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¿Hacia un euro rico y un euro pobre? Los datos que esconden la división europea
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Víctor Alvargonzález

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¿Hacia un euro rico y un euro pobre? Los datos que esconden la división europea

Lenta pero inexorablemente, los datos económicos europeos van divergiendo, según vengan de Alemania y sus satélites o de la periferia europea y Francia

Foto: Un tigre, junto con una cría de cerdo. (Reuters)
Un tigre, junto con una cría de cerdo. (Reuters)

Hoy todo el mundo está hablando de las elecciones norteamericanas. Me recuerda a una película que vi recientemente, en la que explicaban que la magia se basa en desviar la atención del espectador hacia un sitio lo más alejado posible del espacio donde se hace el truco. En la película, los magos roban un banco a miles de kilómetros de donde se desarrolla la función.

Ciertamente, el espectáculo que se está desarrollando en los EEUU —nunca mejor dicho— nos afecta, pero mientras lo seguimos con máxima atención se nos escapan cosas que ocurren más cerca y que nos afectan mucho más. Peor todavía: no generan titulares, que es como si no ocurrieran. Hasta que los generan, claro. Así que, en la línea de llevar ocasionalmente la contraria —en los mercados funciona muy bien lo de no seguir siempre al consenso—, hoy que todo el mundo habla de Norteamérica, les voy a hablar de Europa.

Lenta pero inexorablemente, los datos económicos europeos van divergiendo, según vengan de Alemania y sus satélites o de la periferia europea y Francia. Cojan el que quieran: PIB, índices de actividad (PMI), empleo, da igual: Alemania & Co. cada vez van mejor, mientras el resto lucha por mantenerse a flote. España es una excepción, pero no se hagan ilusiones: ahora tenemos Gobierno. Bromas aparte, es simple física: caímos muy fuerte —nuestra burbuja inmobiliaria era la mayor de Europa— y en economía funciona el principio de acción y reacción. Luego, además, nos tocó la lotería. La 'primavera' árabe hundió a nuestros competidores del norte de África e hizo nuestro 'agosto'. Hecho muy importante, porque el turismo sigue siendo la principal industria de España. Pero, salvo que la primavera árabe llegue a Croacia o a Grecia —cosa harto difícil—, no veo cómo podemos atraer más turismo.

Cuanto más se intentan cuadrar las cuentas, más difícil resulta crecer, ya los países del sur son países que no apoyan la iniciativa privada

Si, como me temo, España modera su crecimiento/rebote, quedaría un panorama desalentador: por un lado, una Europa a la que le cuadran razonablemente las cuentas —el déficit— y cuya economía crece, frente a otra incapaz de cuadrarlas y que no crece o crece muy poco. Y es algo que se retroalimenta, porque, más se intentan cuadrar las cuentas, más difícil resulta crecer, ya los países del sur son países que no apoyan la iniciativa privada, lo que deja en manos del gasto público las opciones de crecimiento. El problema es que los gestores del gasto público ya se gastaron lo que tienen y lo que no.

Esta divergencia no puede durar eternamente. O los PIGSF (gracias, Francia, ya no suena tan mal el acrónimo) retoman el vuelo, o Alemania & Co. aterrizan, o Fráncfort, tenemos un problema. Y no alucinen porque incluya a Francia. Es obvio que es una economía más grande y avanzada que la española o la italiana, pero aquí hablamos de tendencias de crecimiento, donde de nada sirve ser grande si tienes problemas para crecer.

Y sí, lo han adivinado: si el problema es la divergencia, el síntoma aparecerá en la divisa. EEUU se puede permitir que haya estados que no crezcan, y aun así usar todos el dólar. O que unos estados sean más pobres que otros. Los norteamericanos tienen un profundo sentimiento nacional y eso facilita la solidaridad interestatal. Y nadie se plantea la unión política y económica. La cuestión es ¿podemos decir lo mismo de Europa?

No nos engañemos: el Brexit es el síntoma de muchas cosas que no funcionan en la UE, no solo la consecuencia del nacionalismo rancio y la xenofobia

Si la respuesta es no, la pregunta es hasta dónde —o hasta cuándo— puede durar la divergencia. Ya he comentado en varias ocasiones que el análisis técnico y el fundamental están muy bien, pero que a mí el análisis que más me gusta es el del sentido común. Y el sentido común me dice que o las dos Europas económicas van en la misma dirección —o al menos moderan su divergencia— o va a ser muy difícil mantener la misma divisa. La crisis del euro fue un aviso. La siguiente iría en serio.

Se habla de crear un euro sur y un euro norte como solución alternativa. Yo no lo veo (aparte de que solo eso ya sería de traca para los mercados). Sin el norte, el euro del sur iba a ser un descontrol. Recuerdo una conversación con un inglés pro Brexit que no lo era por estar contra el libre movimiento de trabajadores comunitarios, sino que se quejaba de que la Unión Europea nunca respetaba sus presupuestos y Reino Unido cada vez pagaba más. Se fallaba sistemáticamente y por goleada. Pues ojo, que muchos austriacos, holandeses y alemanes piensan lo mismo. Así que no nos engañemos: el Brexit es el síntoma de muchas cosas que no funcionan en la UE, no solo la consecuencia del nacionalismo rancio y la xenofobia. Para arreglarlo, lo único que se les ha ocurrido a los líderes europeos es reunirse en un portaaviones (ironía que representa lo lejos que están de tener los pies en la tierra). Pero ahí acabó la cosa: en una reunión. No anunciaron ninguna medida, ni siquiera cosmética. Se hicieron una foto allí, en medio del portaaviones, y todos a casa. Después de que el Reino Unido decidiera 'irse', nada más y nada menos.

Las consecuencias para el inversor serían tantas que dan para otro 'post'. Pero tampoco pretendo transmitir que el proceso sea inexorable, solo alertar sobre la importancia de vigilar la evolución de los indicadores que he mencionado al principio. Si convergen —o no divergen todavía más—, tranquilos: la situación se puede superar. Si siguen divergiendo y de lo coyuntural se pasa a lo estructural, escribiré un nuevo artículo. Y ese irá con libro de instrucciones.

Hoy todo el mundo está hablando de las elecciones norteamericanas. Me recuerda a una película que vi recientemente, en la que explicaban que la magia se basa en desviar la atención del espectador hacia un sitio lo más alejado posible del espacio donde se hace el truco. En la película, los magos roban un banco a miles de kilómetros de donde se desarrolla la función.

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