Metamorfosis constante

Echemos la vista atrás y volvamos a año 2000. Netflix se ofreció a la entonces todopoderosa Blockbuster para ser adquirida por sólo 50 millones de dólares y fue despreciada.

Foto: Cierre de Blockbuster (iSrock)
Cierre de Blockbuster (iSrock)

Echemos la vista atrás y volvamos a año 2000. Netflix, que sufría los efectos del pinchazo de la burbuja tecnológica, se ofreció a la entonces todopoderosa Blockbuster para ser adquirida por sólo 50 millones de dólares y fue despreciada. En 2010 Blockbuster quebró. En 2018 Netflix tiene una capitalización de más de 120.000 millones de dólares.

En el sector bancario español competían muchas decenas de bancos y cajas de ahorros de reducido tamaño. La regulación era más laxa y las rentabilidades del sector muy elevadas. Había 39.000 sucursales en el país. El pico fue 46.000 oficinas en 2008. A 30 de septiembre de 2017 quedaban 27.700 sucursales y siguen descendiendo a un fuerte ritmo.

Inditex multiplica sus cifras

Desde el año 2000, Inditex ha multiplicado por 9 las ventas y por 12 el beneficio. En ese período Ryanair ha pasado de transportar 6 millones de viajeros a 129 millones. En el año 2000 la telefonía fija representó el 80% de los ingresos del grupo Telefónica.

Si hay un denominador común en estos ejemplos y en el resto de empresas cotizadas en bolsa es que en 18 años todas han sufrido cambios radicales. Se llaman igual, pero son otras. Han transformado su tamaño, su propuesta de valor, la forma de relacionarse con sus clientes, etc. Han desaparecido algunos competidores (quiebras y fusiones) pero han surgido otros nuevos con estrategias muy diferentes. Es decir, han cambiado tanto las empresas como el terreno de juego.

Es lógico pensar que en 18 años hacia delante vamos a tener un proceso de transformación similar o mayor. Por ello, no podemos valorar las empresas de una manera estática, ni estimar los resultados de los próximos años y aplicar un moderado crecimiento constante a perpetuidad. Nos estaríamos engañando a nosotros mismos.

Ningún negocio es aburrido

Algunos inversores dicen invertir en empresas aburridas y estables. Sin embargo, ningún negocio es aburrido si se mira desde dentro y menos aun a tan largo plazo. Todas las empresas tienen posibilidades razonables de quebrar en los próximos 18 años. También de multiplicar por más de 5 veces sus ventas y beneficios. Lo más probable es que cambie varias veces la regulación para las teóricamente más estables (utilities, monopolios, concesiones, etc). Todas pueden diversificar tanto sus actividades o fusionarse con otras que las convierta en compañías totalmente distintas. El comportamiento de sus clientes puede variar mucho y lo podrían aprovechar nuevos competidores.

En este entorno cambiante, es necesario comprender bien la utilidad que crean las compañías, su modelo de ingresos, estudiar las ventajas e inconvenientes de su manera de competir y analizar la estrategia de crecimiento. La aproximación debe ser más similar a la de un emprendedor. Éstos invierten porque confían en los proyectos, no por la valoración de su actividad actual.

En conclusión, con un horizonte temporal de largo plazo el precio pagado es menos significativo. Siempre dentro de un orden razonable. Es decir, es preferible pagar un múltiplo (sobre beneficios, ventas, ebitda o flujo de caja libre) que doble la media del sector si con ello se accede a un Netflix, un Inditex o un Ryanair. Compensa pagar más por un mejor modelo de negocio o una empresa con directivos más capaces y mejor alineados con los accionistas.

Rumbo Inversor
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios