La gestión pasiva y el cheque en blanco

El concepto de gestión pasiva supone una barbaridad porque los inversores están actuando irresponsablemente al dejar de ejercer su control sobre los directivos

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¿Es práctica habitual que empresas competidoras compartan socios? Esta pregunta me la hizo un inversor hace unos días tras comprobar que dos de los tres mayores accionistas de la multinacional cotizada en la que trabaja son también propietarios de gran parte del capital de un competidor.

Le inquietaban las decisiones que podrían tomar los dueños de su empresa tras el estallido de la crisis del covid-19 respecto al negocio y a los trabajadores. Por ello, se interesó por saber quiénes eran. Al ver que su principal competidor tenía los mismos dueños que su compañía se preocupó. Lo normal, si te encuentras esto en una situación como la actual, es esperar una fusión entre ambas sociedades con el objetivo de ahorrar despidiendo duplicidades en las plantillas.

Sin embargo, para su alivio, los accionistas presentes en el capital de las dos compañías competidoras eran Vanguard y Blackrock. Le expliqué que eran las dos principales gestoras a nivel global de ETFs y fondos indexados. Con el boom de la gestión pasiva se han convertido en dos de los principales accionistas de todas las grandes cotizadas de cualquier sector.

Le indiqué también que estos accionistas no interferían en absoluto en la gestión de la compañía. Es más, tienen que comprar acciones de todas las cotizadas que estén en los índices bursátiles y están obligados a acudir a cualquier ampliación de capital independientemente del precio o de la viabilidad del plan de negocio. En otras palabras, estos accionistas dan un cheque en blanco a los directivos para que hagan lo que consideren. En ese momento se dio cuenta de que en su empresa no mandaban los dueños, quienes arriesgan su capital, sino el primer ejecutivo de la compañía. Éste es, en la práctica, quien ejerce de propietario, aunque tiene otros intereses diferentes a los de los accionistas.

Le conté que había tratado de explicar muchas veces la barbaridad que supone el concepto de gestión pasiva porque los inversores están actuando irresponsablemente al dejar de ejercer su control sobre los directivos. Ni siquiera de la manera más básica: poder decidir no comprar acciones si no se está de acuerdo con las decisiones de los directivos. Le dije también que me sentía incomprendido porque estos motivos le parecen poco relevantes a la mayoría de los inversores. Entonces, ocurrió el milagro. Me respondió: “yo te entiendo”.

Rumbo Inversor
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