A falta de I+D, sugiero BBB

Cuando voy a un gran almacén siempre voy a horas raras. Aparezco a las dos y media de la tarde o justo cuando abren, porque a

Cuando voy a un gran almacén siempre voy a horas raras. Aparezco a las dos y media de la tarde o justo cuando abren, porque a esas horas hay menos gente y te atienden mejor. Pero el otro día fui a una de esas horas y estaba a rebosar. ¿Se ha acabado la crisis o hay otra explicación?

 

Claro que la hay. Pero vayamos al principio. Efectivamente, el gran almacén estaba hasta arriba. Los empleados no daban abasto. La gente se llevaba las cosas de tres en tres. Al final yo compré el doble de lo que iba a comprar. ¿Y todo eso por qué? Porque ese día todo  -insisto todos los artículos- estaban rebajados casi un 20%. Unas semanas antes fui al mismo sitio a la misma hora y estaba casi vacío. Estoy convencido de que algún ejecutivo valiente e imaginativo se dio cuenta de que bajando precios generarían tal demanda que el incremento del volumen de ventas compensaría sobradamente la bajada de precio. Por los comentarios de los empleados estoy convencido de que les compensó. Y con creces.

 

Pero hay muchos más ejemplos. Hoy en día, en Madrid hay dos tipos de restaurantes: por un lado, los que no se bajan del solomillo a 24 euros, pero ahora te dan un solomillo de mucha peor calidad que antes. Por otro, tenemos los que ofrecen calidad razonable a precios razonables. En el primer caso compensan la caída de ingresos generada por la crisis metiéndole un “clavo” de padre y señor mío a los incautos que salimos a cenar los fines de semana. Y es un solomillo duro y lleno de nervios. Como es una costumbre tan española la de cenar fuera el viernes o el sábado, el restaurante tipo “clavo” lo que hace es aprovecharla y “clavársela” a los clientes de fin de semana para compensar el vacío total que se produce entre semana. Pero resulta que hay otro tipo de empresarios restauradores que se enfrentan a la crisis ofreciendo una carta muy razonable tanto en lo que se refiere a precios como a calidades. En estos últimos tienes que pedir mesa con días de antelación para los fines de semana y entre semana no suelen estar precisamente vacíos. En los tipo “clavo” encuentras mesa sin ningún problema incluso los fines de semana, algo impensable cuando estábamos en la “Champions League”.

 

Para entender la economía nada como observar la microeconomía. Si las cosas se complican, la respuesta no debe ser bajar la calidad y subir el precio, sino vender buena calidad a buen precio y tratar de que el volumen compense la caída del margen. Ya sé que no es la mejor alternativa. La mejor es la innovación y un buen marketing, por eso aunque los IPhone o los IPad no son precisamente baratos se venden como churros, pero personalmente he llegado a un punto que de esta España nuestra no me atrevo a pedir que inventemos nada. Tengo muy asumido que lo del I+D y la innovación queda para otros. Ahora bien, al menos podemos plantearnos que, si no valemos para el I+D -solo hay que ver el dinero que han dedicado los gobiernos a aumentar y mejorar las universidades públicas, que son una auténtica vergüenza-, valgamos al menos para el B+B+B, o sea para lo Bueno, Bonito y Barato.

 

La economía es mucho más sencilla de lo que nos la venden (y lo mismo se puede decir de los mercados financieros, por cierto). Si España deja de gastar dinero en lo superfluo y equilibra su déficit -y puede hacerlo incluso sin bajar las pensiones: tiene la ventaja de que cuenta con un amplísimo margen si consideramos el tamaño de su Administración central y autonómica-, y si en paralelo aumenta su volumen de ventas gracias a una bajada de precios, las cosas se verían de otra manera. Obviamente no volveríamos a la “Champions League” (lo del modelo español de crecimiento basado en el Monopoly ya no cuela), pero la situación sería distinta. Por supuesto que tampoco nos íbamos a convertir en una máquina de exportar como Alemania o los países emergentes -que más quisiéramos- pero la economía española es una economía impulsada mayoritariamente por su demanda interna, es decir, nos lo guisamos y nos lo comemos todo entre nosotros, así que si los españoles compramos más en grandes almacenes y centros comerciales o si llenamos los restaurantes encendemos la mecha de la recuperación. Y luego a lo mejor a algún gobernante se le ilumina la neurona y decide fomentar la educación y la investigación y/o apoyar a las empresas que innovan y exportan -que haberlas, haylas- aunque esto reconozco que es difícil que ocurra.

 

Lo que es aplicable a grandes almacenes o restaurantes es aplicable a muchos otros sectores. Claro que sería deflacionista, pero solo temporalmente, porque en España, en cuanto se arreglen un poco las cosas, la gente volverá a subir precios sin pensárselo dos veces. La inflación está en la genética del país. Además, en muchos sectores la deflación es inevitable simple y llanamente porque están terriblemente inflados, y puestos a desinflarlos, mejor hacerlo de forma organizada y antes de que sea peor. Y si no que se lo pregunten al que hace un par de años quería vender su piso y se negó en redondo a adaptarse a la realidad de los precios porque “el ladrillo nunca baja”. Ahora le ofrecen mucho menos y cuesta mucho más venderlo. En economía, cuanto más tardes en aceptar la realidad, peor.

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