El proteccionismo avanza, la confianza disminuye

El principal obstáculo para la actividad económica la mayoría lo vemos en el auge del proteccionismo en los países desarrollados —con Trump como ejemplo claro—

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)

El crecimiento económico global durante 2018 ha sido elevado, claramente superior al 3%, y sincronizado, todas las principales economías han avanzado. Los beneficios empresariales a nivel general también crecerán a buen ritmo. Sin embargo, la mayoría de las bolsas han registrado descensos este año. Esto se debe a que las expectativas de crecimiento para los próximos años se han reducido.

¿Por qué disminuye la confianza?

Hay quien dice que es porque “ya toca”. El argumento principal es que el ciclo de crecimiento norteamericano está siendo muy largo. Sin embargo, más allá de la situación de pleno empleo en Estados Unidos, todavía no se perciben síntomas de sobrecalentamiento, burbujas o graves desequilibrios macroeconómicos que puedan causar una ralentización significativa.

Otros apuntan a las subidas de tipos de la Reserva Federal. Sin embargo, tanto la política monetaria norteamericana, como la del resto de principales bancos centrales son todavía expansivas, no han llegado ni siquiera al nivel de neutralidad respecto al crecimiento.

El principal obstáculo para la actividad económica la mayoría lo vemos en el auge del proteccionismo en los países desarrollados. Su consecuencia más dañina a día de hoy es la guerra comercial iniciada por Trump este año estableciendo aranceles a las importaciones. Esta decisión política está frenando el comercio mundial y sus efectos son manifiestos en varios sectores (acero, industria del automóvil, etc).

¿Qué podemos esperar?

Como indiqué en el mes marzo, es muy difícil hacer previsiones de cómo va a evolucionar la guerra comercial porque depende de negociaciones internacionales en las que ni siquiera los propios políticos involucrados tienen claro cómo va a terminar.

A estas alturas sabemos que Trump ha conseguido dos objetivos con los aranceles. El primero es sentar a los políticos a renegociar los acuerdos comerciales a nivel bilateral y el segundo, dañar más las expectativas de crecimiento de otras economías que las norteamericanas, lo que debería darle cierta ventaja en las negociaciones.

Seguimos sin saber cuánto van a tensar la cuerda los políticos antes de llegar a un acuerdo, ni qué nivel de confianza generará dicho acuerdo, pero sí sabemos que, en principio, a ningún político le interesa dañar demasiado la economía. Todos ellos dependen del crecimiento a corto y medio plazo de sus economías para mantenerse al frente de sus gobiernos.

Rumbo Inversor

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