interés y por la gran responsabilidad encomendada, una escrupulosa conducta ética resulta crucial para la legitimidad de cualquier banco central, sin eso no valen nada.

¿Ha actuado correctamente el comité ejecutivo del BCE? Por una parte sí, ya que es lógico que la institución esté lo más próxima posible a los mercados, si no podría caer en lo que en España denominamos ‘síndrome de La Moncloa’. Reuniones con BlackRock, UBS o Goldman Sachs no solo no deben resultarnos sospechosas sino que probablemente debemos entenderlas como parte de un trabajo bien hecho por el organismo. Draghi y compañía, aunque a veces puedan parecerlo, no son todopoderosos, ellos también necesitan comparar sus puntos de vista, aprender de otros, analizar posturas diferentes…

Si el BCE fuese un nido de corruptos intentando que sus amigos se forren, no necesitarían reuniones secretas, bastaría una llamada de teléfono. El hecho de que se produzcan reuniones y se admita (pues no olvidemos que este culebrón parte de una información facilitada por el propio banco central), quiere decir que no hay motivos para la alarma. De hecho, gracias a este escándalo, las reuniones a partir de ahora se harán públicas con un diferimiento de tres meses, lo que es un paso adelante.

El principal motivo de crítica e indignación no ha sido la existencia de las reuniones, sino se produjeran en momentos previos a los comunicados del organismo

Ahora bien, dicho esto, también hay que señalar que no todo se ha hecho bien. El principal motivo de crítica e indignación no ha sido la existencia de las reuniones, sino que estas se hayan producido en los momentos previos a los comunicados del organismo. Y es lógico. Aunque todos los miembros del comité ejecutivo pudiesen haber actuado con la máxima pulcritud en sus encuentros, nada nos garantiza que eso no haya otorgado ventajas a sus interlocutores. A veces decimos cosas incluso sin hablar, y cualquier pequeña información que se haya podido trasmitir en los momentos previos a una gran decisión es tremendamente injusta y debe evitarse. Máxime cuando son solo unos pocos privilegiados los que pueden optar a sentarse en el sillón junto a Mario Draghi o a Benoit Coeuré. El mes tiene muchos días, como para que las reuniones tengan que producirse en ciertas fechas.

Por otra parte es normal que exista desconfianza, ya que no es la primera vez que se dan casos de posibles filtraciones. Véase en 2012 cuando un 'hedge fund' sugirió en un dosier, un día antes de ser públicas, las medidas que llevaría a cabo la Reserva Federal. ¿Casualidad? No lo sabremos hasta que la justicia termine la investigación actualmente en marcha, pero como mínimo sospechoso. O véase lo ocurrido con el mentado Benoit Coeuré cuando, en mayo del presente año, en una reunión privada con banqueros y 'hedge funds', insinuó la política monetaria que el BCE publicaría 14 horas después en un comunicado.

Esto último es muy grave por varios motivos: se da información no pública a un auditorio privado; dicha información nunca se tendría que haber dado en exclusiva en un evento privado por mucho que, en teoría, estuviese prevista su publicación global de forma simultánea; posteriormente se reconoce el fallo de su no publicación simultánea argumentando un “error interno”, y posteriormente, como no resulta convincente, tratan de hacernos creer que no se trataba de información sensible (a pesar de mover el mercado de divisas, el más liquido del mundo, más de un 1% tras su publicación). Y, finalmente, es incluso más grave porque en EEUU se reconocer el error y se investiga, mientras en Europa damos excusas, excusas y más excusas.

Lo ocurrido es un capítulo más en ese libro llamado falta de transparencia. Que los miembros de los bancos centrales se reúnan con agentes privados es lógico, que lo hagan de forma oculta no, y que faciliten información sensible lo es aún menos, hasta el punto de resultar injustificable. Y eso que, no hay forma de controlar una verdadera mala conducta, ya que nadie puede vigilar los teléfonos, internet o las agendas no oficiales. Pero precisamente por ello la vocación de transparencia debe ser máxima, demostrando en todo momento que no hay nada que ocultar. Aquí, hasta la fecha, no ha sido así. Por ello, sobresaliente en política monetaria, pero suspenso en otra materia igual de importante: la transparencia. El BCE necesita mejorar.

Perlas de Kike
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