USA-Irán: ¿oportunidad o fin de fiesta?

A primera vista, parece lo más probable que esto acabe en enfrentamiento militar y no en mesa de negociación... Pero hay otra lectura

Foto: Un 'trader', en la Bolsa de Nueva York. (Reuters)
Un 'trader', en la Bolsa de Nueva York. (Reuters)

Por si alguien pensaba que la volatilidad había perdido su carácter cíclico, el señor Trump —y, todo hay que decirlo, las provocaciones previas de Irán— nos recuerda que, si hay algo seguro en los mercados, es precisamente la volatilidad.

Desde que llegó al poder, el Sr. Trump ha hecho las delicias de quien compra un día para vender unos días o unas semanas después, ya fuera por los altibajos en las negociaciones comerciales con China, las tensiones con Corea o su tendencia a alternar en Twitter enfados con euforia.

¿Y ahora qué? ¿Estamos ante una nueva oportunidad de entrada para los 'traders'? ¿Podríamos estar ante la segunda oportunidad para quienes se perdieron el 'rally' anterior? ¿O es mejor esperar?

Si solo fuera cuestión de Donald Trump, yo diría que es una oportunidad. Si algo ha dejado claro es su 'modus operandi': rompe la baraja, ofrece luego sentarse a negociar, mientras negocia genera la máxima confusión para que el contrario pierda el norte y, finalmente, cierra un acuerdo que modifique el 'statu quo' anterior y mejore la posición norteamericana. A los españoles esto nos choca, porque estamos acostumbrados a que los políticos incumplan lo que prometen, pero todo lo que hemos vivido —y sufrido— con Trump estaba, letra por letra, en su programa electoral. Incluida la renegociación del acuerdo que alcanzó Obama con el régimen de los ayatolás.

No voy a entrar en si aquel acuerdo era bueno o malo. No es mi papel. Lo importante para quienes asesoramos a inversores es tener una estrategia. Lo fácil es decir que “habrá volatilidad” o eso tan socorrido de “hay que ser selectivos”, que es ya todo un clásico. Pero ante circunstancias como esta, nos guste o no, hay que tomar decisiones, asumiendo que es más difícil que predecir la evolución de los tipos de interés o los beneficios empresariales.

En esta ocasión, es especialmente difícil, porque entre EEUU y su nuevo 'objetivo' hay un tercero en discordia, Arabia Saudí, el aliado de Norteamérica en la región. Y la rivalidad del reino saudí con Irán trasciende cualquier cuestión económica o de lucha por el poder territorial. Es una guerra a muerte en que ambas partes quieren aniquilar al contrario. Y por si lo anterior fuera poco, es también un conflicto religioso en su versión más agresiva, violenta y tribal, una lucha de siglos entre dos ramas del islam, los suníes y los chiíes.

El funeral de Qasem Soleimani, este martes. (Reuters)
El funeral de Qasem Soleimani, este martes. (Reuters)

A primera vista, parece lo más probable que esto acabe en enfrentamiento militar y no en mesa de negociación, un escenario que aconsejaría no complicarse la vida.

Pero hay otra lectura.

Donald Trump entrará pronto en campaña electoral y le vendría de cine un conflicto externo con un régimen tan antipático para el votante norteamericano como es el iraní. El votante se uniría para apoyar al comandante en jefe. Y además se desviaría la atención del 'impeachment'.

Si los ayatolás decidieran responder a Donald Trump con una acción militar directa, le regalarían una carambola triple: votos, debilitar el 'impeachment' y la excusa perfecta para asestar un golpe mortal al poderío militar iraní. Porque no les quepa la menor duda: si Irán ataca un objetivo militar norteamericano, la respuesta sería contundente. Además, sus enemigos saudíes se frotarían las manos viendo cómo Norteamérica reduce a cenizas la maquinaria de guerra iraní mientras ellos dan un pelotazo económico impresionante, vendiendo a buen precio el petróleo que Irán dejará de poner en el mercado.

A primera vista, parece lo más probable que esto acabe en enfrentamiento militar y no en mesa de negociación... Pero hay otra lectura

Si los clérigos iraníes son listos, probablemente deberían buscar respuestas más pragmáticas. Una es la ya anunciada de reiniciar su programa nuclear. Trump les ha regalado la excusa perfecta para no tener que respetar los 10 años de carencia que habían acordado con Obama. También pueden redoblar sus efectos desestabilizadores en Irak, escalar la guerra que mantienen en Yemen con Arabia Saudí o incrementar su apoyo a redes terroristas. Difícilmente iba a obtener Trump el apoyo del Congreso y de la sociedad norteamericana para lanzar una ofensiva militar si no atacan directamente los intereses de Estados Unidos.

Este curso de los acontecimientos en el que el régimen iraní eligiera una respuesta pragmática y una venganza a más largo plazo —como hacerse con armas nucleares, que no es poco— justificaría aprovechar la caída del mercado para tomar posiciones, partiendo de la base de que no van a fabricar su bomba en unos meses.

Esperemos acontecimientos, para ver si hay una respuesta visceral, pero si no la hay, significaría que los ayatolás se lo han pensado dos veces antes de entrar al trapo y que utilizarán el 'sacrificio' de su general como excusa para reiniciar la construcción de su ansiada bomba, en lugar de ofrecer a sus enemigos la excusa perfecta para que los aniquilen.

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