Diferencias entre la ralentización actual y la crisis de 2008

El origen de la crisis de 2008 fue el estallido la burbuja de crédito. Ahora el problema es otro , estamos inmersos en una crisis política internacional provocada por el proteccionismo

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El miedo a una nueva crisis se palpa en el ambiente. Es el tema de moda en todo tipo de corrillos. Está en las tertulias económicas, pero también es habitual oir gente hablando de ello en un avión, en un tren o en las peluquerías. Se tiene muy presente lo que ocurrió hace una década y todo el mundo quiere estar preparado.

No obstante, a pesar de que el miedo es similar, las causas y consecuencias de la situación actual son muy diferentes. Veamos por qué.

El origen de la crisis de 2008 fue el estallido la burbuja de crédito. Es decir, se trató de una crisis económico financiera provocada por la acumulación de desequilibrios. Hace una década el miedo era de impago de las deudas, de colapso del sistema financiero y de ruptura de la eurozona.

Actualmente el problema es otro, estamos inmersos en una crisis política internacional provocada por un proteccionismo que avanza cada día. Los peores efectos los vemos en la guerra comercial y el Brexit. Esta vez, el miedo está en la incertidumbre que generan las fronteras al comercio que se están levantando.

La crisis de 2008 se solucionó lentamente con dolorosos ajustes de los agentes económicos más endeudados (empresas, bancos y Estados) y, por otro lado, con una eficaz política monetaria que actuó de prestamista último cuando nadie prestaba dinero, bajó tipos para incentivar la inversión y compró activos para aumentar la oferta monetaria y así evitar una severa deflación.

Esta vez, se solucionará con acuerdos políticos internacionales, aunque sean parciales, que reduzcan el nivel de incertidumbre generado. Esto es lo único que puede recuperar la confianza de la economía de empresarios primero y de consumidores después. La parte buena es que no es necesario un ajuste doloroso. En el momento en que se produzcan acuerdos la recuperación será rápida. La parte mala es que los acuerdos pueden tardar en llegar.

Esta vez, una política monetaria ultralaxa es inútil porque no hay falta de crédito y porque la inversión no la incentivan unos tipos más bajos. Entre que los tipos estén al 1%, al 0% o al -1% no hay diferencia para un empresario en la toma de decisiones. Un empresario invertirá solamente si tiene claro que puede ofrecer bienes y servicios a sus clientes al precio que estos demandan. Por otro lado, los tipos de interés negativos están desincentivando la inversión porque expulsan a los inversores que quieren financiar la actividad a tipos bajos pero positivos.

Termino destacando que la situación de la economía española es muy diferente a la de hace diez años. En 2008, España contaba con todas las papeletas para sufrir mucho más que otros países. Había una burbuja inmobiliaria, un sector financiero con un peso mucho mayor que en otras economías, un elevado y sostenido déficit por cuenta corriente y se había producido una fuerte pérdida de competitividad respecto a la mayoría de países de la Eurozona.

Esta vez la posición relativa de la economía española es mejor, para afrontar este tipo concreto de desaceleración. No tiene un fuerte superávit en la balanza de pagos que ahora se vea amenazado y la mayoría de sus exportaciones se dirigen a Europa, por lo que el impacto de los aranceles en sus empresas será menor. Es decir, la economía española previsiblemente se enfrentará a una ralentización más suave que las de otros países de nuestro entorno.

En conclusión, aunque los miedos nos recuerden a lo que vivimos hace diez años, la situación no tiene nada que ver. La crisis de 2008 y la ralentización actual se parecen tanto como una pulmonía y una gastroenteritis. Cuanto antes seamos conscientes del tipo de enfermedad a la que nos enfrentamos, antes aplicaremos el tratamiento adecuado.

Rumbo Inversor
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