Cómo el vendedor gana al comprador en las OPV... a no ser que se negocie dinero público

Corresponde a quienes invierten en bolsa (compradores) dedicar el esfuerzo suficiente a analizar las nuevas firmas que llegan y no creerse todo lo que digan los vendedores

Foto: Pablo Juantegui toca la campana en el regreso a bolsa de Telepizza. (Reuters)
Pablo Juantegui toca la campana en el regreso a bolsa de Telepizza. (Reuters)

Si hay una operación importante para los dueños de una empresa esa es la venta sus acciones. Dicha transacción es el fin último de sus decisiones previas y la más relevante para su bolsillo.

Cuando deciden hacerlo mediante una Oferta Pública de Venta (OPV) y listar los títulos en bolsa normalmente dedican años a su diseño y ejecución. No escatiman contratando asesores (bancos de inversión), eligen el momento y se ponen de gala para la ocasión. Su objetivo es vender al máximo precio.

Saben que deben enseñar los mejores resultados posibles porque el mercado suele valorar las compañías utilizando múltiplos y éstos se comparan con los de otras empresas que ya cotizan. Antes de salir a bolsa desconocen cuántas veces ventas, EBITDA o beneficios les pagará el mercado pero tienen claro que habrá un efecto multiplicador sobre los números (cuentas anuales) que presenten en el momento de la salida a bolsa.

La OPV es el fin último de las decisiones previas de los dueños de la firma y la más relevante para su bolsillo

Por otro lado está la generación de expectativas. Los accionistas, dirección y los asesores de la compañía vuelcan sus esfuerzos en preparar el mejor argumentario para mostrar las ventajas competitivas, fortalezas y oportunidades con el fin de que el mercado pague el mayor múltiplo posible. No hay que vender el pájaro en mano, sino los cientos potenciales que hay volando.

Los incentivos juegan un papel importante. Los accionistas de la empresa suelen ofrecer generosas recompensas a los directivos y asesores crecientes a medida que aumente el precio al que se consiga vender en la OPV. Igual que en otros mercados y sectores, las mayores retribuciones de los mercados de capitales se pagan a los comerciales (fuerza de ventas).

Si por algún motivo los dueños no consiguiesen un precio acorde con sus expectativas cancelarían la salida a bolsa y esperarían a otro momento.

No es de extrañar que muchas empresas que salen a bolsa tengan un pésimo comportamiento en los meses y años posteriores a una Operación Pública de Venta

Está claro que la parte vendedora hace bien su trabajo. Sin embargo, no suele ocurrir lo mismo con el lado comprador. La operación normalmente es menos relevante en términos relativos a su bolsillo para los inversores y dedican menos recursos (esfuerzo y dinero) al análisis de la misma. Por otro lado, suelen tener un grado de información respecto al valor del negocio (rentabilidad esperable) muy inferior al de los vendedores.

En esta situación no es de extrañar que muchas empresas que salen a bolsa tengan un pésimo comportamiento en los meses y años posteriores a una OPV. Cuando los resultados dejan de maquillarse de la misma manera y las expectativas del mercado pasan a ser más realistas, los precios de las acciones se suelen resentir.

José Manuel Vargas, presidente de AENA, en la salida a bolsa de la entidad. (Reuters)
José Manuel Vargas, presidente de AENA, en la salida a bolsa de la entidad. (Reuters)

Por supuesto hay excepciones. Además de las habilidades de los vendedores y compradores influye la evolución del negocio. Cuando el vendedor es de carácter público (Estado) suelen comportarse mejor las acciones que comienzan a cotizar. El dinero de Fuenteovejuna se suele defender con menos empeño que el propio y en esos casos, muchos (directivos y bancos de inversión incluidos) aprovechan para comprar a buen precio.

En las Ofertas Públicas de Suscripción (OPS) ocurre tres cuartas partes de lo mismo. Los accionistas que están en el capital antes de la ampliación quieren que las nuevas acciones se vendan al mayor precio posible para maximizar los ingresos de la sociedad y/o minimizar la dilución de su participación. Los “vendedores” son los antiguos propietarios y los “compradores” quienes acuden a la ampliación de capital.

Tanto las OPS como las OPV son necesarias. Sirven para capitalizar a las empresas y dar liquidez a los inversores que las financiaron con anterioridad. El problema no está en las compañías, sino en el precio de salida. Por ello, corresponde a quienes invierten en bolsa (compradores) dedicar el esfuerzo suficiente a analizar las nuevas empresas que llegan al parqué y no creerse todo lo que diga el grupo vendedor (dueños, directivos y bancos de inversión).

Rumbo Inversor
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