De los errores se aprende

Si el mercado sigue subiendo, habrá un momento en el que la opinión generalizada entre las grandes casas de inversión sea totalmente alcista

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Los errores son una fuente de información muy útil: ayudan a no cometerlos en el futuro. Hay que revisarlos y que pasen a formar parte de la estrategia de inversión.

Este año el error que han cometido muchos inversores - o sus asesores - ha sido olvidarse de que en los mercados el consenso de analistas es más un indicador contrario que un indicador del camino a seguir. Es posible que en muchas otras actividades lo sea, aunque si Colón hubiera hecho caso al consenso no habría descubierto América ni Copérnico que la tierra giraba alrededor del sol, pero en los mercados es un hecho probado estadísticamente que el consenso de analistas falla más que acierta. Siendo justos, hay que aclarar que muchas veces es por presión de la dirección, que prefiere no complicarse la vida y agarrarse al socorrido consejo de la prudencia, la cautela y el clásico “hay que ser selectivos”.

Esto no significa que haya que hacer automáticamente lo contrario de lo que diga el consenso, sino que no hay que tener miedo a tener ideas propias. Sobre todo si son fruto de un buen análisis.

Este año, en el consenso imperaba el miedo. No invierta, que viene “la crisis”. Y la recesión. Y, sobre todo, no invierta en bolsa, que hay una burbuja. Es más: mejor no invierta en nada, que sufrimos “represión financiera” y algo que suena tan mal no puede acabar bien. Así, la gran mayoría de los inversores se han perdido uno de los mejores años de la historia de la inversión, en el que han subido en paralelo y de forma espectacular tanto los fondos de renta fija como los de renta variable. No ocurría desde el año 1997.

Pero ojo: el año que viene podrían cambiar las tornas. El consenso ya está cambiando de acera. Si el mercado sigue subiendo, habrá un momento en el que la opinión generalizada entre las grandes casas de inversión sea totalmente alcista. Llegados a ese punto habrá que revisar la estrategia y hacer un análisis propio de la situación y acordarse de que la posición del consenso no debe ser vista como una verdad absoluta, sino más bien como una invitación a la prudencia.

También hay que tener la cabeza fría para no dejarse llevar por intereses ajenos a los suyos. Por ejemplo, los de los “influencers” de las redes sociales. Sus intereses no coinciden siempre con los de los inversores. Buscan seguidores, clientes o vender libros, lo cual es totalmente legítimo. Pero la forma de hacerlo puede no serlo tanto. Muchos han utilizado el miedo como fórmula de venta y eso ha provocado que quienes les han seguido se hayan perdido esta subida histórica. Ahora, si el mercado sigue subiendo, los argumentos de venta o captación podrían cambiar. Podrían pasar de prometer el Armagedon a prometer la luna. Con resultados parecidos.

Las redes sociales son una magnífica fuente de ideas y de información, pero hay que separar el grano de la paja. Y tampoco olvidar que en los medios de comunicación lo que venden son las malas noticias. Como decían en una película de Billy Wilder, “no dejes que la realidad te estropee un buen titular”

Muy relacionado con lo anterior está el problema de la información parcial. En los últimos años se ha hablado insistentemente del riesgo que supone el elevado nivel de deuda que existe en la economía global, especialmente en las economías avanzadas. Y es cierto: la deuda ha crecido mucho. Pero lo que no se dice es que también ha crecido el producto interior bruto, especialmente el del país más endeudado (EE.UU.)

Tampoco se menciona que la caída de los tipos de interés, única en la historia, hace que la financiación o servicio de esa deuda sea mucho más fácil. Es lo que se llama sostenibilidad de la deuda. No se debe hablar del tamaño de una deuda sin mencionar el tipo de interés o el vencimiento. No es lo mismo un préstamo a diez años al 5 % que el mismo préstamo al 0 %.

Podría perfectamente ocurrir que el año que viene el tamaño de la deuda deje de ser argumento de venta y que el miedo de lugar a la euforia. Es entonces cuando no deberá olvidar la lección aprendida y, diga lo que diga el consenso, vigile la evolución de los tipos de interés. Si no suben mucho o van acompañados de una reducción de esa deuda - o de una mejora de las cuentas públicas - podría no ser grave. Pero como suban sin que ocurra lo anterior, habrá que estar preparados para cambiar de rumbo.

Aprendamos de los errores e incorporémoslos a nuestra estrategia, porque viene un año que será movidito, pero también prometedor. Que pasen una muy feliz Navidad y que disfruten de un estupendo 2020.

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