Las dos Españas: la que crea y la que destruye

“Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Por algo Machado es uno de nuestros poetas

“Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Por algo Machado es uno de nuestros poetas más respetados. No hay día en que no se ponga de manifiesto lo certero de este diagnóstico, realizado en forma poética, sí, pero más científico y sociológico de lo que parece.

Hay una España muy bonita, económicamente hablando. Emprendedores que crean empresas que son un ejemplo en las escuelas de negocios. España es Mercadona, Zara, El Corte Inglés, Telefónica, y un larguísimo etc. de grandes empresas respetadas y admiradas en el mundo entero. Es también la España de ese chaval de Barcelona que con menos de veinte años creó un sistema operativo de un tipo que creo se denomina “cloud computing” y que es una auténtica revolución en el sector. Lo vi el otro día en el programa de Buenafuente -por cierto, también tenemos “showmans” de primer nivel- y me imaginaba a su lado al típico político comisionista ladrillero y me venían a la cabeza los versos de Machado con los que inicio este “post”.

Y es también la España de esa empresa de Murcia que tiene una línea de productos de higiene personal que compite con las grandes multinacionales a nivel global. ¿Saben Uds. cómo me enteré de que era de Murcia?, porque le comenté a la farmacéutica algo típico: “¿pero cómo vamos a competir si los alemanes hacen cosas así de buenas y encima baratas?”, y me dijo que aunque le habían puesto nombre alemán eran de Murcia 100%. Como el Mar Menor vaya. Es de suponer que le pusieron nombre alemán porque un nombre español les podría perjudicar. Y lo peor es que tienen toda la razón. Porque, hoy por hoy, la España que se conoce es la que te hiela el corazón. Afortunadamente la España cálida  -económicamente hablando- está en todos los sectores, como esa empresa española que es líder en componentes de automoción a nivel mundial, o… en fin, la lista sería enorme. Es la España que te anima el corazón.

Y luego está la que te lo hiela. La que es capaz de bajar las pensiones a la vez que entrega 30.000 millones a cajas de ahorros de las que se podría prescindir perfectamente (de forma ordenada, lo admito), pero de las que no se prescinde para así cubrir las espaldas de los políticos que las “gestionaron” (sic) y evitar que acaben en los tribunales. Y 30.000 millones son los reconocidos hasta la fecha. Serán más y todos los años habrá que destinar una cantidad a mantener vivos a los “zombis” mientras se recortan pensiones y prestaciones sociales. Pero qué bonito. Es también la España que hace del “monopoly” su modelo productivo, en lugar de apoyar y subvencionar a la España productiva, competitiva y económicamente ejemplar. Porque no se lo crean cuando les digan que era inevitable centrarse en el ladrillo. Una clase política en condiciones por supuesto que puede orientar el modelo económico de un país, que el BOE da para mucho, pero, entonces, ¿cómo iban a poner “el cazo”? Es mucho más fácil sacar comisiones en recalificaciones que extorsionar a empresarios, o algo así. Es que encima estos políticos además de incompetentes y corruptos son vagos. ¡Hasta para llevárselo crudo!

Todo lo anterior tiene una lectura financiera aunque parta de un planteamiento ético. Porque si Ud. quiere saber si debe invertir en este país le recomiendo que utilice el recién inaugurado indicador -acabamos de hacerlo- denominado “Las dos Españas”. Si se produce una catarsis política y económica que promocione lo mejor del país, tanto en términos políticos -no es imposible, ocurrió durante años, desde la transición hasta hace no tanto tiempo- cómo económicos -ocurrió en los años ochenta-, y si encima España se “alemaniza” un poco económicamente (condición del aval alemán) entonces nuestro país será pronto una oportunidad de inversión. En términos bursátiles ya lo es, pues pasar del precipicio al pelotón (gracias al aval alemán) requiere un ajuste al alza en la valoración bursátil de nuestro tejido empresarial cotizado en bolsa. Pero a medio plazo España solo será una buena inversión si gana el componente “cálido” de nuestro indicador. Y digo “será” porque incluso en el mejor de los casos la compra de empresas o inmuebles podrá realizarse a mejor precio que ahora. A día de hoy gana la España que te hiela el corazón, la del FROB y clase política de quinta regional, y eso hará que las cosas empeoren antes de mejorar.

El resumen es claro y sencillo. Si sube el indicador de “frío”, si sigue ganando la España que te hiela el corazón, aunque sea una oportunidad especulativa a corto plazo a nivel bursátil e incluso en renta fija (de corto/medio plazo, por si acaso), oportunidad que animamos a aprovechar, a medio plazo es imposible que hagamos algo decente. Y si además nos siguen subiendo los tipos de interés, apaga y vámonos.

Si, por el contrario, lo que prima es una regeneración de la clase política -en realidad nuestro mayor problema, no el tercero, porque de ello depende el impulso político necesario para solucionar el económico-, el apoyo a las actividades productivas distintas del ladrillo, la liquidación ordenada de entidades financieras “zombis”, la promoción de emprendedores -como el chaval que vi el otro día- y el apoyo a la excelencia, entonces España será una gran oportunidad de inversión a medio y largo plazo, tanto a nivel bursátil como en la economía real.

En los mercados no se trabaja con una bola de cristal, como dicen para excusarse los malos gestores. Se trabaja con información y con indicadores, especialmente indicadores de los denominados “adelantados”, porque indican tendencias. El indicador de “Las dos Españas”, es un indicador adelantado que, como otros, tiene dos componentes: el de la España que hiela el corazón y el de la que lo calienta. Síganlos si se están planteando invertir en nuestro país. Le habría sido muy útil a quien lo hubiera hecho -para comprar- cuando ganaron las elecciones Felipe González o Aznar, cuando de lo que se hablaba es de cómo nuestros bancos se internacionalizaban o de que los jóvenes españoles lo que querían es ser “yuppies” o empresarios, no ladrilleros y comisionistas. Y para vender cuando … Bueno, ya saben Uds. cuándo.

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