No será un año para la gestión pasiva de carteras
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Víctor Alvargonzález

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No será un año para la gestión pasiva de carteras

Creo que este año, por fin, algunos gestores de fondos justificarán su comisión de gestión

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Una cosa es la gestión pasiva de carteras y otra la gestión pasiva de fondos. Gestión pasiva de carteras significa que das un poder y tu dinero se invierte imitando la composición de un gran índice global, normalmente el MSCI World pero a veces también se utiliza el S&P 500. En realidad no debería llamarse cartera “gestionada” puesto que se gestiona poco, ya que sólo se producen pequeñas variaciones o ajustes sobre la composición del índice y listo. Sería más adecuado llamarla cartera “matizada” o “ajustada”.

Cuando se habla de gestión pasiva de fondos también estamos hablando de seguir a un índice, pero quienes siguen al índice son los fondos que componen la cartera gestionada - o asesorada -, no la cartera en sí. La cartera puede tener muchos fondos y no tienen porque reflejar la composición de un gran índice. Por ejemplo: podemos tener una cartera gestionada en la que se le da un peso especial a Japón, China o Alemania, pero que se utilicen fondos indexados de índices de esos países. Pero la cartera está realmente gestionada, puesto que se toman riesgos y se realizan apuestas por países o sectores. Si se utilizan fondos indexados es porque normalmente son mucho más baratos que los fondos de gestión activa.

En 2020, las carteras que se han limitado a seguir con pequeñas variaciones la evolución de un índice global – gestión pasiva de carteras - han funcionado bastante bien porque han funcionado bien los índices globales. Ahora bien, una cartera realmente gestionada en la que, por ejemplo, se haya sobre ponderado China en lo referente a países y la tecnología en lo referente a sectores lo habrá hecho mucho mejor (utilizara o no fondos indexados).

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Pero si este año lo ha hecho mejor una cartera gestionada que haya acertado dándole más peso a determinados países y sectores, el año que viene la diferencia puede ser mucho mayor.

Para que eso ocurra bastará con que se produzcan dos cosas: una, que vuelva a haber países, sectores o zonas geográficas que lo hagan mejor que Estados Unidos, que supone más del 50 % del índice global. Dos, que empiece a salir de su letargo la gestión activa de fondos, es decir, que en lugar de ser solo un 10 % los gestores capaces de superar a sus índices, la cifra aumente a, por ejemplo, el 20 % (no es imposible, hace 15 años era incluso el 30%)

Veámoslo con un ejemplo. Si Japón, China y, por ejemplo, Alemania, lo hicieran mejor que Estados Unidos, se generaría un extra de rentabilidad en aquellas carteras en las que se apueste por esos países (extra de rentabilidad que técnicamente se denomina “alfa”). Pero si, además, hubiera sectores que lo hicieran mejor que los grandes índices también se generaría un segundo alfa, en este caso sectorial.

Pero lo que realmente dispararía la diferencia es una cartera cuya gestión es pasiva y una cartera cuya gestión es activa sería que los gestores de fondos – de fondos, no de carteras - que dicen hacer gestión activa fueran capaces de generar alfa en sus fondos. Esto último es más difícil que ocurra, pero si al alfa sectorial y por países se uniera el de los gestores, una cartera que se limite a seguir a un índice global se quedaría muy por detrás de una cartera realmente gestionada. Así que voy a decirles porqué creo que este año, por fin, algunos gestores de fondos justificarán su comisión de gestión.

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El motivo es la rotación. Si alguien piensa que vamos a pasar de una economía de confinamiento a una economía normal y que eso no se va a notar sectorialmente o en valores concretos está dándole la espalda a la realidad. Y esa rotación también afecta a los llamados estilos de gestión. Ojo, esto no significa que algunos fondos que son auténticos “talibanes” del estilo de gestión de valor no sigan quedándose atrás, porque la superación de la pandemia no significa que desaparezcan todos los problemas de las empresas “value”. Pero hay muchas cuyo único problema ha sido el coronavirus.

El segundo es factor geográfico. Como he dicho muchas veces el coronavirus ha sido el mejor agente comercial de la revolución digital, lo que beneficia a las economías líderes en la misma. Ahora bien y por poner otro ejemplo, el día que muchos gestores se den cuenta de que se acabó la fiesta de la renta fija y que los bonos ya no suben y además no pagan cupón, irán buscando como locos un buen dividendo y el buen dividendo y, sobre todo, el dividendo consistente en el tiempo, no es tanto una cuestión geográfica como una cuestión empresarial.

Hay otro ejemplo donde los gestores que tratan de ganarse el sueldo pueden generar alfa. Son las llamadas empresas de calidad. Aunque el mercado se ha recuperado mucho en este tipo de compañías, algunas están todavía muy lejos de sus máximos.

Incorporar fondos de gestión activa a las carteras no tiene porque suponer un coste mayor que si se utilizan fondos indexados. Afortunadamente, en España empieza a haber entidades que ofrecen las llamadas clases limpias, es decir, participaciones en fondos de gestión activa pero con una comisión mucho más baja. Esto es posible simple y llanamente porque las comisiones que aplicaban la mayoría de los distribuidores -bancos, sociedades y agencias de valores y asesores no independientes - son tan exageradamente altas que a los nuevos jugadores les ha bastado reducir un poco su margen para aumentar su volumen de distribución y aún así seguir ganando.

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