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Clarisa Sekulits

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Invertir es para ricos y otros mitos navideños

Comprar un fondo de inversión cuesta menos que un décimo de la Lotería de Navidad. Y, a largo plazo, las probabilidades juegan mucho más a tu favor

Foto: Lotería de Navidad. (iStock)
Lotería de Navidad. (iStock)

De todos los tópicos que circulan en torno al mundo de la inversión, hay uno que me irrita especialmente: invertir es para ricos. Insinúa que es algo elitista, lejos de las posibilidades del ciudadano de a pie. Nada más lejos de la realidad.

Es cierto que en España la renta disponible de las familias sigue por debajo de la media de muchos países de nuestro entorno. Eso es un hecho. Pero también es cierto que, a menudo, esos recursos no se destinan únicamente a bienes de primera necesidad. Hay un gasto discrecional —a veces claramente superfluo— que puede modularse.

Ahí va un ejemplo: el gasto medio en smartphones. El precio medio de un móvil en España ronda los 350 euros, uno de los más altos de Europa. En países como Francia, Alemania o Austria predominan los modelos más económicos, mientras que en España optamos mayoritariamente por la gama media-alta.

O piensa en la Lotería de Navidad: gastamos de media unos 75 euros al año. No es estrictamente una inversión a fondo perdido, pero casi: la mayor parte de los décimos —en torno al 85%— no obtiene premio alguno.

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En definitiva: no somos ricos, pero sí tenemos cierto margen para el ahorro. Aunque sea pequeño. Y cuando ese ahorro existe, lo más eficiente es invertirlo para que no se lo coma el ratoncillo de la inflación con el paso de los años.

Además, invertir en fondos de inversión o en planes de pensiones es muy barato. Tienes literalmente cientos de productos a elegir desde una inversión mínima de diez euros. A veces, incluso menos. Y si seleccionas con cuidado la entidad donde los contratas, no tienes por qué abonar ningún tipo de gasto adicional. Hasta puedes programar aportaciones periódicas de forma gratuita.

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Habrá quien piense que con un pequeño importe mensual no se llega muy lejos. Tampoco estoy de acuerdo. El salario mediano en España ronda los 1.500 euros netos al mes. Si ahorras el 10% de esa cifra —unos 150 euros al mes— e inviertes ese dinero en bolsa con una rentabilidad similar a la histórica del S&P 500 (alrededor del 10% anual), podrías acabar acumulando en torno a 340.000 euros en treinta años. Una cantidad nada despreciable para un esfuerzo mensual relativamente modesto.

Por cierto que para invertir tampoco hace falta ser un gran experto ni contratar asesores carísimos. Un fondo indexado puede ser suficiente. Y si lo prefieres, puedes optar también por un robo-advisor: desde 150 euros, accedes a una cartera adaptada a tu perfil de riesgo, sin tener que gestionar nada en el día a día. Servicio llave en mano.

Así que no, invertir no es para ricos. De hecho, es exactamente lo contrario: cuanto menos dinero tienes, más te conviene aprovecharlo al máximo. Comprándote un móvil un poco más barato, renunciando a ese taxi o a esa caña, puedes acumular una cantidad significativa a largo plazo. Para el máster de tus hijos. Para reformar tu casa. O simplemente para garantizarte un mayor bienestar cuando llegue la jubilación.

No tendrá la emoción de escuchar a los niños de San Ildefonso cantando los números, pero a largo plazo, invertir —con cabeza y sin asumir riesgos innecesarios— casi siempre acaba en premio. Yo me lo pensaría.

De todos los tópicos que circulan en torno al mundo de la inversión, hay uno que me irrita especialmente: invertir es para ricos. Insinúa que es algo elitista, lejos de las posibilidades del ciudadano de a pie. Nada más lejos de la realidad.

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