Cuidado con las familias que dirigen las cotizadas

"Al empresario le importa mucho la buena marcha de su empresa, pero prima la felicidad y estabilidad económica de su hijo"

Foto: Randy Faris/Corbis
Randy Faris/Corbis

Muchos inversores cuando ven que una familia es el principal accionista de una empresa cotizada dan por hecho que los intereses de los directivos están alineados con los de los accionistas. Piensan que la familia defendiendo su patrimonio defenderá el capital del resto de accionistas. Sin embargo, si profundizamos en el análisis nos daremos cuenta de que esto no siempre es cierto.

Es muy habitual que los empresarios planifiquen su sucesión con muchos años, incluso décadas, de antelación para dejar las riendas de la compañía en manos de su familia. Cuando nombran a un hijo como segundo de a bordo se suelen disparar los costes laborales de los máximos dirigentes. El padre le pone un sueldazo a su hijo, que crece anualmente, y para demostrar que sigue siendo la cabeza de la empresa se pone él mismo un sueldo aun mayor y notablemente superior al que venía percibiendo. A veces, para justificar un elevado sueldo a su hijo debe incrementar también el salario de otros altos directivos. Al empresario le importa mucho la buena marcha de su empresa, pero prima la felicidad y estabilidad económica de su hijo.

A menudo el regalo del padre al hijo no está en el fijo, sino en el variable plurianual. Ahí se esconde mejor. No es extraño encontrarse elevados incentivos en metálico o en acciones ligadas a la cotización bursátil o a los resultados de la empresa para la alta dirección. Muchos inversores se quedan contentos al ver este tipo de esquemas retributivos porque en principio alinean los intereses de los directivos con los de los accionistas. Sin embargo, el diablo está en los detalles. No se suele publicar cuánto va parar a cada directivo. A menudo el objetivo es más sencillo de conseguir de lo que parece y una gran parte del enorme bonus plurianual va para el hijo del empresario o a repartir entre padre e hijo.

Estos problemas se multiplican si el empresario mete a varios de sus hijos a dirigir la empresa o a hermanos, sobrinos, yernos, etcétera. En estas situaciones, los problemas familiares se suelen arreglar con sueldos generosos para todos. Además del mayor coste salarial, la empresa pierde foco por batallas políticas internas y porque se difumina la responsabilidad y el compromiso con la compañía. Ningún familiar tira del carro de la misma manera que si fuera un proyecto propio.

Otra fuente de problemas es la relación de la cotizada con otros negocios de la familia. Tanto si actúan como proveedor o como cliente de la cotizada se pueden utilizar los precios de compraventa para transferir resultados entre sociedades. Además, es habitual que una empresa familiar arriende inmuebles (oficinas y locales comerciales) a la cotizada. Con unos alquileres ligeramente superiores a los precios de mercado la familia puede ir drenando poco a poco mucho capital de la empresa. Es muy difícil determinar un precio razonable, por lo que la familia tiene mucho margen para justificar la renta recibida. Por otro lado, más sorprendente es que a veces los máximos accionistas acudan a las ampliaciones de capital de la empresa que dirigen con aportaciones en especie (inmuebles habitualmente). El tasador pondrá el precio que sugiera quien le contrata (directivo) y el resto de los accionistas a tragar.

La sucesión suele ser difícil en las empresas familiares no cotizadas, muchas no sobreviven los cambios generacionales. En las cotizadas controladas por una familia el problema es más grave. Hay muchos más accionistas, que a menudo representan la mayoría del capital social, cuyo patrimonio puede estar viéndose constantemente mermado por los intereses de la familia.

Los problemas mencionados son recurrentes entre las cotizadas españolas y extranjeras. En mi opinión, la mejor forma de que se reduzcan estos abusos es que los mal llamados consejeros independientes (nombrados directa o indirectamente por la dirección) pasen a ser nombrados exclusivamente por los accionistas que no participan en la dirección. Es la manera de que se defiendan realmente los intereses de los minoritarios. Mientras la regulación mejora, los inversores debemos prestar mucha atención a estos aspectos.

Rumbo Inversor

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