Se acabó la represión financiera. Ahora toca espabilarse
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Víctor Alvargonzález

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Se acabó la represión financiera. Ahora toca espabilarse

En el mejor de los casos, los fondos de renta fija de medio y largo plazo solo perderán ligeramente. En el peor pueden tirarse años perdiendo valor

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En realidad la mal llamada “represión financiera” fue un auténtico “maná” para los ahorradores. Quien calificó de “represión” la bajada de los tipos de interés ignoraba que, hoy en día, la mayoría tiene su dinero en fondos de inversión y planes de pensiones de renta fija, cuyo valor aumenta cuando bajan los tipos de interés. Además, la bajada de tipos también beneficia al sector inmobiliario, el otro destino prioritario del ahorro más conservador.

Todo ahorrador que durante los últimos treinta años haya tenido su dinero en fondos de inversión y planes de pensiones de renta fija ha visto como estos se revalorizaban un año sí y otro también, gracias a la bajada de los tipos de interés de los bonos (que es lo que tienen en cartera los fondos de inversión y planes de pensiones de renta fija).

¿Y porqué sube el valor de los bonos cuando caen los tipos de interés? Se lo explicaré con un ejemplo: imagínese que compra un bono que da un 3% anual y que vence en 10 años. Imagínese a continuación que, seis meses después, han bajado los tipos de interés del mercado y un bono similar al suyo, con vencimiento también a 10 años, solo ofrece un 2%. Usted tiene un bono que le paga un 3% anual, cuando uno muy parecido, que solo tiene seis meses de diferencia en el vencimiento, ofrece un 2%. Lógicamente el suyo vale más, porque da un cupón superior (y la diferencia en cuanto al vencimiento es de solo seis meses).

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Imagínense la “represión” que han tenido que sufrir los ahorradores de fondos de inversión y planes de pensiones de renta fija cuando, por ejemplo, el bono español con vencimiento a diez años ha pasado de un tipo de interés del 10% a finales de los años 80 al 0,35% actual. Y así el resto de bonos europeos, norteamericanos etc. Bendita represión.

Hasta que llegó la pandemia. Y luego la vacuna.

Para hacer frente a la pandemia los bancos centrales han inundado literalmente de liquidez el sistema. Y los gobiernos de muchos países han hecho llegar dinero a sus ciudadanos. Incluso directamente y por cheque en el caso de Norteamérica.

La consecuencia es que la oferta monetaria mundial, es decir, el dinero en manos del público (depósitos, cuentas corrientes y “cash”) es la mayor de la historia.

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Una oferta monetaria de este tamaño generará inflación cuando, gracias a la vacuna, se normalice la situación económica y una parte de esa enorme cantidad de dinero se dedique al consumo. No sabemos todavía cuánto ni que nivel de inflación, pero habrá un repunte. Además será sostenido, como consecuencia de los planes de estímulo económico, que también son de una magnitud desconocida hasta la fecha. Ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial. Se fabricaron muchos billetes y se pusieron en marcha grandes planes de estímulo económico. La inflación subió durante años. Ahora seguramente no suba tanto ni tanto tiempo, pero es muy probable que aumente.

Los inversores se han percatado de esto y han empezado a vender bonos para evitar perdidas. El proceso irá a más cuando los bancos centrales consideren que la economía puede caminar sola y no necesita que ellos sigan comprando bonos para inyectar liquidez. Seguirán subiendo los tipos en el mercado y se acabó lo de ganar un 5% anual en fondos de renta fija gracias a la bajada de los tipos de interés. En el mejor de los casos, los fondos de renta fija de medio y largo plazo solo perderán ligeramente. En el peor pueden tirarse años perdiendo valor.

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El ahorrador va a tener que espabilar. Si tienen dinero en cuenta corriente el banco le va a presionar para que compre productos de la casa, pero tendrá que elegir bien, porque los bancos no son buenos asesores sino buenos vendedores. Y dejar todo el dinero en cuenta corriente no es una buena idea a largo plazo. Especialmente si repunta la inflación, que se define precisamente como la pérdida del valor del dinero.

El que tiene fondos de renta fija de medio y largo plazo tendrá que pasar de inversor conservador – inversor “puro” de renta fija - a inversor moderado. La buena noticia es que eso es perfectamente factible. En el mundo de la inversión no es necesario pasar del vaso de leche al café solo, ya que existe el café con leche. Incluida esa versión española que se ajusta como un guante a la definición de una inversión moderada: el café “manchado”.

Un “café manchado” adecuado para la situación actual sería combinar dinero en cuenta corriente con una pequeña inversión en fondos de renta variable. Otra sería utilizar fondos de renta fija mixtos conservadores, que combinan renta fija con renta variable, pero donde la renta fija sea de corto y medio plazo, mucho menos sensible a la evolución de los tipos de interés.

Ningún asesor o gestor le recomendará tener dinero en cuenta, salvo que se trate de un asesor realmente independiente. En España casi todos los bancos, gestoras, sociedades de valores, agencias de valores y asesores no independientes viven de las comisiones que les ceden los “fabricantes” de los productos que recomiendan (o que compran para sus clientes). Pero el dinero en cuenta no genera comisión para el vendedor.

Dentro de unos meses me darán Uds. la razón: la represión financiera era maravillosa y la libertad financiera es mucho más dura. Requiere tomar decisiones, ciertos riesgos y resulta imprescindible contar con un buen asesoramiento. Pero hay que ser realista: puede pasar mucho tiempo hasta que vuelva la represión y mientras tanto hay que espabilarse. La buena noticia es que con un buen café también se puede hacer un buen “manchado”.

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