"vigilancia, toda. CANTOS DE SIRENA, LOS JUSTOS"

La próxima crisis vendrá cuando menos se la espere

La explosión de predicciones sobre crisis futuras, de corte un tanto oportunista, tiene una ventaja: nos obliga a reflexionar y plantearnos de donde podría venir

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¿Saben porqué pienso que no se va a producir una crisis financiera en el corto plazo? Pues porque nunca ha habido tanta gente anunciándola. Si algo he aprendido es que las grandes crisis vienen cuando menos se las espera. Y por donde menos se las espera. Por eso son tan dañinas.

He leído mucho sobre crisis pasadas y les aseguro que en 1929 eran muy pocos los que se preocupaban por los excesos financieros de los felices años veinte. Tampoco nadie predijo en 1998 que un Hedge Fund creado por algunos de los economistas más “brillantes” del mundo - y endeudado hasta treinta veces su valor nominal - acabaría forzando una intervención de la Reserva Federal de los EE.UU. Es más: nadie fuera del mundo de los “Hedge” sabía que existía el fondo LTCM. Ni lo que hacía.

Tampoco advirtió nadie sobre la crisis de las divisas emergentes, que fueron las que provocaron la caída del fondo. También viví la crisis de las “punto.com” y recuerdo que muy pocos se extrañaban de que “Terra” valiera lo mismo que Endesa. Y, finalmente, aunque la lista sería mucho más larga, les puedo asegurar que en 2007 casi nadie sabía lo que era un crédito subprime y que fuimos muy pocos los que dijimos que España era una bomba de relojería inmobiliaria (Ver “¿Sabe lo que es un crédito subprime?”, La Vanguardia, suplemento Dinero, 1 de Abril de 2007)

Supongo que la “inflación” de anuncios de crisis que vivimos tiene que ver con la oportunidad que presenta el hecho de que estamos en las efemérides de la crisis anterior. Todo el mundo se ve en la necesidad de anunciar la suya. Unos porque se lo preguntan, otros sin necesidad de que les pregunten. Pero hay que llamar la atención y nada como anunciar tu propia versión de la futura crisis. Especialmente si estás promocionando un libro.

Hay quienes incluso le ponen fecha. Esto resulta especialmente llamativo. Si ya es difícil predecir realmente las crisis - y decirlo todos los años a ver si suena la flauta no se admite como “predicción” -, imagínense ponerle fecha. Eso sí que es de nota. Insisto: no digo que predecir las crisis sea imposible - no lo es -, digo que cuando realmente ocurren son muy pocos los que las ven venir y nunca nadie acertó con la fecha exacta. De hecho, la mayoría de los que han acertado tuvieron la humildad de no poner una fecha concreta. Se limitaron a decir que iba a ocurrir. Que no es poco (Por ejemplo Ray Dalio en 2007)

Por lo tanto, la buena noticia es que la posibilidad de que tengamos una crisis financiera en los próximos doce meses – y no hablo de una corrección bursátil - es bastante baja, considerando que sería la primera vez que ocurre justo cuando la mayoría de los economistas la están anunciando. La segunda buena noticia es que si lo habitual es que el consenso de analistas se equivoque - si no fuera así todos serían ricos y no es el caso -, el consenso de los economistas se equivoca todavía más.

Ningún organismo internacional ha avisado jamás de ninguna de las crisis que han sufrido los países emergentes (motivo por el cual ahora el FMI avisa todos los años, no vaya a ser que venga) Ni de ninguna otra crisis.

Esta explosión de predicciones sobre crisis futuras, de corte un tanto oportunista, tiene una ventaja: nos obliga a reflexionar y plantearnos de donde podría venir. Porque venir vendrá, simplemente porque la alternancia entre periodos de bonanza y crisis forma parte de la genética del sistema y, en consecuencia, de los mercados financieros. Tratar de estar atento a por donde van a venir las bofetadas no es una actitud prepotente, sino más bien prudente.

Así que cuando me preguntan por la próxima crisis, incluido motivo, activo involucrado y fecha de ocurrencia – nunca mejor dicho –, respondo que no tengo ni idea, que lo mejor es vigilar y tener ojos hasta en la nuca. Que lo importante es detectar los síntomas que suelen aparecer antes, como son los excesos en el endeudamiento, las valoraciones estratosféricas o la generalización del comportamiento gregario.

Si me insisten, digo que a lo que hay que estar especialmente atentos es a los factores de inestabilidad en los que menos se fija el consenso. Por ejemplo, la mayoría de analistas decían que el fin del QE sería el inicio de la crisis y ya ven: en EEUU llevan meses en proceso de reversión y la bolsa está en máximos. En Europa el malvado BCE lo ha anunciado hace tiempo y sigue saliendo el sol por las mañanas.

No, yo me fijo más en cosas como el “shadow banking” de China, que es una forma muy fina de denominar a un gigantesco grupo de prestamistas y usureros sin control estatal. Y todavía más en la cada vez mayor divergencia que existe entre las economías que forman el euro. Me parece un foco de tensión evidente y encima solo se le he oído hablar de ello a una persona (la gestora del fondo de pequeñas compañías europeas del Santander), lo que aumenta la probabilidad de que ocurra.

Si me “pinchan” para que diga algún otro posible foco de tensión les diré que miren hacia los emergentes. A la mayoría de economistas y analistas les preocupa EEUU (vaya Ud. a saber porqué, es una economía que va estupendamente y sin signo alguno de recalentamiento), pero pocos miran la fragilidad de unas economías, las emergentes, a las que cada subida del dólar o de los tipos de interés norteamericanos les hace polvo. Y la caída del precio de las materias primas ahonda la herida. En fin: vigilancia, toda. Cantos de sirena, los justos.

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