La última trinchera

Durante los últimos días he tenido la oportunidad de conversar con algunos de los gestores de fondos con los que estuvo recientemente nuestra ministra de Economía

Durante los últimos días he tenido la oportunidad de conversar con algunos de los gestores de fondos con los que estuvo recientemente nuestra ministra de Economía en su gira internacional. Parece ser que el planteamiento de la vicepresidenta segunda consistió en hablar mucho de Irlanda y Portugal, supongo que con la sana intención de desviar la atención hacia esos países. Llegado un momento alguien le espetó: “Sra. ‘Finance Minister’, a nosotros Irlanda y Portugal nos importan un bledo.

 

Juntos no representan mucho más del 3% del PIB de la zona euro. Es un problema que se arregla con 100.000 o, a lo sumo, 150.000 millones de euros (y yo añado que de esos que al venir de los impuestos “no son de nadie”, como dijo una política española). Lo que de verdad nos preocupa, Sra. ministra, son ustedes. España representa el 11,5% del PIB de la Eurozona. En otras palabras, es demasiado grande para ser salvada (“too big to bail”). Sra. ministra: los ojos del mundo están puestos en Uds”. Creo que la ministra se quedó perpleja, lo cual ya es preocupante, pues si se enteró en ese momento, mal empezamos.

 

Efectivamente, España es la última trinchera. Era la gran esperanza blanca: grande, con ganas de trabajar y de modernizarse, con empresas internacionales punteras. Era el ejemplo de que un país “periférico” podía incorporarse a la Europa de “los de siempre”. Su caída sería un auténtico mazazo. Obviamente, los analistas extranjeros no sabían ni lo que eran las cajas de ahorros, ni que el país había escogido un modelo de crecimiento basado en el Monopoly, ni que la clase política estaba formada por lo peor de cada casa, por aquellos que no pudieron ser médicos, arquitectos o empresarios, etc. En fin, evitaré la tentación de entrar en política y me limitaré a comentar qué creo que pueden hacer inversores y ahorradores en este escenario.

 

Hay tres posibilidades, y hay que seguirlas con atención para adaptar la estrategia de inversión al devenir de las mismas. Primero, la mejor: los mercados coinciden con la ministra, se dan cuenta de que España “is different” y nos dejan en paz. En ese caso lo que hay que hacer es sobreponderar activos de riesgo. Las bolsas mundiales estaban despegando y los bonos corporativos seguían funcionando muy bien, por poner un par de ejemplos.

 

La segunda opción empezaría después del rescate a Portugal e Irlanda. Sería entonces cuando la realidad -que no los especuladores - atacaría a España. Ante la inacción política, los mercados, portavoces de la cruda realidad, empezarían a escarbar en la basura político-inmobiliaria que se acumula en cajas y bancos españoles, sobre todo en las primeras. La opacidad de estas y su carácter de banco dirigido por políticos les pondrán los pelos de punta.

 

La prima de riesgo superaría los trescientos puntos. Verán, asimismo, que la reforma financiera ha consistido en tapar agujeros con dinero público, sin atacar la raíz del problema y con la aquiescencia de la oposición (en las cajas hay políticos de todos los colores). La prima de riesgo se acercaría entonces a los trescientos cincuenta puntos. A continuación se preguntarán cómo es posible que en esa situación las cajas ofrezcan depósitos al 4% utilizando el dinero de los ciudadanos (el FROB). Y empezarán a escarbar en la deuda de autonomías y ayuntamientos. Se alcanzan los 450 puntos o más de diferencial.

 

Llegados a este punto se plantea la lucha final. Podría resolverse con elecciones anticipadas, un gobierno de coalición o, quién sabe, incluso si el gobierno actual sacara al campo de batalla nuestra única, verdadera y definitiva arma secreta: la posibilidad de reducir el tamaño de la administración pública, tanto estatal como local y autonómica. Ningún país parecido al nuestro gasta tanto en “administrarse”, ni tiene un patrimonio público tan grande como innecesario. Se reducen gastos de verdad, se pone a la venta una gran parte de ese patrimonio y los mercados se dan cuenta de que se acabó el problema del déficit por mucho tiempo: punto, y partido, para España.

 

He querido acabar con un final feliz, pero seamos realistas: ¿qué político le va a decir a sus huestes, paniaguados de la administración estatal y autonómica que votan en primarias y dan avales, que se van a ir al paro, que se acabaron las televisiones públicas, la mitad de las consejerías y “consellerias”, los cargos de confianza, los asesores o las oficinas en palacetes en pleno Paseo de la Castellana?

 

Por si me equivoco y el final no es feliz, ahí van algunos consejos. Primero: depósitos, los justos. Y sólo en entidades de primera línea. Ya verán Uds. lo que dice el Fondo de Garantía de Depósitos cuando un cliente de una caja quebrada le reclame el 4% (o más) que le prometió la entidad. Eso asumiendo que el FGD es capaz de cubrir los famosos 100.000 € si las cosas se complican de verdad.

 

Ya sé que los amigos de bancos y cajas -sigo sin entender como hay tantos, con las faenas que nos hacen- dirán que tiro para casa (lo cual no es cierto, porque como asesores independientes podemos recomendar cualquier producto financiero, depósitos incluidos), pero la realidad es que, hoy por hoy, los fondos de inversión son el único activo inmune a quiebras por ley. No forman parte del activo o pasivo de una entidad financiera.

 

Son de los partícipes, como ocurre con las acciones depositadas en un banco, que son de los accionistas. Y si esos fondos están domiciliados en Luxemburgo u otro país “chachi” de la Unión Europea, mejor que mejor. Por si los “corralitos”. Y por el momento sean Uds. conservadores. Habrá tiempo de tirarse a la piscina si se arreglan las cosas. Inviertan en fondos de renta fija de buena calidad crediticia (quedan excluidos PIGS), en fondos de oro y que la renta variable en cartera sea poca, norteamericana (con divisa cubierta) y de países emergentes. En Europa, como mucho alemana.

 

Lo mejor de estos consejos es que si al final la sangre no llega al río estas medidas precautorias no implican coste de oportunidad alguno. En general los fondos de gestoras extranjeras no tienen nada que envidiar a los españoles, y ganar un 4% no es  tan difícil (les sugiero leer artículos anteriores sobre el tema). Con estas sencillas medidas dormirá Ud. tranquilo sin dejar de rentabilizar sus ahorros. En fin, yo creo que al final ganarán los buenos, pero más vale prevenir que curar, que al frente de este país no está precisamente Winston Churchill.

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