Los mercados europeos se la juegan en las elecciones españolas del 26 de junio
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Víctor Alvargonzález

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Los mercados europeos se la juegan en las elecciones españolas del 26 de junio

¿Cuánto tardarán los mercados en sumar dos más uno y concluir que después de Grecia, Portugal y España podrían venir la Francia de Marine Le Pen o la Italia de Beppe Grillo?

Foto: Pablo Iglesias con el resto de miembros de Podemos. (Reuters)
Pablo Iglesias con el resto de miembros de Podemos. (Reuters)

Anda la gente revuelta con el 'Brexit' cuando tienen en casa un riesgo mucho mayor. El riesgo de que los ingleses decidan abandonar la Unión Europea no es desdeñable, pero es mucho mayor la probabilidad de que las elecciones españolas den como resultado un gobierno con participación mayoritaria de un partido antisistema.

Si comparamos encuestas, resultan más preocupantes las españolas que las inglesas. Las nuestras dan un empate entre una opción de centro derecha y otra radical de izquierda. Es como tirar una moneda al aire: si sale cara el resultado sería muy bueno para los mercados. Si sale cruz, es decir, si adquiere responsabilidades de gobierno un partido totalmente contrario a la política económica que se sigue actualmente en la Unión Europea, estaríamos ante un precedente muy peligroso. España no es Grecia ni tampoco Portugal. España es una de las grandes economías de la eurozona y un país muy importante en cuanto a número de habitantes. ¿Cuánto tardarán los mercados en sumar dos más uno y concluir que después de Grecia, Portugal y España podrían venir la Francia de Marine Le Pen o la Italia de Beppe Grillo? Por supuesto que no tiene por qué acabar siendo así, pero el miedo es libre y es una de las fuerzas que mueven los mercados. Si un posible 'default' de Grecia – una economía del tamaño de la de la Comunidad de Madrid - montó la que montó ¿qué no se montará ante el temor a una reacción populista en cadena?

Estamos ante otro ejemplo de la volatilidad que predije al inicio del año (ver ¿Qué es una cartera "todoterreno"?). De nuevo una situación extrema en la que las cosas pueden salir o muy bien o muy mal, sin término medio. Un triunfo de centro derecha demostraría que hay países afectados por la austeridad que prefieren soluciones pro mercado aunque duelan. En caso contrario se abre la caja de Pandora. La conclusión sería clara para muchos inversores: a más damnificado un país por los políticas de austeridad, más probabilidad de que decida abrazar la causa del populismo. A más tiempo dure la austeridad, más riesgo. Un castillo de naipes.

Tampoco es lo mismo para Ángela Merkel enfrentarse a Alexis Tsipras en solitario que a los representantes de, por ejemplo, España e Italia unidos

El triunfo de una coalición de izquierda radical en España afectaría a bonos y acciones. Estamos hablando de partidos que cuestionan el pago de la deuda y, en algunos casos, plantean la salida del euro. Sus propuestas no pasan por activar el consumo, la inversión y el empleo apoyando a empresas y empresarios, sino más bien lo contrario. Cierto: después de entrevistarse con Ángela Merkel y, sobre todo, con Schaüble, salen como Groucho Marx cuando decía aquello de “estos son mis principios, pero si no les gustan aquí tengo otros”. O se van noqueados a dar conferencias, como Varoufakis. Aun así tampoco es lo mismo para Ángela Merkel enfrentarse a Tsipras en solitario que a los representantes de, por ejemplo, España e Italia unidos. Es política ficción, sí, pero es la película que tendrían los inversores en mente en caso de una victoria de izquierdas en España. Al menos hasta que comprueben que los principios marxistas – de Groucho – siguen siendo de aplicación en todos los partidos, sean de nueva o de vieja política.

Llevo no sé ya cuántos años recomendando tener bonos europeos en cartera, especialmente desde que el escenario económico de la eurozona se ha movido en sentido desinflacionista primero y directamente deflacionista después. Este año también. Y han ido muy bien. Me cuesta tomar la decisión de abandonar el tren de los bonos, tanto soberanos como corporativos. Desde un punto de vista puramente financiero no habría porqué. La inacción de los gobiernos europeos ante el riesgo de estancamiento económico a la japonesa es la mayor cobertura frente al riesgo de subida de tipos de interés. Al precio de los bonos le viene muy bien el estancamiento y la deflación. Si a eso añadimos las compras del BCE, realmente no habría mucha prisa en tomar la decisión. Pero, como ocurre siempre en Europa, las tendencias financieras se ven abruptamente interrumpidas por la realidad política. Y esta levanta el puño y lleva coleta.

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