Que no te la den con dividendo

En las salidas a bolsa habitualmente los vendedores prometen elevados dividendos con la finalidad de aumentar el precio de venta. Pero, ¿qué nos están dando en realidad?

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Que no te la den con dividendo

La expresión que no te la den con queso utilizada a menudo para advertir a alguien para que no le engañen proviene del mundo del vino. Los bodegueros cuando ofrecían un vino de mala añada a los compradores lo acompañaban de una ración de queso. El objetivo era que el olor y sabor del queso enmascarasen la baja calidad del producto que vendían.

En el mercado de acciones se utiliza el dividendo. En las salidas a bolsa habitualmente los vendedores prometen elevados dividendos con la finalidad de aumentar el precio de venta. Muchos inversores (profesionales incluidos) compran acciones que ofrezcan altas retribuciones al accionista sin entrar a valorar si esos pagos son sostenibles o si es lo más conveniente a largo plazo. Las ofertas públicas de venta (OPVs) recientes no han sido una excepción. Telxius (salida a bolsa suspendida), Telepizza, Dominion y Parques Reunidos anunciaron a bombo y platillo elevados dividendos futuros.

Los dividendos son fundamentales en toda inversión en acciones, sin embargo debemos analizar bien los motivos por los que se pagan. Una empresa es un instrumento de inversión al que se transfiere dinero con el objetivo de percibir de él unas cantidades superiores a las invertidas en el futuro.

Telxius (salida a bolsa suspendida), Telepizza, Dominion y Parques Reunidos anunciaron a bombo y platillo elevados dividendos futuros

Debemos tener en cuenta que meter dinero en la sociedad (incrementos de capital) tiene costes significativos (notario, registro, abogados, etc) para los accionistas pero la percepción de dividendos es todavía mucho más onerosa porque hay que compartir con Hacienda. Por lo tanto, para el inversor la peor política de dividendos es la que se intercala con ampliaciones de capital. Si hace falta el dinero lo mejor es no repartirlo.

Sin embargo existen muchísimas compañías cotizadas que reparten dividendos y amplían capital de manera recurrente. ¿Por qué hacen esto? Porque sus directivos piensan que si no pagan dividendo la cotización de las acciones bajará y no podrán seguir haciendo ampliaciones a un precio elevado. En otras palabras, creen que deben maquillar el valor del negocio con el dividendo.

Otras fórmulas habituales para mostrar rentabilidades por dividendo artificialmente altas son entregar acciones liberadas o pagar 'scrip dividends'. En ambos casos no entra ni sale dinero de la compañía por lo que su efecto sobre el accionista es prácticamente el mismo que suspender el dividendo. En el caso de los 'scrip dividends' conviene tener presente que quienes venden derechos están vendiendo parte del valor de sus acciones a otros inversores (que suscribirán los derechos) y quienes piden que se les entregue efectivo están vendiendo parte del valor de sus títulos a la compañía (solamente este dinero sale de la sociedad). La inmensa mayoría del capital suscribe la ampliación y los que hayan pedido el cobro en efectivo verán disminuida su participación.

No podemos considerar los dividendos como una aproximación a la rentabilidad de los valores. Lo importante es el valor de los negocios que hay detrás

Una empresa debe repartir dividendo cuando no pueda generar un rendimiento superior al que podrían obtener sus accionistas con ese dinero. Inditex salió a bolsa en 2001 y no repartió ningún dividendo durante los 10 primeros años en el parqué. Desde 2012 entrega a los accionistas una pequeña parte de los beneficios anuales. El resto se sigue reinvirtiendo en la compañía. Quien invirtió en esta empresa cuando salió a bolsa ha multiplicado por más de 10 veces el valor de sus acciones y ha cobrado el 82% de su inversión inicial en dividendos.

Si la compañía no necesita toda la caja que genera, una forma excelente de retribuir a los accionistas es recomprar acciones propias y amortizarlas. En tal caso la participación en beneficios futuros de cada acción aumenta y se difiere el pago de impuestos a Hacienda. Esto es recomendable solo para aquellas compañías cuyos títulos coticen baratos. Si se hace a unos precios muy elevados se destruye valor para los accionistas que se mantienen.

Termino con dos conclusiones. La primera es que no podemos considerar los dividendos como una aproximación a la rentabilidad de los valores. Lo importante es el valor de los negocios que hay detrás. La segunda es que la política de retribución a los accionistas dice mucho de los intereses de quienes las dirigen. Intercalar ampliaciones con dividendos es un claro síntoma de que los intereses de los directivos no están alineados con los de sus accionistas. Por otro lado, suprimir el dividendo cuando el modelo de negocio lo demanda y recomprar acciones si cotizan baratas son decisiones que aportan mucho valor a los accionistas.

Rumbo Inversor
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