Herencias y cotizadas empantanadas

Posiblemente conozcan a alguien con una herencia en punto muerto y son tres los puntos en común que tienen

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Posiblemente conozcan a alguien con una herencia en punto muerto. Con participaciones en bienes que no se pueden vender ni repartir por algún motivo, que cada vez se comparten con más titulares, que no hay forma de movilizar a todos para conseguir el bien común, que en lugar de generar ingresos a los propietarios ocasionan gastos.

Esas herencias tienen tres elementos comunes:

  1. Son propiedad de muchos titulares. Cuanto mayor es el número menores son las posibilidades de conseguir repartir, vender, alquilar o trabajar los activos para sacar un provecho razonable.
  2. Ninguno de los propietarios echa sobre sus hombros los problemas comunes. El administrador de los bienes, si lo hay, tampoco.
  3. El resultado es pésimo y se agrava con el tiempo.

En muchas empresas cotizadas se repite esta situación cuando se enfrentan a determinados problemas. Los máximos dirigentes se resisten a realizar trabajos incómodos como reestructurar la organización, acabar con el reino de taifas de algún directivo, reducir los salarios o indemnizaciones de la alta dirección, etcétera.

Tampoco quieren ser la cabeza visible de un proyecto ambicioso que pueda fracasar por miedo a perder el sillón. Tratan de minimizar los riesgos para ellos, no de maximizar el valor para los accionistas. Los directivos van a lo suyo y si tienen la posibilidad de elegir un camino fácil lo siguen. Solamente en casos extremos optan por opciones espinosas y desagradables para ellos.

Las empresas deben enfrentarse a dificultades constantemente. No pueden permitirse el lujo de solucionar solamente parte de los problemas y en otros mirar para otro lado. Tienen que ser lo más flexibles que puedan para adaptarse de la mejor manera a las necesidades de los clientes y al entorno competitivo. Por ello, a largo plazo es vital que los intereses de los directivos y del capital estén bien alineados.

En las empresas donde la dirección defiende los accionistas ascienden fácilmente las buenas ideas que aportan valor al capital porque, aunque perjudiquen a parte de la dirección, en lo más alto siempre son bien recibidas y se acaban implantando con celeridad.

Al igual que en las herencias, en las cotizadas el resultado es dispar. Las mismas dificultades en unas empresas se resuelven rápidamente y en otras los problemas se enquistan. Las mismas oportunidades en unas compañías se aprovechan en cuanto se perciben y en otras se pierden porque deben enfrentarse a un sinfín de resistencias internas. Que las cosas salgan bien cuando hay un liderazgo comprometido con los propietarios no es casualidad.

Rumbo Inversor
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