La impaciencia rompe el saco

Debemos ser exigentes con los resultados. No obstante, hay que tener en cuenta el tiempo que debe transcurrir para evaluar el acierto o desacierto de las inversiones

Foto: Normalmente solemos pecar de impacientes.
Normalmente solemos pecar de impacientes.

Pongamos que el 30 de septiembre de 2007 usted decide invertir en Inditex. Ha tomado esa decisión porque ha analizado su modelo de negocio y ha descubierto que es la empresa del sector que mejor puede adaptarse a las tendencias de moda. En otras palabras, es capaz de ofrecer mejor que nadie y recurrentemente lo que el cliente quiere a un buen precio.

La empresa está en fuerte expansión y el tamaño que está adquiriendo le permitirá mantener cada vez mejor su ventaja competitiva. Lo que significa que aunque otra compañía trate de hacer lo mismo no podrá competir en igualdad de condiciones porque no podrá aprovechar tanto las economías de escala. Convencido del sentido de la operación invierte.

Al mes (31/10/07) está muy contento con la decisión, porque está ganando un 8,7%. A los tres meses (31/12/07) la situación se ha dado la vuelta, está perdiendo un 11,1% desde el inicio. En ese momento cree que pronto mejorará. Sin embargo, en los tres siguientes meses (hasta 31/03/08) pierde un 16,3% adicional y acumula minusvalías del 25,5% desde inicio. En esa situación empieza a dudar de la inversión. El siguiente trimestre (hasta 30/06/08) la acción se deprecia un 16,9% adicional y acumula pérdidas del 38,1%. Han transcurrido nueve meses y, aunque no vende, ya no confía en la inversión.

Sin embargo, el trabajo de análisis estaba bien hecho. Al año de realizar la inversión (30/09/08) pierde un 37%, a los dos años (30/09/09) las minusvalías se han reducido al 28%, a los 3 años (30/09/10) ya gana un 23% desde el inicio, a los 5 años (30/09/12) ha multiplicado por dos su capital inicial (+105%), a los 7 años (30/09/14) gana un 131% y a precio cierre del pasado viernes acumula unas plusvalías del 243%. Además, durante estos 9 años y casi tres meses trascurridos ha cobrado un 24% de lo invertido en dividendos.

El ejemplo muestra cuándo el mercado está reconociendo el valor que veía el inversor en 2007. Si nuestros motivos de inversión son parecidos a los de un empresario y tienen que ver con el modelo de negocio, no podemos exigir resultados a corto ni a medio plazo. Si el inversor hubiese vendido a los 9 meses o en cuanto el precio recuperase lo perdido se estaría tirando de los pelos. Por otro lado, aunque hubiese subido la acción un 10%, un 20% o un 50% en el corto plazo, tampoco habría sido buena idea vender.

Debemos ser exigentes con los resultados. No obstante, hay que tener en cuenta el tiempo que debe transcurrir para evaluar el acierto o desacierto de las inversiones. Ese tiempo depende de la naturaleza de los motivos de inversión de cada activo.

Si invertimos a través de un fondo de inversión, de pensiones o capital riesgo, hay que en cuenta tanto las razones por las que hemos seleccionado ese fondo como la naturaleza de los criterios de inversión que se utilizan en la toma de decisiones. Si realiza muchas operaciones a corto plazo, en pocos meses podríamos valorar qué tipo de resultados ofrece el producto. Si por el contrario realiza pocas operaciones a muy largo plazo, harán falta varios años para juzgar correctamente por el rendimiento. Por otro lado, tampoco será necesario que transcurran lustros o décadas para evaluar por los resultados. El mercado unas veces reconoce el valor antes y otras después. Por ello, a un fondo (conjunto de inversiones) le podemos exigir qué comience a generar rentabilidades satisfactorias antes que a una única inversión.

Pecamos de impacientes. Los mercados nos hace evaluar el resultado de las inversiones antes de que transcurra el tiempo necesario

El problema está en que normalmente solemos pecar de impacientes. La elevada liquidez de los activos y la volatilidad de los mercados nos hace evaluar el resultado de las inversiones antes de que transcurra el tiempo necesario. Mentalmente es muy difícil no vender un activo cuando está depreciándose día tras día, cuando ha recuperado las fuertes pérdidas que se habían acumulado o cuando ha generado elevadas plusvalías en el corto plazo.

Con esto no digo que no deba hacerse un seguimiento de las inversiones, por supuesto que sí. Se debe vigilar si siguen estando vigentes las premisas por las cuales hemos invertido y la evolución de algunas variables intermedias representativas, pero nunca los resultados finales si no ha transcurrido el tiempo necesario.

Rumbo Inversor
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