Si quiere rentabilidad, búsquela por sectores y países

Los impuestos son importantes, pero es más importante la rentabilidad. Es mejor pagar más si ganamos más que pagar menos porque ganamos poco o nada.

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¿Han visto ustedes qué diferencia de rentabilidad entre el Ibex y el Nasdaq? La recuperación del Nasdaq desde mínimos es del 37 %, el Ibex apenas ha recuperado un 11%.

Tiene toda su lógica. El Ibex es un índice analógico de un país con serios problemas para recuperar el pulso económico. Es también un índice latinoamericano y, por lo tanto, muy dependiente del precio de las materias primas y del crecimiento de aquellos países. El Nasdaq, en cambio, es un índice tecnológico que agrupa a las grandes empresas digitales, no tan afectadas por el virus o que incluso se benefician de su presencia. Y está en un país que protege a su tejido productivo en lugar de vilipendiarlo. Vamos, que se parecen lo que un huevo a una castaña.

Hace tiempo que no son los gestores o los fondos concretos quienes marcan la diferencia en rentabilidad, son las diferencias sectoriales y geográficas. Y eso no sólo no va a cambiar sino que irá a más. El coronavirus es un generador de desigualdad entre países y sectores.

En los países avanzados hace tiempo que la mayor parte de los inversores utiliza ETFs a la hora de apostar por determinados sectores, subsectores y países. Son instrumentos de inversión colectiva que en muchos casos tienen más partícipes que los mayores fondos tradicionales. Sólo hay un organismo en el mundo que no los considera fondos de inversión: el ministerio de hacienda español. Y esa discriminación, que casualmente beneficia a los distribuidores (bancos, sociedades de valores, asesores no independientes) porque las comisiones de los ETF son bajísimas, hace que en España se utilicen mucho menos que en otros países.

Conviene darle una segunda vuelta al asunto, porque la única desventaja que tienen los ETF frente a los fondos tradicionales es la fiscal y a partir de ahí todo son ventajas. Especialmente en este nuevo y desigual escenario de mercado.

Pero antes, un “disclaimer” dirigido a las malas lenguas: Nextep, la empresa que dirijo ayuda a diseñar tanto carteras de fondos tradicionales como de ETF. Y como asesores independientes que somos no cobramos comisiones de ninguno. Así que no tengo especial interés en promocionar uno u otro tipo de producto.

Aclarado esto, veamos: ¿cuáles son esas ventajas de los ETF, que pueden llegar incluso a compensar que con los fondos de inversión tradicionales podamos retrasar el pago de impuestos?

La primera está muy de actualidad y es la agilidad. Al ser fondos que cotizan se compran y se venden en bolsa, es decir, en minutos. Y no lo digo porque sirvan para especular - que también - sino porque permiten reaccionar rápido ante cambios importantes en el mercado.

Imagínense una situación como la que hemos vivido con el coronavirus. Cuando parecía que se iba a quedar en un problema asiático como ocurrió con el SARS va y brota en el norte de Italia y se derrumban las bolsas en dos días. Con un fondo de inversión tradicional nos habríamos comido gran parte de esa caída aunque vendiéramos, porque pasa un tiempo considerable desde que se da la orden hasta que se vende el fondo. Con un ETF la salida del mercado es inmediata. Y lo mismo a la inversa.

Otra ventaja son las comisiones. Sobre todo si se invierten cantidades importantes, porque muchos intermediarios cobran una tarifa plana muy reducida. Y cuando es un porcentaje es muy bajo. Así, como la comisión de gestión del ETF suele ser un 80 % más baja que la del fondo tradicional, el conjunto es muy atractivo desde el punto de vista de los costes.

Pero para mi el atractivo mayor es que permite centrar el tiro y dar en el blanco. Quien haya invertido, por ejemplo, en el sector salud, en robótica, en la venta online, en biotecnología, en tecnología en general, en determinadas mega tendencias o ciertos países, en todos ellos este año lo ha hecho mucho mejor que quien se ha quedado en los típicos fondos de gestión teóricamente activa que invierten en el Ibex o el Eurostoxx.

Son diferencias abismales, de dos dígitos. Y van a seguir siéndolo. Como ha ocurrido entre el Ibex y el Nasdaq. Lo que ha pasado este año lleva pasando a lo largo de los diez últimos años y no va a cambiar por el coronavirus, sino todo lo contrario.

Aunque ahora hay ETF para absolutamente todo tipo de activos, la filosofía inicial era crear cestas de valores. Agruparlos en una cesta para poner en práctica de forma sencilla una determinada idea de inversión. Esa filosofía sigue en pie y permite, por ejemplo, hacer una inversión específica con visión a largo plazo en aerolíneas, en hoteles o en casinos. También estamos viendo como en el mundo analógico, concretamente en la distribución, se está produciendo una enorme diferencia de resultados entre las grandes cadenas con buenos servicios online y el resto. En fin, las diferencias a nivel micro sectorial van a ser enormes y el ETF es el vehículo que permite aprovecharlas de forma sencilla y barata, es decir, eficiente.

Lógicamente en España hay muchas más limitaciones que en Estados Unidos, donde todo lo descrito anteriormente es perfectamente posible, pero aún así trabajando con un par de plataformas punteras se puede llegar a apostar por sectores y subsectores muy concretos. Por los que mejor han funcionado este año, sin ir más lejos.

Otra ventaja del ETF es que permite una cobertura muy rápida de la cartera de fondos tradicionales. Si tenemos ambas – son carteras complementarias, no excluyentes - y vienen mal dadas, podemos ponernos inmediatamente híper defensivos en la cartera de ETF, o incluso incorporar productos que apuesten contra el mercado, de forma que en unos minutos habremos cubierto nuestra cartera conjunta fondos/ETF.

Moraleja: los impuestos son importantes, pero es más importante la rentabilidad. Es mejor pagar más si ganamos más que pagar menos porque ganamos poco o nada. En este sector llegamos a veces a situaciones realmente surrealistas por no pagar impuestos y la más surrealista de todas es aquella en que la tranquilidad fiscal viene dada por la ausencia de beneficios. Además, mientras mantengas un ETF en cartera y no lo vendas tampoco pagas impuestos. Nada como comprarlo en una caída del mercado y mantenerlo hasta que la legislación le haga justicia. O cuando los distribuidores consideren que es una buena fuente de ganar dinero. Probablemente coincidirán – casualmente - ambas cosas. Pero de eso hablaremos otro día.

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