Bienvenido a la eurozona, Mr. Marshall

Respecto a las probabilidades de que haya plan Marshall europeo puedo decirles que, no siendo en absoluto inminente, son mucho mayores que en cualquier momento de los últimos diez años

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No, no se preocupen, no les voy a hablar de política. Les voy a hablar de algo que, de producirse, cambiaría totalmente la evolución de los mercados financieros de la eurozona, haciendo subir las bolsas y pinchando, en paralelo, la burbuja de los bonos.

Vayamos por partes. Para entender la situación de estancamiento económico a la que ha llegado la eurozona, hay que imaginarse a una persona a la que se le carga de ropa en pleno verano y luego se le pide que corra. En el caso europeo el lastre se llama burocracia y excesos regulatorios e impositivos. Además de retraso en la revolución digital. Los costes burocráticos, los regulatorios y el nivel de impuestos han crecido exponencialmente. Cualquiera que monte una empresa ahora y lo compare con haberla montado hace 20 años sabe a que me refiero. En cuanto a la digitalización, resulta ridículo oír hablar a los ministros del ”fintech” o del “sandbox”, cuando sus “negociados” —la Administración y sus métodos— parecen gestorías de los años sesenta.

Irónicamente, la forma de sacar a Europa de la “euroesclerosis” sería deshacer el camino andado, pero eso ya les digo yo que no va a ocurrir. No hay que tener gran capacidad de predicción para entender que esta clase política no tiene la valentía suficiente para rectificar y asumir el coste político de esa rectificación.

Pero algo está cambiando. Hasta ahora, los políticos se ponían hábilmente de perfil y le trasladaban la responsabilidad —e incluso la culpa— al Banco Central Europeo. Y como los consejeros del BCE deben su puesto a los políticos, asumían la culpa y el deber de solucionar el problema, todo a cambio de un gran sueldo e infinitas posibilidades de promoción. O protestaban y se hacían los ofendidos, para luego darle con fervor a la máquina de fabricar billetes y comprar bonos.

Pero hasta los consejeros del BCE se están asustando. El nivel surrealista que están alcanzando las cotizaciones del mercado de bonos, donde, por ejemplo, se paga a un país como España por prestarle dinero o incluso en parte de la deuda italiana, está asustando al consejo del BCE. Esta perversión financiera está provocando tal rechazo que ya no se limitan a poner lo de que “hay que hacer reformas” en la plantilla de los comunicados para quedar bien. Ahora les dicen claramente a los gobernantes europeos que tienen que hacer su trabajo, que el BCE no puede seguir con esta locura. Y que si no van a eliminar el lastre de la burocracia, las regulaciones y los impuestos confiscatorios, entonces tendrán que pasar al plan M, porque el BCE se está quedando sin munición. Además no tiene ni ha tenido nunca armas para modificar la estructura económica de la Eurozona, esa que ellos han envuelto en un traje de cemento armado.

El plan M —de Marshall— se llama Política Keynesiana. El famoso economista inglés consideraba que una fuerte inyección de gasto público —algo serio, no el Plan “E”— puede encender la mecha de lo que verdaderamente hace que se mueva la economía, que es la empresa privada. Darle un empujón y animarla si esta no quiere o no puede hacerlo. Que sea el Estado el que realice fuertes inversiones en infraestructuras y ponga en marcha el motor de la actividad económica privada.

No voy a entrar aquí en discusiones sobre si esto es bueno o malo, eso queda para tertulianos y economistas cuya misión es teorizar. La mía es cuidar el patrimonio de mis clientes, en este caso tratando de predecir si podría haber un plan “M” en Europa y cuáles serían sus consecuencias para las inversiones de, iba a decir la gente, pero, visto como tratan los políticos a ahorradores e inversores, está claro que no les consideran “la gente”. Así que diré de ahorradores e inversores españoles.

Respecto a las probabilidades de que haya plan Marshall europeo puedo decirles que, no siendo en absoluto inminente, son mucho mayores que en cualquier momento de los últimos diez años. El mensaje del BCE a los políticos alemanes de que si no les gustan los tipos de interés negativos hagan su trabajo empieza a tener cada día más adeptos, desde la patronal alemana al BCE pasando por toda la banca europea. Y ahora se ha unido un nuevo frente de presión: la economía alemana y —no podía ser otro—, Donald Trump.

Respecto a las probabilidades de que haya plan Marshall europeo puedo decirles que son mucho mayores que en cualquier momento de los últimos diez años

Está claro que Alemania no va a mover un dedo si su economía no entra en recesión. Pero es que ahora podría entrar. Es la economía europea a la que más daño hace la guerra de tarifas y, ojo: cuando Trump “acabe” con China vendrá a apretarle las tuercas a los fabricantes de coches alemanes. Al tiempo.

Si después de diez años de austeridad y superávit Alemania y países adláteres sucumbieran a presiones de la magnitud expresada anteriormente, a lo primero que asistiríamos es a una caída del precio de los bonos, ergo, del valor de los fondos de renta fija.

Ni siquiera hace falta que el plan “M” funcione: basta con que cambie la percepción del mercado respecto a las expectativas de inflación. Tenemos los niveles de tipos de interés más bajos de la historia en el mercado de bonos. No les haría falta mucho para reajustarse al alza. Imagínense el miedo en el cuerpo de ese gran banco suizo de cuyo nombre no quiero acordarme, que hace un mes decidía pasar masivamente a sus clientes a bonos con rentabilidad negativa, es decir, que si dejan de subir lo que te quedas es un bono o fondo de renta fija que te cuesta dinero. Los venderían como si quemaran.

Para mí el gran beneficiario sería la renta variable. No es cierto que si caen los bonos tengan que caer las acciones. Unas veces es así y otras veces no. Depende del motivo. De hecho llevamos muchos meses en los que la correlación es totalmente negativa. Además, tendría toda su lógica que los mercados de renta variable descuenten un repunte del crecimiento si se apretara el botón nuclear del estímulo fiscal masivo, especialmente en un entorno de dinero gratuito,.

Al final el plan “M” seguramente no funcionará, porque la segunda derivada, la que buscaba Keynes de animar la actividad privada, no se produciría si el yugo y los arietes de la burocracia, la regulaciones y los impuestos siguen ahí. Probablemente volviéramos a la situación anterior y probablemente a la “japonización” —estancamiento y deflación – definitiva de Europa. Pero durante un periodo que podría ser bastante largo —entre uno y tres años— podríamos asistir a un cambio importante de escenario.

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