Cuando el tipo de cambio se utiliza como arma comercial

Debilitar la propia divisa es el arma más eficaz para ganar competitividad en una guerra comercial. Grava con efectos inmediatos todas las importaciones, subvenciona las exportaciones,

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Debilitar la propia divisa es el arma más eficaz para ganar competitividad en una guerra comercial. Grava con efectos inmediatos todas las importaciones, subvenciona las exportaciones, no es necesario cambiar leyes para conseguirlo y no suele generar represalias de los gobernantes extranjeros porque es difícil demostrar que la divisa está artificialmente depreciada.

En resumen, es una medida sencilla de aplicar, sin apenas coste político y muy útil para proteger o aumentar la producción interna (PIB) de una economía. El principal inconveniente para quien lo aplica está en la financiación externa. Las devaluaciones hacen más difícil la devolución de la deuda en moneda extranjera y habitualmente provocan quiebras en estados emergentes endeudados en dólares.

En las grandes economías desarrolladas (EEUU, Eurozona, Reino Unido, Japón, etc) la inmensa mayoría de la deuda está denominada en divisa doméstica y el efecto es el contrario. Es beneficioso para las cuentas públicas. Si la divisa local se deprecia es más fácil devolver las deudas.

¿Cómo se debilita la divisa doméstica? Aumentando la oferta monetaria con políticas expansivas. Es decir, bajando tipos, manteniéndolos bajos mucho tiempo y con compras de activos (Quantitative Easing).

¿Qué ocurre si todos los bancos centrales mantienen políticas monetarias expansivas más allá de lo que requiere el ciclo económico? El efecto sobre el tipo de cambio se neutraliza. Todos estarían debilitando sus divisas. En este escenario, la consecuencia lógica es un fuerte aumento generalizado de la inflación. El resto de bienes se apreciarían respecto a las divisas.

El problema es que es un arma muy fácil de utilizar y si otros hacen uso de ella obliga a las demás economías a defenderse de la misma manera para proteger su producción interna (PIB).

En conclusión, en un entorno político claramente orientado al proteccionismo económico como reacción a los efectos negativos de la globalización (deslocalización y aumento de la desigualdad), es altamente probable que debilitando las divisas volvamos a generar una espiral de elevados aumentos de los precios. En tal caso, acabaríamos echándole la culpa de la inflación a los dirigentes extranjeros o a la guerra comercial en sí, pero esas justificaciones no servirían de consuelo.

Rumbo Inversor
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