Otro motivo para invertir en renta variable europea

El gran cambio con respecto a épocas anteriores es que ahora se unen la motivación económica, política y electoral para que la inversión medioambiental se ponga en marcha en la eurozona

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Hace aproximadamente un año añadí la renta variable europea a mi recomendación “estrella”, que siempre era la renta variable norteamericana.

Recomendé la bolsa de la eurozona por el dividendo. Europa no va a ser ni líder digital ni líder en crecimiento económico, pero en un escenario de tipos de interés cero o negativos el dividendo de más de un 3% que ofrece la renta variable europea representa una oportunidad histórica. Y si ya entras a seleccionar fondos o ETF especializados en valores que paguen un buen dividendo, esa cifra sube al 4%. Con el bono español a diez años pagando un “cero coma” y el alemán cobrándote por prestarle dinero al estado, un 4% es una “pasada”, si me permiten la expresión.

El otro motivo por el que Europa “entró” en mí “cesta de la compra” es por una expectativa que va tomando cuerpo: la posibilidad de que se lleven a cabo fuertes inversiones en infraestructuras como forma de reanimar la “euro esclerótica” economía de la Eurozona. Y no olvidemos que los mercados se mueven en gran medida por expectativas.

Llevo años oyendo hablar de lo rentable que puede ser invertir en la preservación del medio ambiente. Pero al final siempre se quedaba en nada. Las directivas medio ambientales europeas no se cumplían o se cumplían diluidas y con retraso. En el caso de los mercados emergentes las prioridades siempre han sido otras, como es lógico. Allí solo se ha invertido seriamente en temas medioambientales de primera necesidad, como pueden ser el tratamiento de aguas residuales o la potabilización.

Pero es posible que, en esta ocasión, al menos en Europa sea diferente. Y no porque los políticos hayan adquirido una sensibilidad ecológica especial. Para ellos solo ha sido una magnífica excusa para crear nuevos impuestos o aumentar los existentes. Pero puede que ahora se hayan dado cuenta de que también puede ayudarles a esconder las vergüenzas de una política económica que ha sumido a la eurozona en el estancamiento.

La eurozona necesita un fuerte impulso económico. Ese impulso puede venir través de una gestión inteligente, como liberar al tejido económico europeo del lastre de la burocracia y las regulaciones y, en paralelo, bajar los impuestos. Pero, a falta de inteligencia y valentía política, también puede venir por el lado de la inversión pública, aunque su efecto sea temporal.

[Europa: ¿oportunidad o trampa?]

En esta disyuntiva, es casi seguro que los políticos se decantarán por el lado de la inversión publica. Afortunadamente, en esta ocasión está justificada. Lo está tanto para contener el deterioro medioambiental como para mejorar la poco competitiva infraestructura digital de la eurozona. Y además la primera tiene una fácil “venta” entre el electorado, porque si ya es fácil “colar” un impuesto diciendo que es medioambiental —aunque luego se dedique a otra cosa—, resulta mucho más fácil “vender” inversiones públicas dirigidas a la preservación del medio ambiente.

El gran cambio con respecto a épocas anteriores es que ahora se unen la motivación económica, política y electoral para que la inversión medioambiental se ponga en marcha en la eurozona.

Ahora se unen la motivación económica, política y electoral para que la inversión medioambiental se ponga en marcha en la eurozona

Los inversores tienen muchas formas de beneficiarse del proceso: invertir en índices europeos globales, elegir las bolsas de los países europeos donde más va se vaya a notar esa inversión medioambiental, utilizar fondos temáticos y sectoriales que tengan claro donde se juega el partido, etc.

Ejemplo de un sector interesante es el de las compañías eléctricas. Si saben jugar bien sus cartas podrán renovar sus instalaciones más antiguas e ineficientes con cargo al Estado y a la revolución verde. Sin tocar el dividendo. Hace ahora seis meses que emitimos una nota de análisis recomendando sustituir fondos de renta fija por fondos que inviertan en compañías europeas de servicios públicos (“utilities”), que son las que pagan un buen dividendo y que además suele ser estable en el tiempo. Eso incluye principalmente compañías eléctricas. Ahora tenemos otro motivo para seguir enviándola.

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