Los FANG, ¿espejismo o nuevos titanes de la industria?

Y qué me dice de Facebook: podría seguir creciendo, pero también podría cambiar la moda y que la gente prefiera, de repente, utilizar otro tipo de red social

Foto: Facebook. (EFE)
Facebook. (EFE)

A ver, usted qué cree: Amazon, ¿está caro o barato? ¿Y Google? Y qué me dice de Facebook: podría seguir creciendo, pero también podría cambiar la moda y que la gente prefiera, de repente, utilizar otro tipo de red social. Mis hijos, por ejemplo, ya casi no usan Facebook, utilizan Snapchat e Instagram.

Si un robot analizara el balance y la cuenta de resultados de Amazon, nos diría que está carísimo. Y de Google diría lo mismo. Y del resto de los grandes nombres digitales, que los anglosajones, muy dados a los acrónimos (¿se acuerdan de los PIGS?) denominan ahora los FANG, es decir, Facebook, Amazon, Netflix y Google (que ahora se llama realmente Alphabet). Por su parte, la mayoría de los analistas piensa que los FANG están carísimos. Esto último, lo de que lo piense la mayoría de los analistas, debe hacernos pensar, pero en el sentido contrario, es decir, plantearnos la posibilidad de que el consenso esté equivocado, pues ya sabemos que suele fallar más que acertar.

Pero… ¿cómo podría estar equivocado el consenso del mercado ante múltiplos tan elevados? La respuesta puede que la tengamos en la historia.

A principios del siglo pasado vivimos una revolución industrial y económica muy parecida a la que vivimos actualmente. Una época de grandes innovaciones tecnológicas acompañadas de una nueva visión sobre la producción de bienes y servicios. Henry Ford, por ejemplo, pensó que, contrariamente a la opinión del consenso, el automóvil no era un capricho para ricos, sino un producto de consumo masivo. O Carnegie, que transformó la industria. Y qué me dicen de Edison, que agrupó inventores de forma que de su laboratorio salieron las patentes de la bombilla, el teléfono o el cine, entre otros inventos.

Solo he citado unos cuantos nombres, pero hubo muchos más. En todos los sectores. Y sus negocios o su capacidad de innovación alcanzaron cotas —y cuotas de mercado— solo comparables a lo que estamos viendo precisamente ahora.

Porque, díganme, ¿no puede ser Elon Musk el nuevo Henry Ford? ¿O Bezos un nuevo Carnegie? ¿No es comparable Netflix a una de las grandes productoras de Hollywood que nacieron con el cine? El 'smartphone' que creó Steve Jobs es ya tan importante como el propio teléfono original. Si la comparación tuviera fundamento, entonces a muchas de esas grandes marcas de la revolución digital y a sus fundadores les quedaría mucho camino por recorrer. Como a los titanes de la industria de los años veinte. No es ya que Ford popularizara el automóvil, sino cuántos Ford se han vendido desde entonces. Y más importante todavía: cuantos automóviles para consumo masivo.

Mucha gente dice que Tesla está caro, pero ¿qué valen su tecnología, su ventaja competitiva, su 'know how' y su visión del negocio, si dentro de 50 años la mayoría de los vehículos fueran eléctricos? Y no se trata solo de negocios monoproducto. Ahora mismo, Amazon es lo que es, pero ¿qué vale Amazon si su entrada en el sector de la alimentación tuviera éxito? ¿Y si luego lo consigue en, por ejemplo, la banca? Pasaría a ser un conglomerado como los de los años veinte en EEUU. Por no hablar de Google. ¿Conocen una empresa de la que sea cliente literalmente todo el mundo? ¿Cuánto vale la base de datos de Google? Y la confianza de los componentes de esa base de datos para cambiarse al Google Bank o al Google Hotel, etc. Imaginen a Google aplicando con éxito el método de Richard Branson con su marca Virgin.

Juan Cruz Peña Juan Cruz Peña

Por supuesto que podría ocurrir todo lo contrario. El mundo de la tecnología es muy cambiante y las modas, esas que no creo entienda un robot, también. En ese caso, estas empresas no estarían caras, estarían carísimas. Pero la verdad es que los FANG han demostrado, hasta ahora, una alta capacidad para adelantarse, copiar o comprar a la competencia, especialmente porque acumulan montañas de efectivo para hacerlo. Haría falta un Steve Jobs para quitarles el negocio y ya saben la historia: el peor enemigo de Jobs fue su propio consejo de administración. Yo, que algo sé de eso, les puedo decir que basta un consejo de administración de gente mediocre para anular cualquier innovación.

Lo que tampoco conviene olvidar es cómo acabó la fiesta de los barones de la industria en bolsa: con el crac del 29 y la recesión. Aunque también es cierto que todos ellos siguieron creciendo e innovando y que volvieron a vivir épocas de esplendor. Y que, hasta que se produjo el crac bursátil, se hizo mucho dinero con ellos. Y en décadas posteriores.

¿Mi consejo? Hagan como Warren Buffett. Cada vez que se derrumba la bolsa y nadie quiere comprar nada, él compra paquetes de acciones de Gillette, Coca-Cola y toda una serie de empresas conocidas y de mucho prestigio que normalmente están carísimas. Así que, si le preocupa que los FANG estén caros, cómprelos cuando estén de rebajas.

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