Contador a cero en las bolsas

Los europeos van camino de resetear, aunque les cuesta más por la falta de visión de sus líderes con sus excesos burocráticos y regulatorios

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Cuando hace tiempo me preguntaban por qué estaba tan seguro de que los principales índices bursátiles volverían relativamente pronto a donde estaban antes del coronavirus, respondía con un ejemplo. Sugería imaginar una fábrica del sector alimentario donde, de repente, en una revisión de rutina se descubriera una bacteria maligna en el proceso de producción. Obviamente las autoridades cerrarían la fábrica y se pondrían a solucionar el problema en colaboración con los dueños (“No se han acabado las oportunidades”, del 5 de Abril).

Imaginemos que mientras tanto a la empresa se le facilitan créditos blandos avalados por el Estado con vencimiento a muy largo plazo, para que mantenga en perfecto estado de funcionamiento la fábrica hasta que se solucione el problema. Y que los empleados quedan cubiertos mediante uno de esos famosos ERTE, a la espera de volver al trabajo.

Supongamos, finalmente, que al cabo de un año el ministerio de sanidad localiza al bicho, lo mata y la fábrica vuelve a abrir y a vender más o menos lo mismo que antes. La pregunta que hacía era ¿cuánto vale la fábrica una vez reabierta un año después? Mi respuesta era que vale lo mismo que antes.

Ciertamente ahora carga con el peso de una deuda mayor, pero mientras esa deuda sea a tipo cero o casi cero, los costes de financiación son poco significativos. El problema será de la siguiente generación de propietarios, que es la que tendrá que devolver el dinero, pues hablamos de créditos con vencimiento a muchos años vista. En la práctica, en el corto e incluso medio plazo, la fábrica vale más o menos lo mismo que antes, porque si se valoran los flujos de caja a corto y medio plazo no serán muy distintos a los que había antes de la bacteria. Insisto en que no se paga nada o casi nada por el servicio de la deuda (intereses). Otra cosa será si suben los tipos de interés, pero ese ya sería otro escenario distinto al actual.

Sustituyan ahora “fábrica” por economía global y entenderán porqué recomendaba no vender a quien estuviera invertido y comprar al que no lo estuviera, una vez se vio que era posible encontrar una vacuna en un plazo razonable.

En cuanto al problema de la deuda, será un problema para nuestros hijos y nuestros nietos. La jugada es un tanto mezquina, pero funciona: con la ayuda de los bancos centrales se mantienen los tipos a cero, “cero coma” o incluso negativos, para que la generación actual no sufra el aumento de la deuda. Y de paso se evita que voten a un partido distinto al que está en el gobierno.

[Consulte aquí los principales índices]

Ahora bien, solo podemos afirmar que la fábrica vale lo mismo en el momento en el que se produce la reapertura, porque a partir de ahí se pone el contador a cero y puede ocurrir que la fábrica venda lo mismo, que venda más o que venda menos.

Los índices norteamericanos ya pusieron el contador a cero e incluso han superado los niveles en los que estaban antes de la llegada del virus. Los europeos van camino de resetear, aunque les cuesta más por la falta de visión de sus líderes que, con sus excesos burocráticos y regulatorios han dejado a la Eurozona muy alejada del liderazgo digital, el sector más beneficiado en la economía COVID-19.

Que los mercados volverían a donde estaban si se conseguía una vacuna o tratamiento en un plazo razonable era relativamente fácil de predecir, como insistí a los clientes de Nextep y afirmé desde estas mismas páginas en casi todos los artículos que publiqué entre marzo y junio (“Tocando fondo en el mercado” del dos de Abril, es un buen ejemplo). Lo realmente difícil llega ahora: ¿venderá lo mismo la fábrica cuando vuelva a la normalidad? ¿venderá menos? ¿y si, con a alegría de volver al trabajo, va y vende más?

Además, a partir de ahora el análisis debe dividir la “fábrica” en distintos departamentos, en este caso países. La distribución de activos por países va a marcar la rentabilidad de las carteras de fondos y nuestro análisis tiene ya en cuenta los siguientes aspectos: (1) impacto en la estructura económica del país de la distancia social, (2) recursos para y voluntad de cuidar su tejido productivo durante el confinamiento y la “convalecencia” o recuperación, (3) cuentas públicas que permitan emitir deuda a bajo coste o a ser posible negativo y (4) participación en la revolución digital. También va a ser muy importante que se trate de países que tengan un buen sistema sanitario, porque con un sistema sanitario potente es más fácil hacer frente a los rebrotes. Y, finalmente y como siempre, será importante tener o no tener dinero. Los países ricos comprarán antes y en mayor cantidad las vacunas necesarias para que la población pierda el miedo y su recuperación económica será más rápida.

Vamos a un mundo todavía más desigual que antes del virus. Como inversores querremos estar en los países que saldrán antes y mejor del agujero, entre otras cosas porque vamos a tener que gestionar muy bien nuestros ahorros si queremos ayudar a nuestros hijos y nietos a hacer frente al “marrón” que les vamos a dejar en forma de todo tipo de deudas, hayan sido para hacer frente a la COVID, a la crisis financiera o simplemente a la incompetencia de los políticos de esta época que nos ha tocado vivir.

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