Alarde de voluntarismo

La única forma de que España pueda evitar la intervención es que el gobierno tome medidas realmente drásticas antes de ser “intervenido”, ante la evidencia palmaria

La única forma de que España pueda evitar la intervención es que el gobierno tome medidas realmente drásticas antes de ser “intervenido”, ante la evidencia palmaria de que, en caso contrario, ese sería el desenlace final de la historia.

Pero empecemos por el principio. Siempre he pensado que los políticos europeos -y muy especialmente nuestro gobierno- se han enfrentado a los mercados de forma equivocada. Empezaron por acusarles de malvados especuladores, que es lo que  dice un gobierno cuando tiene problemas serios y quiere desviar la atención de los mercados. Obviamente consigue el efecto contrario.

Los mercados no conocían al detalle cosas como que en España hay unos curiosos bancos que no tienen accionistas a los que rendir cuentas y que, además, los dirigen políticos en situación de “banquillo”. Políticos “en excedencia” que no tienen la menor idea de cómo se gestiona un banco (esto es algo que, cuando se lo cuentas por primera vez, una persona extranjera seria ni se lo cree), pero sí saben como utilizarlo. Tampoco sabían los inversores extranjeros que el modelo de crecimiento español es el Monopoly y no el milagro económico que les habían vendido. Pocos norteamericanos medios sabrían situar a España en un mapamundi -doy fe de ello-, así que mucho menos conocer los entresijos de nuestra economía. Pero gracias a las referencias a los “malvados especuladores” decidieron echar un vistazo. Y ahora saben. Vaya si saben.

Y una vez que “saben”, los mercados tienden a sobre reaccionar y que solo las acciones contundentes les pueden hacer cambiar de opinión. Esas acciones pueden consistir en una actuación realmente drástica para frenar la principal fuente de hemorragia, que si bien a largo pueden ser temas como las pensiones, a corto son las cajas de ahorros y el gigantesco gasto de nuestra elefantiásica administración, hasta que surja un avalista potente, como en nuestro caso podría ser Alemania. El gran problema es que el gobierno se ha planteado esta situación como una negociación política, en plan “tira y afloja”, y lo que tendría que hacer es planteárselo como cuando negocias con un banco al que le debes dinero: o aportas dinero o aportas avales. No hay otra.

Por eso me  parece de un peligroso voluntarismo el que todavía haya tantos profesionales en nuestro mercado que piensen que con la estrategia actual España va a aguantar el tirón. Fíjense: hace unos meses me pidieron que participara en una encuesta  a analistas y estrategas financieros sobre donde debería estar la prima de riesgo española. Entonces empezaba a coquetear con los 200 puntos básicos. Yo dije que tenía que estar en esos 200 como mínimo, y que lo normal serían 250 o incluso 300, si comparamos las expectativas económicas y fiscales de España con las de Alemania. Argumenté que es como comparar mi calificación crediticia con la de alguno de los hombres o mujeres más ricos de España. Si yo pido un crédito a la vez que uno de ellos, ¿me lo van a dar con menos de un 2% de diferencial? Pues ojo al dato: la periodista que realizó la encuesta me dijo luego que yo había sido el que había dado la cifra más alta. Y con diferencia. Vamos, que la mayoría consideraba que con 100 puntos básicos de diferencia el inversor estaba más que compensado por prestar dinero a España en lugar de a Alemania.

Dijo una vez un financiero que los voluntarismos no son buenos en los negocios. Yo veo cómo la gente sigue invirtiendo en bonos y acciones españolas, incluso cuando el IBEX ha perdido un 17% en 2010, mientras la mayoría de las principales bolsas extranjeras presentan revalorizaciones de dos dígitos. Veo cómo muchos asesores siguen recomendando a sus clientes comprar fondos de renta fija española cargados de bonos “basura” (la que les han colocado las entidades financieras que a su vez los gestionan; hablaremos de esto con detalle en próximas entregas). Y veo cómo muchos clientes de banca privada siguen comprando productos estructurados -¡que son bonos!- emitidos por entidades financieras españolas de dudosa solvencia. Y lo peor de todo: veo cómo la mayoría de la gente -aunque disminuyendo- sigue pensando que recibir un 4% por depositar dinero en una entidad “zombi” -y aclaro que no todas lo son- es un chollo que no implica riesgo alguno. Siguen sin querer darse cuenta que los tipos de interés son como la fiebre en los niños: a más altos, más riesgo de que las cosas se compliquen.

Pocas veces ha habido algo tan evidente como que España está al borde de necesitar respiración asistida. Un inversor extranjero (el malvado mercado) puede tener en cartera bonos de una empresa solvente a un tipo no muy inferior o incluso superior al que paga España, ¿para qué se va a meter en líos? El no nos necesita, pero nosotros a el sí. ¿Qué creen Uds. que piensa ese inversor de ampliar el FROB? Lo dicho: si al final no nos caemos con todo el equipo es porque hay una ley no escrita en los mercados por la que cuando algo es tan evidente y/o lo sabe todo el mundo es cuando puede que no ocurra. O porque el gobierno le vea las orejas al lobo y decida actuar antes de que actúen sobre él. O porque Alemania pasa de todo y decide avalarnos con todas las consecuencias. Pero eso no es fácil. Yo, por si acaso, tomaría precauciones: no cuesta nada -ni siquiera implica coste de oportunidad- y da mucha tranquilidad. Al menos hasta que pase la tormenta. Dejen el voluntarismo para los políticos. Ellos no pagan la factura.

Víctor Alvargonzález, consejero delegado de PROFIM, Asesores Patrimoniales EAFI

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