¿Puede un fondo pagar por deshacerse de un activo?

En determinadas ocasiones quienes gestionan patrimonios pueden querer desprenderse del activo aunque sea pagando por ello. No conviene al dueño, pero sí a quien lo gestiona

Foto: inversor (iStock)
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Lamentablemente sí. Los activos financieros (acciones, bonos, etc) pueden valer más o menos, pero nunca negativo. Es decir, lo máximo que se puede perder es todo lo invertido. No tiene ningún sentido económico para su dueño pagar por deshacerse de ellos.

Sin embargo, en determinadas ocasiones quienes gestionan patrimonios pueden querer desprenderse del activo aunque sea pagando por ello. No conviene al dueño, pero sí a quien lo gestiona. El motivo suele ser reputacional. Veamos un caso no tan lejano.

En 2008, cuando estalló la crisis de crédito, las titulizaciones pasaron a calificarse como “activos tóxicos”. Los medios de comunicación alertaron a los inversores de las cuantiosas pérdidas que podrían generar y de la dudosa valoración de los mismos debido a su iliquidez.

En consecuencia, los inversores huían de los fondos con titulizaciones en cartera. Por otro lado, los gestores no podían venderlos porque no había demanda a ningún precio. Las gestoras querían poder decir a los partícipes que no tenían ningún activo tóxico en cartera para mantener los inversores actuales y captar nuevos. En este entorno, estaban dispuestas a pagar por librarse de ellos. Algo que no se puede hacer legalmente.

Llegó el Switch. Muchos brokers empezaron a comprar titulizaciones a los fondos si a cambio les vendían otros bonos. Algunos gestores aceptaron

Entonces llegó el Switch (intercambio de activos). Muchos brokers empezaron a comprar titulizaciones a los fondos si a cambio les vendían otros bonos. Algunos gestores aceptaron. Cambiaban unos activos que no podían vender por otros que consideraban mejores para mantenerlos en el mismo fondo, en otros fondos de la misma gestora o venderlos posteriormente con pérdidas.

Analicemos en detalle un ejemplo de Switch que se ofrecía por aquel entonces. Un fondo vende un millón nominal de una titulización a un precio del 30% (del nominal) y compra 8 millones nominales al 90% de otro bono. El fondo ingresa 300.000 euros por la venta y paga 7.200.000 euros por el nuevo bono.

El truco está en que el bono que recibe cotizaba según pantallas en una horquilla 85%-92% y realmente el precio de mercado era de 85%. Si el fondo quisiera vender ese día el bono proveniente del switch recibiría un precio de 85%, es decir 6.800.000 euros. En consecuencia ha vendido por 300.000 euros y ha comprado pagando un sobreprecio de 400.000 euros. En términos netos ha vendido un millón nominal de una titulización a un precio de -10%. Es decir, ha pagado 100.000 euros por sacar de cartera un activo supuestamente tóxico. Para colmo, años después gran parte de esas titulizaciones recuperaron su valor y entregaron a los inversores el principal y los intereses en su totalidad.

La moraleja es que esto que ocurrió en el pasado muy probablemente volverá a ocurrir en el futuro. Se llamarán activos tóxicos, bonos basura o como los medios quieran. El hecho es que serán activos que valdrán dinero (aunque sea poco comparado con su valor inicial o previo) y algunas gestoras de activos querrán soltarlos al precio que sea, incluso negativo, porque les convenga a ellas. Aunque con esa decisión estén perjudicando a los partícipes.

Por este motivo, es importante invertir en fondos en los que quien toma las decisiones de inversión tenga su patrimonio invertido, no pueda huir del fondo sin avisar y esté comprometido con los resultados a muy largo plazo. Por otro lado, es muy recomendable que el fondo cuente con una política de inversión flexible para no estar forzado a vender en el peor momento, para poder comprar los activos que otros inversores venden por motivos no económicos y para no estar obligado a invertir independientemente de los precios a los que coticen los activos. Destaco que a día de hoy gran parte de los fondos de renta fija y mixtos están obligados en la práctica a invertir en bonos que dan una rentabilidad negativa o excesivamente baja para el riesgo asumido.

Rumbo Inversor

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