¿Qué va a pasar con mi fondo de renta fija?

Hoy vamos a ocuparnos de quienes tienen fondos de renta fija “normales”, esto es, los que se pueden traspasar o vender cuando uno quiera.¿Qué tiene más probabilidades de ocurrir?

Foto: ¿Qué va a pasar con mi fondo de renta fija?

“La mayoría de la gente está preocupada por la fuerte subida de las bolsas en estos meses, pero yo tendría más cuidado con la de los bonos” Así empezaba mi artículo de hace un mes titulado “Mirando al ratón mientras tenemos un tigre a nuestras espaldas”

Quienes no tomaran precauciones me dirán, con toda la razón, que sí, que muy bien, pero que ellos siguen con los mismos fondos (de renta fija) y están preocupados. Lo que necesitan es que alguien les aconseje sobre qué hacer a partir de ahora, no que me ponga medallas. No voy a defraudarles. Menciono el artículo porque me parece que no está de más ver de dónde venimos antes de ver hacia dónde vamos. 

Con esa sana intención, en el artículo de la semana pasada me puse en el lugar de quienes tenían fondos de renta fija de los llamados “de rentabilidad objetivo”, el producto estrella de la banca hasta hace unos meses, esos que solo se pueden vender “cuando toca” (o pagando una fuerte comisión de salida).

Hoy vamos a ocuparnos de quienes tienen fondos de renta fija “normales”, esto es, los que se pueden traspasar o vender cuando uno quiera. Antes de sacar conclusiones tenemos que tratar de ver que es lo que tiene más probabilidades de ocurrir en los mercados.

La buena noticia es que tenemos una auténtica máquina del tiempo a nuestra disposición

La buena noticia es que en esta ocasión –no siempre ocurre- tenemos una auténtica máquina del tiempo a nuestra disposición. Así que apretemos el botón de “inicio” a ver que nos encontramos.

Estado Unidos. Finales del año 2008. Ante la posibilidad de que la crisis financiero inmobiliaria pueda sumir a los EEUU en el estancamiento económico y la deflación, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, decide tomar una medida extraordinaria: lanzar un programa masivo de compra de bonos y otros activos para inyectar una enorme cantidad de liquidez –dinero– en la economía (compra bonos en el mercado con dinero, “ergo” entra dinero en el sistema) 

Empieza el programa de compras. Los inversores se lanzan a acumular bonos para aprovechar que hay una “mano fuerte” compradora en el mercado y que eso hará que suban los precios. Pura ley de la oferta y la demanda. Efectivamente, sube el precio de los bonos. Y vaya si sube. Como la espuma: un 16% en algo más de dos meses. Lo podemos ver en la pantalla de nuestra “máquina del tiempo” (línea verde del gráfico que viene a continuación)
El precio del bono norteamericano con vencimiento a diez años durante el periodo del primer QE.


Si seguimos viajando por el pasado veremos como, al cabo de un par de meses de QE, alguien va y piensa: “cierto, la Fed va a comprar muchísimos bonos, pero lo hace para reanimar la economía. O sea, que si lo consigue, no habrá deflación, habrá una inflación razonable acorde con su objetivo. Además, ya sabe todo el mundo esto del QE, es decir, está descontado en los precios. Mejor realizo beneficios y aquí paz y después gloria. Que ganar un 16% en dos meses y pico equivale a ganar un 55% en un año (ver gráfico) ¡con un bono del estado norteamericano! Menudo negocio”. Resultado: como el mercado es gregario, las ovejas que van detrás de la oveja “lista” se lanzan a vender. Por si acaso. Y el bono americano a diez años cae un 11,6%.

¿A qué les recuerda todo lo anterior? ¿No les suena? Exacto, han acertado: es muy parecido a lo que está pasando con los bonos europeos desde que empezó a descontarse la posibilidad de un QE europeo y su posterior puesta en marcha. Sólo hay que cambiar “bono norteamericano” por “bono alemán” o por un índice que agrupe bonos europeos a diez años de vencimiento.

La buena noticia es que, aunque Europa seguramente ha tocado fondo y está saliendo del estancamiento, la cosa, de momento, no va a ser para tirar cohetes. En un entorno de crecimiento de entre el 1% y el 2% anual la inflación va a permanecer moderada y, con ella, los tipos de interés. El mercado acabará percatándose de ello y su fondo de renta fija recuperará al menos una parte de lo perdido (o dejado de ganar, depende cuando comprara, que los fondos que invierten en bonos europeos han sido una magnífica inversión durante muchos años).

 La mala noticia es que, como puede verse en el gráfico, en EEUU el mercado tardó varios meses en percatarse de ello. Casi un año le llevó recuperar el precio que tenía antes del inicio del QE. Al final el precio de los bonos se recuperó y reflejó, como no podía ser de otra manera, el escenario real en el que se ha movido la economía norteamericana a lo largo de los últimos años: moderado crecimiento con baja inflación.

Conclusiones para el inversor

Veo difícil una recuperación rápida en el valor liquidativo de los fondos de renta fija. Será más bien lenta. Con el agravante de que esto es Europa y, entre medias, nuestros políticos a ver que la que lían con Grecia o vaya Ud. a saber que novedad. Así que, si necesita el dinero en el corto plazo, aproveche un momento de calma entre tormentas – vea el gráfico, siempre hay repuntes – y traspase el dinero a un fondo más tranquilo. Como dije en el artículo del “tigre” mencionado anteriormente “no es malo empezar a mirar donde está el letrero de salida de este mercado que es como una discoteca llena”

Si no necesita el dinero y puede olvidarse de su fondo de renta fija durante unos meses, hágalo y espere a que el mercado recupere la razón. Porque es entonces, cuando, con calma, habrá que plantearse la cuestión más importante: ¿merece la pena la volatilidad que va a sufrir la renta fija europea, que será parecida a la del bono USA, a cambio de una expectativa de beneficio a medio plazo que no está muy clara? ¿No nos ha mandado un mensaje claro el mercado de que un bono alemán a diez años al 0% es demasiado poco interés? ¿Y un bono español al mismo plazo que pague un 1%, considerando como están nuestras finanzas públicas? Personalmente creo que, a medio plazo, hay alternativas mejores. Al menos hasta que sepamos a qué atenernos en la economía europea.

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