El efecto de las redes sociales sobre los mercados

Nadie pone en duda que afectan a nuestro día a día, a la política, a la cultura, a la información, a la comunicación o a nuestras relaciones pero sí a los mercados financieros

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Es curioso, pero, que yo sepa, nadie ha hecho un estudio sobre cómo afectan las redes sociales a los mercados financieros. La mayoría de los analistas ni siquiera las tienen en cuenta. Nadie pone en duda que afectan a nuestro día a día, a la política, a la cultura, a la información, a la comunicación o a nuestras relaciones personales, pero, curiosamente, no se considera o no se valora su efecto sobre los mercados financieros. Pese a que tienen mucho más lectores o espectadores que cualquier medio de comunicación.

Yo si que creo que quien invierte o asesora a inversores tiene que tener muy en cuenta a este nuevo jugador. Y no porque la información de la redes sociales sea mejor o peor, depende de a quien sigas, sino porque no podemos ignorar que lo que en ellas se diga influye en los movimientos de los mercados. Quien detecta el sentido de esa influencia tiene una valiosa información adicional sobre las tendencias de los distintos activos financieros.

En la inversión a corto plazo tenemos un ejemplo en los tuits de Donald Trump. Miente quien diga que no son actualmente el mayor factor de movilidad del mercado a corto plazo, ya sean sobre China, Irán o cualquier otra cuestión que se le pase por la cabeza al inquilino de la casa blanca. Un “trader” que no siga al minuto la cuenta de Donald Trump es un “trader” muerto

También hay ejemplos evidentes de cómo afectan en las decisiones de inversión de largo plazo. El caso más claro lo tenemos en el mercado de bonos.

Al igual que ocurre en los medios de comunicación, en la redes sociales relacionadas con los mercados financieros se puede decir perfectamente eso de “que una buena noticia no te arruine un gran titular”. En el mercado los “influencers” son normalmente gente que habla de la crisis que viene – venga o no venga -, de la recesión que va a venir, de la “represión financiera” o de “la burbuja”, normalmente de la renta variable, porque es la que más vende. Luego la que explota es otra, una que nadie se esperaba, pero ¿qué importa? Lo que importa es el titular o el “tuit” que llama la atención y el “la burbuja bursátil” es el más sexy.

Algún día psicólogos y sociólogos determinarán cuál es el efecto que tiene sobre la mente del inversor estar todo el día pegado a un móvil leyendo las palabras ”crisis”, “recesión” y “burbuja”. Yo de momento tengo claro uno: ha influido en la actitud híper conservadora que ha llevado a mucha gente a perderse el gran mercado alcista de los últimos años. Y que probablemente les lleve a perderse el siguiente. Y lo que es peor: podría estar metiéndoles en una trampa, en su búsqueda obsesiva de seguridad en el mercado de bonos europeo.

Llevo muchos años recomendando la inversión en bonos y todavía recuerdo cuando tenía que escuchar aquella estupidez del “riesgo asimétrico”, mientras caían la inflación y los tipos de interés y el Banco Central Europeo y la Fed se disponían a comprar todos los bonos del mercado. Esa palabrita, utilizada por gente que quería hacerse la interesante, dejo a muchos fuera del “rally” de los bonos. Y también se transmitió por la redes.

Ahora, cuando un país como España, deficitario por naturaleza y que seguramente va a tener un gobierno aficionado al gasto está cobrando por prestar dinero a los inversores no es por el resultado de un análisis serio: eso es miedo puro y duro, alentado, al menos en parte, por lo que se dice en las redes sociales. Y hace que suban los bonos.

El inversor inteligente debe utilizar a su favor estas cosas. Al poco de ganar Trump las elecciones escribí un artículo diciendo que sería “el año del “trader”. En realidad han sido tres años en los que comprando cuando Trump generaba miedo o confusión y vendiendo cuando suavizaba sus tuits se ha podido ganar mucho dinero, sin necesidad de análisis fundamental de ningún tipo.

Las redes o el manejo de los sentimientos que generan han sido también un aliado a la hora de invertir en bonos, porque a la tendencia lógica de la bajada de los tipos de interés - para adaptarse a un entorno de baja inflación - se ha unido el miedo irracional que potencia la tendencia. Detectado el miedo, detectada la tendencia. El mismo miedo que ha dejado fuera del mercado de renta variable a mucha gente que será la que financie la próxima subida cuando vean que el cielo no ha caído sobre sus cabezas y que el único que ha ganado ha sido el “influencer” que les vendió protección. O sus libros.

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