Cuando los directivos se creen los dueños

“Queremos compartir las ganancias con el accionista”. El beneficio de las empresas pertenece a sus accionistas, no a sus directivos

Foto: (Randy Faris/Corbis)
(Randy Faris/Corbis)

“Queremos compartir las ganancias con el accionista”. Esta afirmación la hizo la semana pasada el director financiero de una empresa cotizada española delante de unos 15 inversores. Le acababan de preguntar por los dividendos y con esa frase el directivo quiso convencernos de que el accionista es importante para ellos. En ese momento miré al resto de inversores. Nadie se sorprendió ni dijo nada. Les pareció de lo más normal.

El beneficio de las empresas pertenece a sus accionistas, no a sus directivos. Tanto lo que se reparte en dividendos como la parte que se queda en la compañía para reinvertir. La frase del directivo me dolió y la apunté en mi libreta. Quizás, debería haberle contestado con la pregunta: ¿Cómo tienen previsto compartir las pérdidas en caso de haberlas?

Para colmo se trataba de una empresa cotizada con algunos accionistas con suficiente peso como para influir y exigir a la dirección. Salí de la reunión pensando qué tiene que sentir un directivo para hacer esa afirmación ante sus accionistas (actuales y potenciales). Por otro lado, pensé en el grado de sumisión que deben aceptar los inversores para no inmutarse ante tal comentario.

La alta dirección es soberana y se le nota en sus expresiones. Se ponen unos a otros los sueldos que quieren, los bonus que consideran, indemnizaciones muy generosas para que no se rebele el directivo saliente, destinan todos los beneficios que pueden a incrementar el tamaño de la empresa para así justificar mayores salarios y dirigen la compañía según les conviene.

No son los propietarios reales, pero ejercen como tales. Incluso esa propiedad ficticia se hereda. Es habitual que los máximos dirigentes dejen todo preparado para que hereden sus hijos o quien ellos designen la dirección de la compañía cotizada, mutualidad o fundación que controla un grupo empresarial. Aunque la familia entera no llegue al 1% del capital de la sociedad.

Otras veces la propiedad real se consigue a demasiada velocidad. A través de incentivos en acciones acaban con participaciones muy elevadas no justificadas. El resto de accionistas, con menor información y escasa capacidad para poner freno a los directivos, acaban con un agujero en su cartera.

En fin. Gajes de oficio. Debería ser relativamente sencillo encontrar empresas con directivos comprometidos con sus accionistas pero no es así. A los inversores nos toca seguir analizando y buscar en otra parte, pero no deberíamos enmudecer al presenciar abusos o escuchar este tipo de afirmaciones.

Rumbo Inversor

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