Qué te hace mantener una inversión cuando baja

Mantener la confianza cuando un activo sube es relativamente sencillo, lo difícil es hacerlo cuando baja. Los inversores debemos estar preparados para cuando vengan curvas

Foto: Caídas en bolsa... (EFE)
Caídas en bolsa... (EFE)

El error más típico entre los inversores menos cualificados es vender las inversiones cuando van mal. Es muy sencillo perder la confianza en un proyecto en el que los resultados no están siendo los esperados. Esto es algo muy grave porque la inmensa mayoría de las inversiones van mal en algún momento por diferentes motivos.

Los emprendedores normalmente están avisados. Suelen saber que es muy probable que lo pasen mal antes de obtener resultados satisfactorios. Sin embargo, la mayoría de inversores suelen tener a priori unas expectativas muy diferentes porque alguien les ha contado que es muy sencillo ganar dinero.

Una característica común de los inversores de reconocido éxito es su capacidad para mantener los activos en momentos en los que se deprecian. Revisando sus carteras podemos ver que una gran mayoría de las posiciones se mantienen de un año a otro. No suelen vender cuando sufren fuertes bajadas, ni cuando sus activos se revalorizan un 20 o un 50 por ciento. Confían en sus inversiones a largo plazo.

Mantener la confianza cuando un activo sube es relativamente sencillo, lo difícil es hacerlo cuando baja. Por ello, al igual que los emprendedores, los inversores debemos estar preparados para cuando vengan curvas. Cuando los valores bajan fuertemente normalmente hay motivos para ello. Pueden ser causas macroeconómicas, relativas al sector o que afecten a una empresa en concreto. El caso es que el precio de los activos en mercado cae y a menudo hay razones que explican la caída.

Al igual que los emprendedores, los inversores debemos estar preparados para cuando vengan curvas

En esa situación, solemos revisar nuestra tesis de inversión. Es evidente que el mayor riesgo percibido por la caída reciente del activo y los motivos que la han provocado van a pesar en el análisis. Además, debemos tener en cuenta que los humanos solemos tener un sesgo cognitivo que nos hace sobreponderar los argumentos recientes frente a los antiguos, y no necesariamente son más relevantes. En el otro lado de la balanza estarán los motivos que nos hicieron confiar en la inversión cuando decidimos realizarla y alguno nuevo, como la bajada del precio de cotización.

Ese balance de argumentos a favor y en contra es el que decidirá si vendemos, mantenemos o incluso si aumentamos la inversión. Cuando por desconocimiento, inexperiencia o falta de análisis no contamos con argumentos resistentes en caso de dificultades es muy probable que, ante cualquier traspiés, decidamos vender la posición.

Hay cuatro grupos de razones que suelen ayudar a los inversores para seguir confiando en los activos en momentos malos. Ordenados por la frecuencia en la que estimo que se utilizan son:

1º) Estadística. Varios estudios demuestran que en períodos de tiempo muy largos la bolsa siempre ha subido y ha generado buenas rentabilidades para los inversores. En consecuencia son muchos los que confían en tópicos del tipo “la bolsa a largo plazo siempre sube”, “lo mejor es no vender nunca”, etcétera.

2º) Valoración. La confianza reside en invertir en empresas que cotizan a múltiplos bajos sobre beneficios (PER), sobre flujos de caja, EBITDA, valor en libros, ventas, etc. En líneas generales cuanto más barato se invierte mayores son las probabilidades de que otro inversor quiera en el futuro comprar esos valores a un precio mayor.

[¿Inviertes como un empresario?]

3º) Modelo de negocio. El análisis de las ventajas competitivas es lo que permite a los inversores confiar en la sostenibilidad de los beneficios en el tiempo. De poco sirve estimar el beneficio del año en curso o del siguiente porque las valoraciones de la mayoría de empresas se realizan a muy largo plazo (incluso perpetuidad).

4º) Confianza en los directivos. Todas las empresas se enfrentan a dificultades y contratiempos. El mercado genera amenazas y oportunidades no previstas constantemente. Cuando los directivos tienen su dinero invertido en el capital de la empresa (skin in the game) y no tienen conflictos de interés con los accionistas suelen ser capaces de pensar en el largo plazo, aprovechar mejor las oportunidades que se presentan y encontrar soluciones para evitar las amenazas.

Personalmente, los motivos que a mí más me ayudan son los tres últimos. Y si los tuviera que ordenarlos por relevancia en mi caso, el orden sería el inverso al expuesto.

Rumbo Inversor
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