¿Y a mí, quién me paga el coste de oportunidad?

Un asesor que cobra comisiones de los productos que recomienda es un vendedor, no un asesor y mucho menos independiente. Sirva de lección también para los que protegen al inversor

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Participaba el otro día en una mesa redonda y, al acabar, se me acercó uno de los asistentes. Pensaba que me iba a preguntar por el mercado o, mejor todavía, que me iba a pedir una tarjeta de visita para hacerse cliente de Nextep. Pero no, lo que me dijo me dejó bastante descolocado. Me espetó, así, de entrada, esta pregunta: “¿Y a mi, quién me paga el coste de oportunidad?”

A renglón seguido me explicó que me había escuchado decir que, pese a que la mayoría de analistas, asesores e “influencers” de las redes y medios de comunicación llevaban años recomendando ser prudentes, por la nueva “crisis” financiera que estaba al caer, la realidad es que el índice S&P 500 había subido la friolera de un 350% en diez año y el Stoxx 600 Europe un respetable 130%. Quien hubiera aprovechado la crisis de 2008 para colocar la mitad de su cartera en dos fondos índice que replicaran estas dos referencias habría obtenido una excelente rentabilidad, sin necesidad de tener un perfil de riesgo especialmente agresivo.

Tras escuchar esto, la persona que me interpeló pensó que, efectivamente, ese era su perfil, pero no era ni de lejos la rentabilidad de su cartera (de la parte de renta variable). Le pregunté por sus fondos. Todos, absolutamente todos, eran fondos de los llamados fondos de “valor” o “value”. Y de los más conservadores.

Antes de seguir permítanme aclarar que no tengo nada contra estos fondos ni contra sus gestores. Más bien al contrario. Al menos ellos tratan de ganarse la comisión de gestión, no como la mayoría, que se limita a seguir al índice y cobrar como si realizaran una gestión activa. El problema es que los últimos años no han sido benignos con este estilo. Es como si se pone a un defensa a jugar de delantero.

El problema no son los gestores. El error lo cometió el “entrenador”, el asesor que le recomendó esos fondos. Primero, por poner todos los huevos en la cesta del “value”, un estilo de gestión muy concreto para escenarios muy concretos. De hecho, también son muy útiles para “estar” en renta variable con protección si el perfil del inversor es muy conservador. Y este fue el segundo error, porque el perfil era equilibrado. Pero el mayor error era que no hubiera fondos índice en la recomendación, porque, además de un considerable ahorro en comisiones, habrían obtenido lo mismo que el índice. Así, al menos una parte de la cartera habría hecho lo mismo que el mercado. Y esto no es hablar a toro pasado, son reglas básicas de diversificación y optimización de costes.

Acabada la conversación me vino a la cabeza una pregunta de las de “piensa mal y acertarás”: ¿porqué todos fondos eran de pequeñas gestoras? Es raro que un asesor no incluya ni una sola multinacional extranjera en una recomendación de cartera de renta variable global. Un asesor que, por cierto, se declaraba independiente. El pensamiento malicioso me llevo a la igualmente maliciosa duda de si pudo ser porque las entidades más pequeñas suelen ser las que ceden mayores comisiones de distribución, porque carecen de canales de venta. Las grandes firmas multinacionales han establecido alianzas en España que les permiten contar con potentes canales de distribución y, de hecho, las diferencias entre las comisiones que ceden a los distribuidores son pequeñas. Elegir entre una u otra no afecta a los ingresos del asesor. Pero recomendar un fondo de una pequeña entidad española en lugar de uno de una gran multinacional sí que afecta. Y no les quiero decir en comparación con un fondo índice.

Lo que nos lleva a otra cuestión: la necesidad de que los reguladores sean cada vez más exigentes en relación con el uso de la calificación “independiente". Hubo un tiempo en el que la retrocesión de comisiones era imprescindible en el asesoramiento profesional y de calidad. Si se le hubiera imputado al cliente el coste real del asesoramiento no habría habido arquitectura abierta ni asesoramiento de calidad en España.

Ahora hay otras formas de ofrecer asesoramiento de calidad sin necesidad de cobrar comisiones de los productos recomendados

Pero las cosas cambian. Ahora hay otras formas de ofrecer asesoramiento de calidad sin necesidad de cobrar comisiones de los productos recomendados. Es como si un adolescente siguiera montando en bici con los “ruedines” que les ponen a los niños. Son necesarios al principio, pero están fuera de lugar cuando el “niño” tiene quince años. Hoy en día un asesor independiente no puede estar cobrando de los “fabricantes” de los fondos que recomienda (ni obviamente estar vendiendo su propio fondo de inversión) Y esto no lo digo yo: lo dice la directiva MiFID.

Nadie le va a “devolver el coste de oportunidad” a esta persona que me interpeló el otro día. Pero será más escéptica con quienes se dedican a transmitir miedo para luego ofrecerle “protección”. Aprenderá a valorar todas las opiniones, no solo las que se basan en el pesimismo. Seguramente también ha aprendido que un asesor que cobra comisiones de los productos que recomienda es un vendedor, no un asesor y mucho menos independiente. Y sirva también su historia para que no bajen la guardia quienes se ocupan de proteger los intereses de los inversores, que, todo hay que decirlo, afortunadamente, cada día protegen mejor.

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