¿Nos hemos vuelto locos?

Si hace diez años alguien me hubiera dicho que un país con calificación crediticia inferior a la de Ghana o Camerún iba a compartir divisa con

Si hace diez años alguien me hubiera dicho que un país con calificación crediticia inferior a la de Ghana o Camerún iba a compartir divisa con Alemania pensaría que se había vuelto loco. Pues, señores y señoras, estamos en 2011 y sólo puedo decirles una cosa: bienvenidos al manicomio.

Porque eso es exactamente lo que está ocurriendo en nuestra querida Europa. Las agencias de calificación han reducido el “rating” de Grecia a CCC y estamos a un paso de que se certifique su calificación “D”, que no es la D de defunción sino de “Default” (quiebra en inglés), pero que a efectos económicos es prácticamente lo mismo. ¡Y comparte divisa con Alemania que tiene calificación triple A!

Los políticos le echarán la culpa a otro, por supuesto. Pero estas cosas no ocurren porque sí. Son fruto de una acumulación de errores. El error fundamental fue dejar en manos de políticos la parte económica del proyecto de Unión Europea. Yo creo que cualquier economista que se precie -y esto hace años que lo ha dicho mucha gente, no solo yo- se da cuenta de que no puedes tener una divisa común si no tienes una política económica común, y que no se puede compartir divisa si no existe un organismo europeo supranacional que controle cuánto se endeudan y cómo gastan el dinero los países que conforman esa unión monetaria, al igual que existe un BCE que es la máxima autoridad en temas relacionados con el control de la inflación y los tipos de interés, por poner un ejemplo.

Lo que ha ocurrido se podría haber evitado. Bastaba aprender de cualquier  país occidental con estructura federal, como son los EEUU. Norteamérica es un país enorme en el que conviven sin problema estados pobres con estados ricos. El sistema funciona porque, aunque haya reservas federales y autoridades económicas en todos los estados, por encima de ellos hay una Fed con Bernanke al frente y una autoridad económica nacional dirigida por el equivalente norteamericano de nuestro ministro de Economía. En EEUU, si un estado supera determinado límite de déficit tiene que recortar automáticamente sus gastos. Queda abierta la posibilidad de realizar transferencias a quien se ha pasado si se consideran justificadas, pero existe un control presupuestario previo.

Lo importante es que allí no puede haber un estado que haga lo que ha hecho Grecia ni se permitiría que un gobierno -apoyado por la oposición- montara un engendro como el FROB, como ha ocurrido en España. Alguien argumentará que EEUU tiene actualmente un grave problema fiscal. Cierto, pero precisamente porque su sistema es creíble no está como la UE o como Grecia. De hecho, durante los últimos meses sus bonos (su deuda) no han hecho más que subir de precio. El mensaje es evidente: alguien que además de rico tiene credibilidad antes sus acreedores puede permitirse el lujo de endeudarse.

El caso es que mientras la economía global crecía, apoyada por la entrada de los países emergentes en el proceso productivo global, el problema no se manifestaba. Nadie se preocupaba de que los griegos fueran o no competitivos, de que manipularan las cuentas públicas o de que España hiciera del Monopoly su modelo productivo. Nadie miraba en qué se gastaba el dinero un político español ni que en Grecia sólo pagaran impuestos cuatro despistados.

Pero, como dijo Warren Buffet, al quitar el tapón de la piscina es cuando se ve quien se estaba bañando desnudo. De repente, con la llegada de las vacas flacas, se ha visto que países como Grecia, Portugal, Irlanda o España se bañaban en pelota picada, mientras que países como Alemania o Francia usaban bañador completo tipo años veinte. Y gorro de baño. Si hubiera habido un vigilante de la piscina, ese socorrista que es obligatorio en cualquier comunidad -menos, al parecer, en la UE- habría llamado la atención a los que se bañaban desnudos en el mismo momento en el que hubiera visto al primero que, bajo el efecto de unas copas de más -o de sentirse en la “champions league”- hubiera agitado alegremente el bañador sobre su cabeza.

Ha sido un error, un inmenso error, que ha convertido la UE en un cuadro de Dalí en lugar de uno de Antonio López. Y no lo digo porque no me guste Dalí, que me gusta mucho, sino porque es un pintor surrealista, y López, otro gran artista, es hiperrealista. Y en economía el surrealismo sale muy caro. Y el problema es que ahora, con los mercados en pánico, no se puede hacer aquello por lo que yo abogaba hace muchos meses, es decir, organizar una salida temporal y ordenada de Grecia del euro para que volviera al vestuario, se pusiera el bañador, el gorro y se tomara un par de cafés para bajar el efecto del vino. Y que de paso, después de los cafés, hiciera unas cuantas llamadas para empezar a renegociar su deuda.

Lo triste es que, probablemente, al final Grecia tenga que salir del euro y, por supuesto, reestructurar su deuda, pero con la diferencia de que los parches con los que se ha querido arreglar la herida habrán costado cientos de miles de millones de euros que podrían haberse ahorrado si se hubiera actuado a tiempo. Y esperemos que la cosa quede ahí y no enganche a nuestro país, porque, como siempre digo, la salida de Grecia del euro sería una bendición, tanto para Grecia como para el propio euro, pero la de España sería una desgracia para España y el fin del euro. Al final va a resultar que sí que estábamos en la Champions, pero, porque en nuestro caso el tamaño sí que importa.

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