Culparemos al BCE del próximo ajuste presupuestario

Si le ofrecieran un préstamo a 5 años con un tipo de interés negativo ¿lo cogería? Tendría que devolver menos dinero del que recibe y además la inflación iría a su favor.

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Juan Gomez Bada

Si le ofrecieran un préstamo a 5 años con un tipo de interés negativo ¿lo cogería? Tendría que devolver menos dinero del que recibe y además la inflación iría a su favor, situándose probablemente entre el 1% y 2% anual. Esta es la oferta que hace hoy el BCE a los gobiernos de la eurozona.

Con tal proposición, ¿qué debemos esperar que hagan nuestros políticos? Lo ven desde tres puntos de vista: Primero, tienen hoy más dinero disponible para gastar porque los intereses de la deuda vigente, al renovarse a su vencimiento pasan de suponer un gasto a convertirse en un ingreso. Segundo, pueden incrementar la deuda del Estado sin que ello afecte negativamente a los presupuestos del año siguiente. Es más, afectaría positivamente al ser los tipos de interés negativos. Y tercero, siempre podrán justificar, con razón, que teniendo los niveles de tipos e inflación actuales es conveniente endeudarse.

Sin embargo, el BCE tiene otros planes a futuro. Pretende que esta oferta sea temporal. Cuando la inflación repunte, normalizará la política monetaria subiendo los tipos de interés. Habrá que pagar por los intereses de la deuda y se reducirá el presupuesto público disponible para destinar a pensiones, sanidad, educación, infraestructuras y otros servicios sociales. ¿Qué harán entonces los gobiernos de la eurozona? Ya lo hemos vivido. Ajustar el presupuesto con recortes en gasto y con nuevos impuestos.

Cuando todos le echemos la culpa del ajuste a la autoridad monetaria, el BCE responderá que no le quedaba más remedio que bajar tipos y comprar deuda pública para hacer subir la tasa de inflación al nivel objetivo del 2%. Sin embargo, hay alternativas para aumentar la oferta monetaria sin incentivar todavía más el gasto de los gobiernos. En el caso de que fuera necesario, el BCE podría comprar activos privados (deuda y capital de empresas) para impulsar la inversión y hacer subir la inflación.

Esta decisión tendría 2 ventajas y un inconveniente. El primer aspecto positivo es que con una menor cantidad de compras conseguiría un mejor resultado, porque es una herramienta de política monetaria que apenas se ha utilizado. Por otro lado, la inyección de dinero se podría repartir con una mayor capilaridad en la economía, de manera que en lugar de regar con una manguera que inunde una parte pequeña del jardín (gobiernos y grandes empresas) pueda hacerlo como un aspersor de manera que se reparta la liquidez por un área muy superior del jardín (alcanzando a empresas más pequeñas). El inconveniente de esta intervención es que es igual de adictiva que las bajadas de tipos y las compras de deuda. A largo plazo las empresas podrían depender de la financiación del BCE. La retirada de estímulos sería igual de peliaguda y también debería realizarse lentamente.

En la situación actual, hay dos visiones. La primera defiende que los tipos negativos y la baja inflación son el “nuevo normal” al que debemos acostumbrarnos. La segunda, la tenemos quienes consideramos que imprimir dinero no es la solución a todos los males de la economía, seguimos confiando en la Ley de la oferta y la demanda, y entendemos que el aumento de la inflación será la consecuencia lógica del abuso en el incremento de la oferta monetaria.

Rumbo Inversor
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