La verdadera batalla de Tesla

Solemos enfocar el debate de Tesla como ‘coche eléctrico sí, coche eléctrico no’. Sin embargo, es posible que el gran reto de la compañía no sea ese, sino la ‘nueva competencia’

Foto: Foto: Reuters.
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Hace año y medio, coincidiendo con la salida al mercado del Tesla Model 3, me lanzaba al ruedo preguntándome si estábamos ante el vehículo que iba a cambiar para siempre la industria del automóvil. Mi conclusión era que este modelo podía llegar a ser una suerte de Ford T, disruptivo en su época, si obligaba al resto de la industria a apostar por el coche eléctrico. Y así ha sido, el coche eléctrico ha pasado de no existir en la mente del consumidor a ser el claro ganador a medio-largo plazo. Hoy el futuro es eléctrico.

Por eso Tesla tiene un valor en bolsa superior a los 50.000 millones, más que Ford, Fiat, PSA, Renault… y en niveles similares a GM o BMW. Por eso VW anuncia que invertirá 34.000 millones en coches eléctricos y autónomos en los próximos cinco años, o 50.000 en baterías de aquí a 2030. Los consumidores quieren coches eléctricos y los mercados se los reclaman a las empresas. De ahí que GM venda 10 millones de coches al año y valga lo mismo en bolsa que Tesla… quien, anualizando el último trimestre, vendería algo más de 100.000 vehículos. Casi 100 veces menos.

Lo sé, la mayoría de los lectores estarán pensando que estamos ante una burbuja. Puede ser. Tesla es una máquina de quemar caja, con miles de millones de inversión a sus espaldas y que, con suerte, empezará a retornar dinero a sus accionistas en tres años. Eso si éstos no se cansan antes de poner dinero, o los acreedores de financiar. Aunque por otra parte es una máquina de quemar caja que maravilla con sus productos. Lo hizo con el Model 3 y lo hace de nuevo con su camión y con su nuevo 'roadster'. ¡Y eso que no sabemos prácticamente nada de ellos!

Como dijo un experto en Bloomberg hablando del camión: “Dar una autonomía sin la carga nos dice muy poco”. A pesar de ello a todo el mundo le gusta, de hecho, Walmart, ya ha anunciado la compra de 15 vehículos. Y a todo el mundo le gusta también el coche producido más rápido del mundo, con un cero a 100 en 1,9 segundos y una autonomía de 1.000 km, aunque nadie sepa cómo conseguirá tal cosa.

Así, mientras Tesla anuncia productos tan buenos que son hasta difíciles de creer, el resto de la industria se ve obligada a pasar por el aro e invertir en el coche eléctrico. Todo el mundo cree que la competencia tradicional matará a Tesla y, sin embargo, es quien la mantiene viva: la compañía californiana sabe que solo la inversión de muchos fabricantes puede hacer que las baterías sigan mejorando y abaratándose y que sus anuncios se conviertan en realidad.

Y si el coche eléctrico triunfa, Tesla gana, porque ya está situada en la mente del consumidor. Elon Musk, con una visión, ha conseguido ganarse a los consumidores y luego al capital para financiar su sueño, obligando a la industria a reaccionar y convertirlo en una realidad.

Por ello, el verdadero debate no es ese sino ¿es la industria automotriz tradicional la verdadera competencia de Tesla? ¿Es esa su batalla? Ya sé que actualmente la gente visualiza un debate de coche eléctrico sí, coche eléctrico no. O de mayor o menor asimilación en el uso del mismo. Por ejemplo, BofAML estima que el motor de combustión tocará techo en el año 2025. Podemos pensar que será antes y apostar por lo nuevo, o después y apostar por lo tradicional. Ese es el debate habitual. Yo planteo otro distinto: ¿y si el coche se convierte en un simple ‘commodity’ y el verdadero ganador es quien domine lo que ocurre ‘dentro’ del coche?

No, no hablo del motor. Hablo de imaginar el coche como un 'smartphone' gigante. Ya sé que tenemos móviles y no necesitamos más. Tenemos incluso 'tablets', portátiles, televisiones inteligentes… Tenemos mucho más de lo que necesitamos. ¿Qué interés pueden tener pues las aplicaciones que podamos instalar a mayores a un coche? Al fin y al cabo, ¿qué interés puede tener un simple GPS, una aplicación de música o de vídeo?

Bien, pensemos en una cosa. A finales de este año, Tesla ha prometido realizar un viaje de California hasta un garaje de Nueva York en modo automático. Antes de cinco años, algunas empresas comenzarán a ofrecer coches con una autonomía SAE de nivel 5, esto es, totalmente autónomos sin mediación humana. Google, por ejemplo, ya está realizando pruebas sin conductor y comenzará a ofrecer ‘robotaxis autónomos’ en los próximos meses. ¿Cuántas horas pasamos al volante a la semana? ¿Cuántas horas de consumo podríamos realizar si otro condujese por nosotros? ¿Cuántos millones de gigabytes de datos podemos generar mientras ‘conducimos’ si el coche autónomo triunfa?

¿Recuerdan cuando los fabricantes de móviles presumían de tener el modelo más pequeño? ¿O incluso cuando presumían de prestaciones? De un día para otro llegaron las pantallas táctiles y entonces todo cambió, lo importante era tener Android o iOs, todo lo demás murió. Gran 'hardware', pero el consumidor quería 'software'. ¿Llegará el día a la industria automotriz en que dejemos de ver el coche como un conjunto de prestaciones y pasemos a verlo como una forma de ir de un sitio a otro con la mejor experiencia de usuario posible?

Google lleva tiempo pensándolo, siendo una de las empresas más avanzadas en este concepto a través de la filial Waymo. Los gigantes chinos, Alibaba, Baidu o Tencent, andan metidos en la misma historia. E incluso Apple ha trabajado durante años en su coche, pero se centra ahora en su 'software' para el coche autónomo. La industria automotriz está convencida de que seguiremos usando coches, debatiéndose entre el motor de combustión y el eléctrico; a la industria tecnológica le da igual, eso es ‘commodity’, el dinero está en el ‘internet of cars’.

Teniendo todo esto en cuenta, volvamos a hacer la pregunta, ¿cuál es la verdadera batalla de Tesla? La industria automotriz es una parte de su competencia, pero no toda, no la verdaderamente rentable. Tesla ha tratado desde el principio de integrarse verticalmente: desde las baterías, a los coches, al 'software'. Así, mientras unos piensan en el 'hardware' y otros en el 'software', Tesla deberá enfrentarse a todos ellos. Los primeros pueden hacer mucho daño, pero al fin y al cabo cuanto más empujen al coche eléctrico más empujarán a Tesla, y quizás el negocio esté más allá de la producción.

El problema puede ser la ‘nueva competencia’: tiene caja, el coche es su nuevo nicho favorito y son muy buenos en lo que hacen. Quién sabe si no acabaremos viendo alianzas, o incluso compras. Por ejemplo Tencent es uno de sus principales accionistas y la próxima gigafactoría estará en China. O quizá Apple, quien podría usarla como su nuevo 'one more thing'. Difícil de saber. Lo que sí está claro es que Tesla no es una empresa automotriz al uso: aunque haga coches para enamorar al conductor tradicional, también piensa en el 'software' para enamorar al del futuro. Aunque compita con la industria tradicional, su verdadera batalla es, en realidad, la que está a punto de llegar.

Perlas de Kike
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