¿Pero dónde estamos?

No sé qué pensarán Uds., pero yo creo que en el “Folletín Griego” este que se han montado los políticos y que nos ha tocado sufrir

No sé qué pensarán Uds., pero yo creo que en el “Folletín Griego” este que se han montado los políticos y que nos ha tocado sufrir a los demás deberían hacer como en las telenovelas, que antes de iniciarse un capítulo te resumen los anteriores. ¡Es que cuesta tanto enterarse dónde estás! ¿Se ha casado la malvada heredera con el bueno? ¿La tía lejana ahora es mala o se ha vuelto buena? ¿Quién era finalmente el heredero del solitario pariente lejano que resulta que estaba forrado?

La cosa tiene su importancia porque, aunque parezca mentira, hoy en día para tomar decisiones de inversión lo importante no son los datos macro o los resultados empresariales. Lo importante es no perderse ni un capítulo de la telenovela -llamarlo Tragedia sería excesivo, considerando el nivel de los actores-, lo cual es bastante surrealista, pero es lo que hay. Así que voy a tratar de resumirles la situación de la forma más sencilla posible (a ver si soy capaz).

En el capítulo anterior, Grecia recibió 98.000 millones de esos que, como dijo la afamada ministra, “no son de nadie” (porque son de los impuestos, claro). Tenía que cumplir unas condiciones -que no ha cumplido- y los millones tenían que durarle un tiempo (que no le han durado),  por eso en el capítulo anterior los malvados primos ricos (alemanes, franceses, etc.) decidieron hacer como que no soltaban los 12.000 millones que faltaban, hasta que los pobres (los griegos) prometiesen ser buenos y gastar menos, además de prometerles que venderían las joyas -y los muebles- de la familia, para poner algo de su parte.

Lo de los 12.000 millones generó un buen altercado, tanto en casa del pobre (Grecia) como en casa de los ricos, y dio lugar a escenas de esas que hacen subir la audiencia y bajar las bolsas. En el fondo sabíamos -ya hemos visto muchas telenovelas de estas de políticos- que todo era un “show” para que pareciera que unos y otros luchaban por los intereses de sus “representados” (sic), pero estaba más claro que el agua que los primos ricos iban a pagar porque no tenían otra, y así lo hicimos constar.

El caso es que al final del capítulo anterior todos eran felices porque el pobre cobraba el dinero (¡será por dinero!) y el rico hacía como que pedía algo a cambio. Y así acababa el episodio. Pero claro, si ese fuera el final se habría acabado el folletín, y no se ha acabado. Resulta que ahora los primos pobres necesitan otros 100.000 millones, de los que dicen que ellos van a poner una parte vendiendo lo poco que les queda de patrimonio familiar y los malvados primos ricos, a los que se han unido unos parientes que andaban por ahí y los han metido en el barullo -las malévolas instituciones financieras-, deben poner el resto.

El ambiente, sin ser de felicidad, está algo más relajado, porque estos políticos que son tan listos han conseguido desviar la atención hacia los 12.000 millones de euros del capítulo anterior, para que así no se noten mucho los aproximadamente 50.000 que van a tener que poner en el próximo episodio.

Y en esas estamos: un capítulo más tranquilo, con más escenas de amor y menos de violencia, porque parece que el asunto “ha colado”, así como un ambiente mejor para las bolsas si finalmente cuela del todo -lo sabremos en el próximo capítulo, a mediados de julio-, lo que permitirá probablemente que tengamos episodios relativamente tranquilos en verano (¡lo que nos va a costar, en euros, que los políticos tengan un verano tranquilo!).

Es posible -y será de agradecer- que asistamos a un par de capítulos con menos “leña” y, teniendo en cuenta que a los primos ricos y al pariente de ultramar (EEUU) no les van mal los negocios, las bolsas pueden tener un periodo algo mejor que en el capítulo anterior. Pero cuidado: a los griegos la pasta les va a durar un suspiro (un año y pico calculo yo, al ritmo que gasta esta gente) y encima cada tres meses los primos ricos tienen que hacer el paripé de comprobar si los pobres cumplen, lo cual es francamente complicado si se tiene en cuenta que cada vez son más pobres.

Y tienen que reñirles pero que muy mucho en caso contrario (corrección bursátil al canto). Además, a los griegos les va a costar Dios y ayuda vender los muebles, que no son precisamente de caoba, así que tarde o temprano el folletín volverá a ser trágico, como lo es la estúpida obsesión de que un país como Grecia -con calificación crediticia inferior a la de Camerún- tenga la misma divisa que Alemania.

Continuará.

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