Incluso entrando en los peores momentos del mercado, como el estallido de las puntocom o la crisis de Lehman Brothers, un inversor habría conseguido beneficios a día de hoy. Y no pequeños, por cierto
La bolsa es como un festival de música. Uno en el que nunca sabes qué grupos van a tocar, ni en qué orden. Puede que llegues antes de que salga al escenario tu cantante favorito. O puede que tengas mala suerte. Que llegues tarde, cuando ya han tocado todos los grupos buenos y la gente comienza a estar ya de bajón.
Sin embargo, la bolsa tiene una gran ventaja. Es un festival que nunca termina. A veces tocan grupos buenos y, a veces, malos. Pero el show continúa. Además, y esto es muy importante, los grupos son cada vez mejores. No importa lo buena que sea una actuación. Tarde o temprano habrá otra aún mejor que la anterior.
Con esto quiero decir que no hay que obsesionarse con el momento de entrada al mercado. Puedes tener mala suerte y hacerlo justo antes de que se produzca una bajada. O quizá lo hagas en el momento previo a un repunte. La cuestión es que, aunque te equivoques, si inviertes a largo plazo la cosa no es tan grave. La tendencia de fondo es alcista. La bolsa tiende a batir continuamente sus propios máximos. ¿Te perdiste la última remontada? No pasa nada. Ya habrá otra que compense las caídas y que te lleve incluso más arriba que la anterior.
Veámoslo con un ejemplo. Los expertos de la gestora Tesys hicieron un ejercicio muy interesante en este sentido. Calcularon qué hubiera pasado si un inversor con mala suerte hubiera entrado en los dos peores momentos del mercado en la bolsa americana. De ese modo, simularon qué hubiera sucedido si hubiera invertido 10.000 dólares justo en los máximos de marzo de 2000, en plena burbuja puntocom. Creo que no os hago spoiler si os cuento lo que pasó después. La burbuja estalló y el S&P 500 llegó a corregir un 50% hasta los mínimos de 2002.
Además, simularon también qué hubiera pasado si ese mismo inversor hubiera invertido otros 10.000 dólares en el siguiente peor momento de la historia: las postrimerías del mercado alcista de 2007. Justo antes de la crisis de Lehman Brothers. Tampoco hace falta que os diga lo que pasó a continuación... caídas del 57% en apenas un año.
Hablamos, por tanto, de un inversor con muy mala suerte. Un cenizo incluso. Pues bien, incluso un inversor de esas características habría ganado dinero. En el año 2013 ya estaría en positivo. Y en 2025, los 20.000 dólares invertidos se habrían convertido en 63.000 (sin contar dividendos). Lo cual deja una rentabilidad anualizada cercana al 6%. Ni tan mal para un inversor gafe.
La conclusión principal es que no importa lo malo que sea el momento en el que entres en bolsa. En todo caso, si tienes la paciencia suficiente, tu inversión se revalorizará y compensará incluso los sinsabores del corto plazo. Lo importante es que dejes que el paso del tiempo (y el interés compuesto) obren su magia. Y, lo más difícil de todo, que no toques la cartera.
Si ese mismo inversor se hubiera asustado, y hubiera vendido al ver que su apuesta había salido rana en el corto plazo, nunca habría tenido la oportunidad de recuperarse del golpe e incluso generar beneficios. Y esto, hemos de reconocerlo, no es nada fácil. Mantener la inversión cuando vienen muy mal dadas en bolsa apela a toda nuestra fuerza de voluntad. Es probable que los sesgos emocionales -en este caso, la aversión al riesgo- nos lleven a tomar decisiones impulsivas. Pero lo cierto es que si hay una estrategia ganadora en bolsa es esta: no hacer nada… Y esperar.
Volviendo a nuestro símil del principio, si estás en un festival random y tocan un par de grupos malos, no te desesperes. Tampoco te vayas pensando en volver más adelante. No sabes cuándo va a sonar ese temazo que te va a elevar a las alturas. Lo único que sabes con certeza es que en algún momento sonará… ¿te lo quieres perder?
La bolsa es como un festival de música. Uno en el que nunca sabes qué grupos van a tocar, ni en qué orden. Puede que llegues antes de que salga al escenario tu cantante favorito. O puede que tengas mala suerte. Que llegues tarde, cuando ya han tocado todos los grupos buenos y la gente comienza a estar ya de bajón.