A lo mejor nuestros abuelos no eran tan tontos

Mucha gente se arrepentirá cuando dentro de unos años vea que en 2019 los dividendos estuvieron en los niveles más atractivos de la historia en relación la renta fija

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En un mundo en el que lo único que importa son los “tuits” de Donald Trump, es fácil perderse oportunidades. Luego, mucha gente se arrepentirá cuando dentro de unos años vea que en 2019 los dividendos estuvieron en los niveles más atractivos de la historia en relación con los intereses de la renta fija.

El otro día leía que uno de los más importantes bancos de gestión de activos del mundo había decidido invertir el dinero de sus clientes de forma masiva en bonos e infraponderar las acciones. Puede que tengan razón, por supuesto, pero desde el punto de vista de la valoración - y los mercados son mucho una cuestión de valoración - no me parece la decisión más acertada.

Nunca en la historia ha habido un diferencial tan alto en Europa entre los intereses que pagan los bonos y los dividendos que pagan las empresas cotizadas. Los bonos de alta calidad que va a comprar el que llamaremos “banco importante” ofrecen rentabilidad negativa de, por ejemplo, el -0,70 % en el caso del bono alemán con vencimiento a diez años. O el uno y pico por ciento del bono austriaco con vencimiento a 100 años. Si bajan un poco el listón pueden comprar bonos españoles con vencimiento a diez años, que dan un “magnífico” cupón del 0,60%. Pero en vencimientos más cortos los clientes del “banco importante” lo que tendrán que hacer es pagarle al estado español por prestarle dinero. Si, lo han adivinado: al futuro gobierno del PSOE con Podemos.

El caso es que, recientemente, editamos una nota para nuestros clientes analizando con detalle las empresas de servicios públicos europeas, más conocidas como “utilities” (electricidad, gas, autopistas, etc.). ¿Y saben Uds. que un sencillo ETF del sector ofrece una rentabilidad por dividendo superior al 4%?. Ni gestión activa ni gaitas: solo por copiar el índice. Y se puede acumular para no tener que pasar por Hacienda o se puede comprar un producto de distribución para darse el placer de que te paguen un 4% todos los años en lugar de pagarle al gobierno por prestarle dinero.

Me dirán que la rentabilidad por dividendo no está garantizada. Y yo les responderé que, tratándose de un índice de 600 compañías, muy mal tendría que darse para que las 600 redujeran el dividendo a la vez. Incluso si el “banco importante” al que hacemos referencia acertara y lo que nos espera es una “japonización” mayor que la del propio Japón – con estos políticos nunca se sabe - , sería muy difícil que las 600 compañías de servicios públicos europeas redujeran su dividendo a la mitad. Es más: es tal el diferencial que, aunque todas lo redujeran a la mitad, que ya es suponer, el dividendo seguiría siendo muy superior al del bono alemán o el bono español.

Pero ahí no acaba la cosa. No es necesario irse a un producto sectorial complejo. Otro estudio que estamos preparando para nuestros clientes tiene como objetivo seleccionar planes de pensiones cuyo dividendo interno supere claramente el 3% y donde la banca no tenga un peso excesivo en la cartera (la banca sí que va a bajar el dividendo de forma generalizada). Cuando lo reciban se sorprenderán de ver que hay planes de pensiones de renta variable de entidades muy conocidas con rentabilidades internas por dividendo superiores al 4%.

Nuestros abuelos compraban acciones de Iberduero, de Unión Fenosa, de Acesa o de Iberpistas, las guardaban en un cajón y se limitaban a cobrar el dividendo. Ni se les pasaba por la cabeza venderlas, porque veían el dividendo como algo parecido al alquiler de esos pisos en los que también invertían sus ahorros. Y, como los pisos, cuando al cabo de una vida decidían vender las acciones, se encontraban con la sorpresa de que, además de los dividendos, habían obtenido una estupenda plusvalía en las acciones. Unas acciones que nunca les quitaron el sueño. Y no tenían que estar pendientes de Donald Trump y sus cambios de humor. No los llamaban “utilities”, que queda mucho más “fashion”, pero parece ser que sabían lo que compraban. Y algo me dice que no habrían comprado un bono con rentabilidad negativa. A lo mejor resulta que nuestros abuelos no eran tan tontos.

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