La inexplicable fortaleza del euro
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Víctor Alvargonzález

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La inexplicable fortaleza del euro

Si el BCE está contra las cuerdas, terreno abonado para ponerse corto en euros

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(Reuters)

Si hay algo que choca actualmente con la teoría económica es que el euro se mantenga fuerte frente al dólar. ¿Cómo es posible, cuando la economía norteamericana está aguantando mucho mejor la pandemia y la administración Biden se va a gastar más dinero que Europa en relanzarla?

En EEUU el último índice de actividad (PMI) del sector de manufacturas se encuentra en máximos (59,1). Un record en plena pandemia. El de servicios está en 57,5, muy cerca de los máximos previos a la pandemia. ¿Y en Europa? El de manufacturas es claramente inferior - 54,5 - pero es que el de servicios está en 45, es decir, 12,5 puntos por debajo del norteamericano. Y recordemos que en una economía avanzada quien más aporta al PIB es el sector servicios.

Se utilice el dato que se utilice la conclusión sería la misma: la economía norteamericana bate por goleada a la europea durante la pandemia, ya lo hacía antes de la pandemia y con toda seguridad lo hará cuando acabe. Y lo hará porque las previsiones de estímulo en Norteamérica ya superan a la europeas. Además de los estímulos y ayudas, Biden ha anunciado un plan de 1,3 billones de dólares en infraestructuras, pero también hay una cuestión estructural: una economía dinámica y digitalizada como la norteamericana lo hará siempre mejor que una economía burocrática, híper regulada e infra digitalizada como es la europea. Analizados los hechos todavía resulta realmente extraño que el euro esté tan fuerte en su relación de cambio con el dólar.

El motivo hay que buscarlo probablemente en el funcionamiento de los mercados, especialmente en las particularidades del mercado de divisas.

Foto: La presidenta del BCE, Christine Lagarde, en una comparecencia. (Reuters)

En Europa la lluvia de la pandemia cae sobre el charco de la euro esclerosis. Para que el Banco Central Europeo (BCE) pudiera frenar el proceso deflacionista que genera esta mezcla, proceso que se ha agravado por los nuevos confinamientos y limitaciones a la movilidad, tendría que bajar tanto los tipos de interés oficiales que, en la práctica, es imposible hacerlo. O dicho de otra manera: con el nivel de deflación en el que se encuentra la eurozona y el que va camino de tener a corto plazo, incluso siendo negativos sus tipos resultan demasiado altos en términos relativos (en relación con el agujero deflacionista al que se dirige). Y el BCE no tiene espacio para bajarlos mucho más.

Si ya es una distorsión económica brutal que países como España o Italia cobren por prestar dinero cuando sus cuentas nunca han sido peores y su deuda mayor, o que haya que pagar por tener dinero en el banco, imagínense el grado de perversión financiera al que podríamos llegar si los tipos de interés - los oficiales y los del mercado de bonos - bajaran todo lo que sería necesario que bajaran para poder compensar la presión deflacionista en la euro esclerótica y confinada Europa. Se frenaría la subida del euro, pero se crearía un problema mucho mayor.

Christine Lagarde no puede bajar mucho más los tipos de interés porque le crearía un problema gravísimo a la banca y tampoco puede triplicar sus compras de bonos si no quiere crear la madre de todas las burbujas. Y que se rebelen los países del norte de Europa y gran parte de sus contribuyentes y pensionistas. Tiene las manos atadas y los 'traders' de divisas huelen “sangre” – metafóricamente hablando - y ahí es cuando entra en juego el negocio de la especulación: si el BCE está contra las cuerdas, terreno abonado para ponerse corto en euros.

Lo suyo es que esta fortaleza del euro, que no lo es solo frente al dólar sino también frente a la libra esterlina y bastantes divisas de países emergentes, sea temporal. No solo por su falta de lógica económica, sino porque la deflación se frenará con la normalización. Pero en el corto plazo, recuerden que las fuerzas del mercado son poderosas. Permítanme recordarles que un solo especulador rompió el ERM (“Exchange Rate Mechanism”) europeo, germen del actual euro. Y lo hizo poniéndose corto en una de sus divisas (la libra). Se llamaba George Soros y aparte de hacer una fortuna ha quedado como ejemplo de hasta qué punto el mercado puede influir en la cotización de las divisas.

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