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Dónde va el sector financiero y qué será de los ahorradores
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Juan Gómez Bada

Rumbo Inversor

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Dónde va el sector financiero y qué será de los ahorradores

Los ahorradores, acostumbrados a dejar su ahorro en depósitos y recuperar una parte significativa de la inflación vía intereses, se han quedado huérfanos

Foto: Foto: iStock
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La regulación financiera que siguió a la crisis de 2008 y el avance de las tecnologías de la información sigue provocando una profunda transformación del sector financiero.

La banca está perdiendo cuota de mercado a marchas forzadas tanto en el negocio de medios de pago como en la canalización del ahorro hacia la inversión.

En medios de pago cada vez hay más y mejores alternativas para particulares y empresas. Negocios como Google Pay, Apple Pay, Square y nuevas fintech hacen cada día más pequeña la tarta que les queda a los bancos. Además, las posibilidades de las finanzas descentralizadas (DeFi) en este ámbito son enormes. Todavía no sabemos exactamente hacia dónde nos llevarán, pero todo apunta a que la banca no estará a la vanguardia de los cambios.

En la canalización de ahorro hacia la inversión, el mayor negocio de los bancos, las perspectivas no son nada halagüeñas para las entidades de crédito tradicionales. Los mayores requisitos de capital de la banca han hecho menos atractivo el negocio de depósitos y créditos y se ha acelerado la desintermediación de los bancos entre ahorradores y empresas. La consecuencia es el aumento del tamaño de los mercados de capitales.

Foto: Parque eólico. (iStock)

Por este motivo, el ahorro de los particulares cada vez ocupa un espacio menor en los balances de los bancos y llega a las empresas a través de los mercados de capitales (acciones, bonos, fondos de inversión, fondos de capital riesgo, planes de pensiones, etc). Por otro lado, los créditos y préstamos bancarios cada vez representan una menor parte de la financiación que necesitan las empresas.

Este cambio ha dado alas a las startups y proyectos empresariales con más riesgo. Mientras la banca tradicional da crédito solamente a quien puede ofrecer elevadas garantías, sin entrar a valorar el proyecto empresarial, los inversores de los mercados de capitales ofrecen financiación (capital y deuda) a negocios cuya viabilidad está por demostrar, pero cuya rentabilidad potencial puede ser mucho más elevada.

Por estos motivos, los propios bancos están impulsando sus negocios relacionados con los mercados de capitales, que les genera ingresos vía comisiones, y el negocio tradicional de margen financiero (crédito y depósitos) cada vez representa una parte menor en su cuenta de resultados.

Foto: José Luis Escrivá, ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. (EFE/Fernando Alvarado)

¿Qué pasa con los depositantes?

Los ahorradores, acostumbrados a dejar su ahorro en depósitos y recuperar una parte significativa de la inflación vía intereses, se han quedado huérfanos. Los depósitos son cada vez menos interesantes para los bancos. Aunque suban los tipos de interés, los bancos no querrán pujar por el ahorro de los depositantes. La excepción serán las campañas de marketing cuyo objetivo real sea vender otros productos o servicios financieros.

En esta situación, los ahorradores están poco a poco dándose cuenta de que deben acudir a los mercados de capitales si quieren rentabilizar o preservar el valor de compra de su ahorro. Deben hacer lo que antes hacían los bancos por ellos: decidir dónde invierten. Es decir, decidir en quién confían y en quién no. En ese camino habrá sustos y alegrías, pero poco a poco irán formando su propio criterio de inversión.

A nivel macroeconómico, estos cambios mejoran la calidad de la financiación que llega a las empresas y reducen el riesgo de quiebra de las entidades financieras porque los servicios que prestan relacionados con los mercados de capitales no comprometen sus balances.

La regulación financiera que siguió a la crisis de 2008 y el avance de las tecnologías de la información sigue provocando una profunda transformación del sector financiero.

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