Qué tiempos aquellos

Creo que fue Churchill el que dijo que la guerra es demasiado importante para dejarla en manos de los militares. Supongo que lo dijo un día

Creo que fue Churchill el que dijo que la guerra es demasiado importante para dejarla en manos de los militares. Supongo que lo dijo un día que había tenido una mala sesión de trabajo con sus generales, porque, evidentemente, esto podría decirse de cualquier profesión, empezando porque la economía es algo demasiado serio como para dejarlo en manos de economistas, como el que suscribe.

Es más, recuerdo que el padre de un amigo mío -médico- decía que a los médicos era mejor no provocarlos. Así que no me tomen a mal el comentario inicial los integrantes de las fuerzas armadas.

Lo que sí es cierto es que cuando los mercados dependen de los políticos hay que cambiar el “chip”. Normalmente los que definimos estrategias de inversión tenemos un trabajo complicado, pero no más complicado que el de un estratega militar. Contamos con una información (económica y financiera en nuestro caso), algo de instinto y, muy importante, cierto conocimiento de cómo funcionan los mercados y de su particular forma de entender las cosas.

Finalmente, y no menos importante, hay que tener capacidad de adaptación al cambio. Todo lo anterior no es fácil, pero es factible. Es algo muy parecido a la situación del estratega militar: conoce el terreno, sus fuerzas, las del enemigo, el armamento, etc. Luego, según evolucione la batalla, rediseña sus planes iniciales.

Pero, ¿qué pasa cuando, como le ocurrió a la armada invencible, una tormenta desbarata todos tus planes? “No se puede luchar contra los elementos”, fue la frase que quedó para la posteridad. Pues más vale que los que invierten o los que les asesoramos aprendamos a hacerlo, porque, señores, para bien o para mal, hoy en día dependemos de la política.

Todavía recuerdo con nostalgia cuando para establecer una estrategia de inversión lo que tenías que hacer era estudiar las perspectivas de los tipos de interés o de crecimiento de un país o sector.

También había que predecir la evolución de las divisas, algo francamente complicado, por cierto, pero bastaba que un representante de la administración norteamericana dijera eso de “un dólar fuerte está en el mejor interés de los EE.UU.” para saber que iba a bajar (sí, sí, a bajar, así son los arcanos de la administración). ¿Y qué me dicen de las tendencias? Obviamente existen y, aunque no es fácil, es posible identificarlas, sobre todo si tienes paciencia y estás dispuesto a no ganar el primer euro.

Pero todo ha cambiado. Ahora tenemos que entrar en la mente de Merkel y Sarkozy y tratar de saber cuándo van de farol, cuándo van en serio, cuándo actúan de cara a sus votantes pero piensan otra cosa… En otras palabras: tenemos que trabajar entrando en la mente de los políticos, lo cual es francamente complicado.

Y no solo de los políticos alemanes o franceses, ¡también de los griegos! Quién nos iba a decir que, de lo que pasara por la cabeza de cinco diputados griegos, iba a depender el destino del euro y de la entera economía mundial. Y no acaba ahí la cosa. Si cruzamos el charco resulta que en EE.UU. asistimos a una negociación a cara de perro entre republicanos y conservadores sobre el techo del déficit que, de no llegar a un acuerdo, supondría un “default” en los EE.UU. Y ya saben cómo negocian los políticos: nos tendrán en vilo hasta el último momento.

Pero hay que acostumbrarse, porque es lo que hay. En mi caso particular no lo llevo tan mal, porque me gusta mucho el análisis político -que no la “profesión” política, especialmente ahora que está tan devaluada por sus integrantes- y además soy de los que tiene muy en cuenta el factor psicológico y sociológico en los mercados, no sólo el económico y financiero. Es más, me gusta jugar al mus, y, señores, esto se ha convertido en un campeonato de mus entre Alemania, Francia, Grecia, demócratas, republicanos, el “tea party” y vaya usted a saber quién más en el futuro.

Dijo Darwin que el hombre no es la raza superior por su superioridad física -es obvio- ni moral -también lo es- ni siquiera por inteligencia -fíjense que idea lo de meter a Grecia en el euro, o la del FROB). Para Darwin la raza humana es la superior por su capacidad de adaptación. Pues ya saben: hay que adaptarse. Y toca política. Dios nos coja confesados.

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