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Así es la etiqueta europea de las inversiones
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Juan Gómez Bada

Rumbo Inversor

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Así es la etiqueta europea de las inversiones

Europa quiere capital… pero sin empresas que ganen dinero

Foto: "Autoboicot ilustrado". Foto: Istock.
"Autoboicot ilustrado". Foto: Istock.

Europa, cuna del pensamiento ilustrado, del Renacimiento y, cómo no, de los impuestos creativos, acaba de dar un paso decisivo hacia la consolidación de su sello propio en el mundo de la inversión. Mientras Estados Unidos se empeña en atraer capital con empresas tecnológicas líderes, innovación a raudales y normativas que tienen en cuenta las necesidades de las empresas, la Unión Europea ha optado por otro camino: crear un distintivo inconfundible para los productos de inversión europeos. Uno que diga claramente: "Aquí penalizamos la eficiencia, el crecimiento y las ganas de emprender. Y, además, lo hacemos con estilo".

Todo empezó con una intención noble, ¡cómo no!: fomentar una identidad europea de la inversión, una especie de denominación de origen para que el ahorro europeo genere empresas, conocimiento y empleo en Europa y no siga emigrando masivamente a índices como el S&P 500 o el MSCI World, donde, por cierto, Estados Unidos ronda el 70 % del peso. Una sangría financiera, un drama para las aspiraciones económicas y sociales del Viejo Continente.

¿La solución? «Fácil»: un nuevo impuesto único en el mundo para financiar el presupuesto de la UE que cobrará a las empresas que tengan actividad en Europa no por sus beneficios (eso sería demasiado razonable), sino por sus ingresos. Sí, sí, ha leído bien. Un impuesto sobre los ingresos. Sobre el total facturado. Como quien te cobra por mirar la pizza, aunque no te la comas. Y esto no es en lugar del impuesto de sociedades, no. Es además del impuesto de sociedades. Lo llaman "sello europeo".

Esta «marca de la casa» es, sin duda, diferencial. Está diseñado para hacer daño especialmente a las empresas más competitivas a nivel global, aquellas con mayor facturación, que son precisamente las que necesitan más financiación y, por ello, muchas cotizan en los mercados de capitales. Lo de fomentar la inversión y la innovación lo dejamos para Silicon Valley. Aquí en Europa preferimos que nuestras empresas se lo piensen dos veces antes de crecer. O de existir.

Foto: gasto-publico-inflacion-defensa-patrimonio-1hms Opinión

Volvamos un momento al aula. Cuando empecé a estudiar sobre empresas, nos plantearon un caso muy sencillo:

—«Imaginad que queréis ganar 100 euros.

—Podéis fabricar una silla que cuesta 100 € y venderla por 200 €. ¡Voilá! 100 € de beneficio. O podéis fabricar 100 sillas con el mismo coste unitario y vender cada una por 101 €. Resultado: los mismos 100 € de beneficio, pero más volumen, más eficiencia y más potencial de mejora para disminuir costes unitarios».

La conclusión era clara: el segundo modelo es más robusto, más competitivo y más resistente ante rivales. Hasta ahí, bien. Ahora, apliquemos la lógica del nuevo impuesto europeo:

  • El que fabrica una silla y la vende por 200 € tiene una base imponible de… 200 €.
  • El que fabrica 100 sillas y las vende a 101 € cada una tiene una base imponible de… 10.100 €.

Mismo beneficio, 50 veces más impuestos para la empresa eficiente. ¡Una genialidad recaudatoria! El mundo al revés, con denominación de origen UE.

Mismo beneficio, 50 veces más impuestos para la empresa eficiente

Y ojo, que esto no es una broma fiscal improvisada. No. Es un rediseño a conciencia. Con este enfoque, Europa logra algo verdaderamente innovador: castigar el crecimiento y premiar la mediocridad. El nuevo lema europeo podría ser: «Si facturas poco y no molestas, pagarás menos. Y si creces, prepárate, te debilitaremos hasta que consigamos que no puedas competir y tengas que cerrar».

Ahora bien, un buen impuesto es aquel que recauda más cuando los ciudadanos prosperan. Si ganas más, pagas más (IRPF). Si tu empresa tiene más beneficios, pagas más (Sociedades). Si consumes más, pagas más (IVA). Sencillo, lógico, predecible.

¿Alguien ha dejado de pedir un aumento de sueldo por miedo a pagar más impuestos? ¿Alguien prefiere un hotel de dos estrellas en lugar de uno de cinco para pagar menos IVA? Claro que no. Porque un buen impuesto no desincentiva el progreso.

Un buen impuesto no desincentiva el progreso

Y por eso, estos tres tributos tradicionales representan cerca del 85 % de la recaudación. Porque funcionan. Porque no insultan la inteligencia del contribuyente.

En cambio, este nuevo invento europeo tiene un efecto mágico:

  • Desincentiva a los emprendedores (no te arriesgues, que, si facturas mucho, pagas más… aunque no ganes más).
  • Desincentiva a los inversores (¿por qué invertir en empresas europeas penalizadas, pudiendo elegir otras donde el castigo no es tan severo?).
  • Desincentiva a las empresas establecidas (que buscarán cambiar su sede social, fusionarse con extranjeras o simplemente dejar de crecer en Europa).

Este impuesto, junto con su primo cercano —el impuesto de los idiotas, con denominación de origen española— forma parte de una corriente de diseño fiscal que podríamos bautizar como autoboicot ilustrado.

Foto: competitividad-europa-comision-tecnologia-1hms Opinión
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Y esto no sería tan grave si no viviéramos en un continente donde cada vez más personas llegan con menos formación y recursos, mientras echamos a patadas a quienes más pueden aportar. Una ecuación sencilla: si expulsas talento y atraes dependencia, no necesitas una bola de cristal para adivinar el futuro de las pensiones, la sanidad o la educación. Solo necesitas saber dividir. Formación básica que, al parecer, escasea.

Como inversores, no nos queda otra que adaptarnos: menos Europa en cartera y más empresas competitivas. Y si alguien pregunta por qué, siempre podremos responder: «Porque prefiero que me cobren por ganar, no por intentarlo».

Europa, cuna del pensamiento ilustrado, del Renacimiento y, cómo no, de los impuestos creativos, acaba de dar un paso decisivo hacia la consolidación de su sello propio en el mundo de la inversión. Mientras Estados Unidos se empeña en atraer capital con empresas tecnológicas líderes, innovación a raudales y normativas que tienen en cuenta las necesidades de las empresas, la Unión Europea ha optado por otro camino: crear un distintivo inconfundible para los productos de inversión europeos. Uno que diga claramente: "Aquí penalizamos la eficiencia, el crecimiento y las ganas de emprender. Y, además, lo hacemos con estilo".

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