Rumbo Inversor
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Análisis de la rentabilidad: la hora de la verdad
El problema es que a muchos inversores les faltan herramientas y objetividad para valorar el desempeño de sus inversiones
Estamos acabando el año, y es ahora cuando muchos inversores juzgan si la rentabilidad de sus carteras ha sido satisfactoria y hasta qué punto es mejorable. ¿Sigo con lo que tengo o debo cambiar? Es una pregunta muy común estos días y muy útil porque nos hace replantearnos las decisiones de inversión tomadas y nos ayuda a mejorar.
El problema es que a muchos inversores les faltan herramientas y objetividad para valorar el desempeño de sus inversiones. Veamos los tres errores más habituales:
El primero es no medir la rentabilidad de la cartera. Muchos inversores no ponen en un Excel cuál ha sido los rendimientos obtenidos netos de gastos. Se fijan en la rentabilidad de algunas posiciones, habitualmente las que mejor se han comportado, porque las que han ido mal no las quieren ni mirar. El hecho es que no calculan la rentabilidad de la cartera en su conjunto. Es decir, ni ponderan pesos según el volumen de cada inversión ni restan adecuadamente los gastos financieros e impuestos en los que han incurrido.
Este tipo de inversores suelen vivir autoengañados. Normalmente se creen que les va mejor de lo que realmente se revaloriza su patrimonio. La solución a este error es muy sencilla: ponerse manos a la obra y hacer los cálculos, aunque sean aproximados.
El segundo problema más habitual es no saber contra qué compararse. ¿Es un 5% una rentabilidad aceptable, insuficiente o excelente? La consecuencia más común de la falta de referencias con las que compararse es que aceptamos lo que nos toca y caer en el inmovilismo.
Para salir de dudas, lo mejor es mirar el rendimiento de otras inversiones que se pudieran haber hecho. Sin embargo, la comparación no es sencilla porque el riesgo de las diferentes alternativas de inversión podría ser muy diferente. Por poner un ejemplo, normalmente es mejor ganar un 5% en un activo de bajo riesgo que un 6% en un activo en el que haya altas probabilidades de perder toda la inversión.
Lo mejor es comparar los resultados con los rendimientos que hayan tenido activos similares
Por ello, lo mejor es comparar los resultados con los rendimientos que hayan tenido activos similares. A largo plazo, tiene sentido comparar la rentabilidad de una acción con la de un índice bursátil o la rentabilidad de un fondo con el rendimiento medio de los fondos de la misma categoría. Cuanto mejor definamos el índice representativo con la acción o la categoría del fondo mejor podremos juzgar el resultado obtenido.
Mi consejo es medir una acción contra el índice (conjunto) de empresas más similar, este suele ser un índice sectorial. En el caso de fondos, lo mejor es utilizar las webs o buscadores de las empresas que dan 'ratings' y elaboran 'rankings' de fondos, como Morningstar, Expansión, Citywire o VDOS.
El tercero de los problemas más comunes es tomar decisiones precipitadas por medir resultados a corto plazo. A menudo se revisan las rentabilidades de un trimestre o de un año, se vende lo que ha ido peor y se incrementa que lo que mejor resultado ha dado. Esta estrategia nos convierte en seguidores de rentabilidades pasadas que casi nunca obtienen las rentabilidades que esperan.
Opinión La solución para este tipo de error de inversión es valorar otras características de las inversiones no relacionadas con la rentabilidad pasada, sobre todo cuando se trata de estrategias de inversión poco diversificadas, como en acciones individuales. Si miramos la rentabilidad pasada de activos que cuentan con elevada diversificación, como los fondos, lo mejor es fijarse en plazos lo más largos posible.
Para que la rentabilidad llegue, debemos ser exigentes. Tenemos que juzgar el desempeño de las personas en las que confiamos, y medir el resultado de las inversiones en el plazo que nos hayamos impuesto. Puede que haya habido mala suerte, o puede que alguien, de manera elegante, se esté quedando poco a poco con tu dinero, cobrando unas comisiones y prometiendo a cambio unos resultados que no llegarán.
Estamos acabando el año, y es ahora cuando muchos inversores juzgan si la rentabilidad de sus carteras ha sido satisfactoria y hasta qué punto es mejorable. ¿Sigo con lo que tengo o debo cambiar? Es una pregunta muy común estos días y muy útil porque nos hace replantearnos las decisiones de inversión tomadas y nos ayuda a mejorar.