Rompiendo el círculo vicioso entre banca y deuda pública
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Enrique Benito

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Rompiendo el círculo vicioso entre banca y deuda pública

Las carteras de deuda pública de la banca no dejan de crecer. Casi un 10% del balance de los bancos españoles está ya compuesto por dicha deuda

Mientras que el crédito privado continúa descendiendo, las carteras de deuda pública de la banca no dejan de crecer. Casi un 10% del balance de los bancos españoles está ya compuesto por dicha deuda, en máximos históricos desde el inicio de la crisis. Los datos del último Boletín Mensual del BCE no hacen sino confirmar la continuación del famoso vínculo entre banca y financiación pública del que tanto se ha hablado desde que estalló la crisis de deuda soberana, y que políticos y reguladores europeos han intentado crucificar una y otra vez sin resultado.

Este círculo vicioso tiene implicaciones notables. Algunos bancos utilizaron el pasivo del BCE para comprar deuda estatal beneficiándose de un notable margen,yutilizando la nueva deuda para refinanciarse, ya de paso apostando a una progresiva reducción de diferenciales entre el coste de financiación de países de la periferia y los países del núcleo. El mecanismo permite a su vez a los Gobiernos emitir nueva deuda a tipos más bajos, reduciendo la disciplina fiscal y fomentando la represión financiera.

El efecto es principalmente de carácter doméstico –las entidades compran deuda de su propio país– y generan un mayor riesgo de fragmentación en la Eurozona. De acuerdo con varios estudios, son los bancos que se considerarían de mayor riesgo (con menor capital o con mayor cantidad de préstamos en relación a sus activos) los que inflan en mayor medida sus carteras, incluso controlando, por los efectos de las operaciones de refinanciación del BCE, las LTRO. Si tenemos en cuenta que el BCE está considerando el lanzamiento de una tercera ronda de estas operaciones, es fácil hacerse una idea de la tensión que genera el tema en Fráncfort y Bruselas.

Al problema en cuestión le añadía jugo Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, en un reciente artículo de opinión donde señalaba al actual régimen regulatorio como catalizador de la compra de deuda pública (FT, "Stop encouraging banks to buy government debt", 30-09-2013).

Bajo las normas internacionales de solvencia acordadas en Basilea, se asigna un valor mínimo a la ratio del capital requerido para absorber pérdidas potenciales, y los activos ponderados por su riesgo relativo o APR (no es lo mismo un préstamo al Gobierno francés, a Telefónica o a un promotor inmobiliario). Bajo los modelos estándar de cálculo de APR, invertir en deuda pública no consume capital. Comparen el coste con, por ejemplo, un préstamo a una pyme, que incurriría en una ponderación del 100% del valor del préstamo.

El tratamiento preferencial ocurre también en un conjunto de normas conocidas como “limites a grandes riesgos”,que imponen un máximo a la exposición total que un banco puede adoptar con una determinada contraparte a un 25% del capital regulatorio, pero se eximen las inversiones en deuda soberana.

Un cambio en las ponderaciones de activos por riesgo o en los límites a grandes riesgos implicaría un proceso de negociación internacional que llevaría tiempo y esfuerzo. Algo así no va a ocurrir de la noche a la mañana. No hay que ignorar además que el nuevo marco regulatorio de Basilea III, acordado tras la crisis, se fundamenta en la idea de que la deuda pública es uno de los pocos activos seguros que los bancos deben utilizar para gestionar su liquidez a corto plazo, y así lo requiere la Ratio de Cobertura de Liquidez, lo que genera una importante demanda adicional de estos activos.

Tampoco se puede obviar que los mercados de deuda pública son los que han recibido apoyo, aprobado por el mismo BCE, mediante el anuncio de posibles compras de deuda soberana financiadas a través del mecanismo de estabilidad (OMT o outright monetary transactions), y que por tanto disfrutan de una garantía implícita de la que otros activos carecen. Weidmann fue precisamente el único miembro del consejo del BCE que votó en contra de la implementación de estas operaciones.

Sólo cabe esperar al posible lanzamiento de una nueva ronda de LTRO y a las pruebas de resistencia a las que el BCE y la EBA someterán a los bancos el año que viene. El tratamiento que se conceda a la deuda pública en dichas pruebas dará pistas de la influencia de Weirdmann y la burocracia alemana en la nueva unión bancaria y de cualquier posible cambio regulatorio que se pudiera acabar imponiendo en el medio plazo para romper el círculo vicioso.

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