¿Qué hacer ante una posible guerra comercial?

Esta situación de desconfianza entre políticos y de preocupación en los mercados es muy probable que acabe afectando negativamente al crecimiento económico

Foto: Fotografía donde se ven las banderas de EEUU y China. (EFE)
Fotografía donde se ven las banderas de EEUU y China. (EFE)

Siempre hay una guerra comercial de baja intensidad en curso. Los políticos de todos los países y regiones, aunque se vendan como defensores del libre comercio, tratan de apoyar a las empresas de su territorio frente a las foráneas de todas las formas que pueden. El arte regulatorio está en que parezca que las normas tratan por igual a todos los competidores. En la práctica suelen terminar beneficiando a las empresas nacionales frente a las extranjeras.

La novedad actual es que la administración Trump quiere renegociar todos los acuerdos comerciales de Estados Unidos con otros países o áreas económicas. El pretexto es loable y justo. Dicen que su objetivo es buscar una reciprocidad que hoy no existe y reducir el gran déficit comercial que mantienen desde hace décadas. Sin embargo, todo apunta a que lo que realmente persiguen es anteponer los intereses de sus empresas y ciudadanos, el América First que tanto se ha escuchado en los discursos del presidente.

Para conseguir que se sienten los Estados u organizaciones supranacionales en la mesa de negociación, amenazan con aplicar nuevos aranceles a la importación de bienes extranjeros y hablan abiertamente de guerra comercial en caso de no llegar a acuerdos.

Lo más probable es que al final haya algún tipo de pacto porque todos saben que en las guerras comerciales no hay ganadores, todos pierden

Nadie sabe cómo van a acabar las negociaciones. Lo más probable es que al final haya algún tipo de pacto porque todos saben que en las guerras comerciales no hay ganadores, todos pierden. Sin embargo, la situación puede empeorar mucho antes de que los políticos lleguen a un acuerdo. Los intereses están encontrados y no se fían unos de otros.

Esta situación de desconfianza entre políticos y de preocupación en los mercados es muy probable que acabe afectando negativamente al crecimiento económico, sin embargo no sabemos por cuánto tiempo ni con qué intensidad.

Ante esta amenaza ¿Cómo debemos actuar con nuestras inversiones? ¿Debemos adelantarnos? ¿Cómo conviene que reaccionemos a las noticias que vayan surgiendo?

En mi opinión, las crisis políticas internacionales que dependen de negociaciones son las más difíciles de gestionar. Estamos ante un caso similar a la crisis de la Eurozona vivida entre los años 2011 y 2013. Los políticos defendían sus intereses nacionales en lugar de buscar el bien común. A algunos Estados les convenía llevar la situación hasta el límite para mejorar su posición negociadora e imponer su criterio. Eso fue lo que ocurrió.

En este tipo de crisis, los mercados sufren una altísima volatilidad. Una semana parece que es el fin del mundo y a la siguiente todo se ha reconducido y va por buen camino. No es como una crisis generada por causas económicas como la de 2008, en la que haciendo un buen análisis macro puedes adelantarte a los acontecimientos. Tampoco es una situación en la que se pueda prever que un líder político (Hugo Chávez, Le Pen, Macron, etc) vaya a realizar mejores o peores políticas económicas. En este caso todo depende de las negociaciones y ni siquiera las partes que están negociando saben cómo va a terminar.

Para estos casos mi recomendación es adoptar una posición de cierta cautela general que nos permita mantener la calma cuando lleguen los vaivenes y centrarnos en la búsqueda de valor activo a activo. Tenemos que hacer el esfuerzo de mantenernos al margen del pesimismo cuando todo parezca negro y contener la euforia cuando las negociaciones avancen, de lo contrario venderemos y compraremos siempre en el peor momento.

Rumbo Inversor

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