¿Por qué los banqueros centrales no lo entienden?

Los grandes cambios económicos suelen tener efecto sobre la estructura de fijación de los precios. De hecho, eso no es lo extraordinario, sino lo habitual

Foto: El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. (Reuters)
El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. (Reuters)

Como economista, me sorprendo cuando los banqueros centrales declaran que no entienden por qué la inflación se mantiene baja, pese a la mejora de la situación económica. Bueno, en honor a la verdad diré que Draghi no ha admitido su desconcierto, pero los economistas del BCE, Yellen y varios miembros de la Fed lo admiten sin tapujos: no lo entienden.

Y yo me pregunto ¿qué parte de 'revolución industrial' no han entendido? ¿Es tan difícil ver que estamos en medio de un cambio económico muy profundo? Probablemente tanto o más que la conocida como Revolución Industrial. Y los cambios profundos tienen consecuencias profundas. Y no me refiero solo a la revolución digital, que por sí sola sería suficiente para influir decisivamente en los precios durante mucho tiempo, sino a cambios que empezaron mucho antes, como son la globalización o el desarrollo de las energías alternativas.

Pero hoy hablamos de los banqueros centrales y nos centraremos en los precios. En la inflación, la desinflación o la deflación. Y les diremos, en primer lugar, que los grandes cambios económicos suelen tener efecto sobre la estructura de fijación de los precios. De hecho, eso no es lo extraordinario, sino lo habitual. Puede ser al alza, como cuando Occidente pasó de depender del carbón a depender del petróleo.

Afectó a los precios porque los países árabes decidieron usarlo como arma y afectó posteriormente por la existencia de un monopolio que los fijaba, lo cual suele ser al alza. Pero los cambios estructurales en los precios también pueden ser a la baja, como ocurre con la llegada del comercio electrónico, el vehículo eléctrico, la globalización o la robotización.

Por ejemplo, hace unos días se publicaba esta noticia: “Amazon compra Whole Foods y reduce los precios hasta un 43% el primer día”. Y uno se pregunta: ¿cómo es que esta noticia no ayuda a un banquero central a entender que los 'disruptores' digitales tiran de los precios hacia abajo? (Para ganar cuota de mercado, obviamente) ¿Y cuando se anuncia que en el futuro no se permitirá conducir vehículos que no sean eléctricos o híbridos por las ciudades? O que compañías como Volvo dejarán de construir coches que polucionen y países como Reino Unido los prohibirán dentro de 20 años, ¿no les da algo que pensar respecto al efecto de todo ello sobre el precio del petróleo?

Hay algo todavía más profundo y fascinante económicamente hablando: la influencia de internet sobre los precios. Tengo amigos que, antes de comprar algo, se van a comparar productos a un gran almacén. Luego, buscan en internet el que más les ha gustado y lo compran en el proveedor más barato. Ojo: en cualquier lugar del mundo. Internet ha creado el mercado perfecto en precios, pues todos los sujetos pueden conocer todos los precios —del mundo— en segundos. Antes alguien podía subir precios en su pueblo, porque los vecinos solo podían comprar en su tienda. Ahora el mundo es la tienda. Pero se ve que los banqueros centrales no conocen a nadie que haga eso.

Estar fuera de la realidad es una mala idea para un economista. Es comprensible que, desde la torre de marfil que es la sede de un banco central, no se compre 'online', pero ¿tampoco se lee sobre la globalización? La globalización es la responsable directa de que el poder de negociación salarial de muchos empleados del sector manufacturero sea actualmente nulo.

Y eso, hasta Trump sabe que es irreversible ¿Y qué me dicen de la robotización? Eso sí que sale en artículos del 'Financial Times', que supongo es lo que te encuentras en la sala de visitas de un banco central. ¿En ningún despacho se les ha pasado por la cabeza que la robotización disminuye el poder de negociación de los trabajadores? “No te quejes, que te sustituyo por un robot”. Sencillo, ¿no?

Todo lo anterior se ve en la vida real. Es más: no hay una ley económica que diga que si la economía crece, la inflación tiene que subir sí o sí. Puede haber crecimiento sin inflación. Y más en un entorno de avance tecnológico, donde la capacidad de negociación salarial se va reduciendo.

No me queda espacio para analizar las consecuencias de todo esto para la inversión, pero les prometo que, salvo que haya algo mucho más importante de lo que hablar de aquí al miércoles, en el próximo artículo entraremos en las implicaciones para sus ahorros e inversiones. Que son jugosas.

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