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Las cuentas que casi ningún inversor hace
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Juan Gómez Bada

Rumbo Inversor

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Las cuentas que casi ningún inversor hace

Lo mejor para las entidades es cobrar muchas veces pequeñas comisiones y omitirlas en los gráficos de rentabilidad que muestran a sus clientes.

Foto: Evolución de los mercados. (iStock)
Evolución de los mercados. (iStock)

¿Cuánto se ha revalorizado tu cartera en los últimos tres años? Son muy pocos los inversores que pueden contestar a esta pregunta con precisión porque los cálculos no son sencillos.

La mayoría de los inversores han ido comprando y vendiendo activos de manera secuencial por importes diferentes. Por el camino, han sufragado muchas veces pequeños gastos y comisiones, han pagado impuestos y han percibido dividendos e intereses. Además, el capital destinado a la inversión ha sufrido cambios porque han ido ahorrando o han utilizado el propio capital invertido para otros menesteres como la compra de un coche o para pagar parte de las vacaciones.

Las entidades financieras ofrecen datos que parecen detallados y completos de la rentabilidad de las inversiones, pero no suelen ser los que les interesan a los inversores porque faltan comisiones, impuestos, dividendos e intereses por incluir. Además, una vez vendido un activo no suelen tener en cuenta el resultado positivo o negativo que ha generado.

Foto: Hyperice es una compañía enfocada a la tecnología de recuperación muscular participada por la NFL. (Fuente: Hyperice)

En definitiva, hay muchas variables que considerar y no se dispone del tiempo para llevar el registro de todos los cambios y realizar los cálculos necesarios.

Esta es la situación en la que se encuentran la inmensa mayoría de los inversores y las entidades lo saben. En esta tesitura, lo mejor para las entidades es cobrar muchas veces pequeñas comisiones y omitirlas en los gráficos de rentabilidad que muestran a sus clientes.

El mejor cliente para las entidades es aquel que invierte en un activo en dólares (acciones, bonos, etc); no se da cuenta de que le han metido un rejón oculto en el tipo de cambio al pasar los euros a dólares; no ve las comisiones de mantenimiento de las inversiones en las gráficas que le muestran y, cuando vende y vuelve a pagar comisiones de transacción y de cambio de divisa, el dinero que recibe se mezcla con el de su operativa habitual de ingresos y gastos. Para colmo, escuchará al comercial de turno decirle que ha ganado un 7,5% en la inversión porque compró a 18 dólares y vendió a 19,35 dólares. Si el cliente hiciera los cálculos, se daría cuenta que la rentabilidad neta, después de todo tipo de gastos, no tendría nada que ver.

Los inversores, por su parte, deberían simplificar su cartera para tener al menos un dato aproximado de la rentabilidad neta que obtienen.

Foto: Pantallas que muestran la evolución del IBEX 35 de la Bolsa de Madrid. (EFE/Altea Tejido Sánchez)

Una manera es utilizar para las inversiones un banco diferente al de nuestra operativa diaria de ingresos y gastos. Si se envía una cantidad a otra entidad y se aparta del resto de nuestra operativa, la evolución del patrimonio total en esa entidad nos indicará la rentabilidad neta de gastos a lo largo de los años.

Otra forma podría ser invertir una parte vía fondos de inversión, ya que estos productos suelen incluir todos los gastos en la rentabilidad que muestran y son traspasables de unos a otros sin coste fiscal. Si tenemos claro cuánto hemos invertido en fondos, podremos hacer un sencillo cálculo de cómo ha evolucionado ese patrimonio, aunque se haya cambiado de fondos y/o entidades.

Termino indicando que, si no se puede calcular la rentabilidad neta de la cartera por la complejidad, por lo menos se debe realizar el esfuerzo de calcular cual ha sido la rentabilidad efectiva de cada inversión de manera separada, considerando todo tipo de gastos y el efecto de los impuestos.

Si no hacemos estos cálculos nos estaremos engañando a nosotros mismos, no mejoraremos nuestro proceso de inversión y nos convertiremos en carne de cañón para las entidades financieras que quieran sacar provecho de nuestro desconocimiento.

¿Cuánto se ha revalorizado tu cartera en los últimos tres años? Son muy pocos los inversores que pueden contestar a esta pregunta con precisión porque los cálculos no son sencillos.

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